Teoría y revolución de mancha y azar: de Jackson Pollock y el Expresionismo Abstracto

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Por Sofía Gómez Robisco

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Con el término Expresionismo Abstracto se hace referencia a la nueva pintura que surge en Estados Unidos en la década de 1940 -aproximadamente entre 1942 y 1952-, destacando sobre todo en la ciudad de Nueva York.

 

Los principales miembros de esta nueva pintura son: Jackson Pollock, Willem de Kooning, Clyfford Still, Mark Rothko, Barnett Newman, Franz Kline, Philip Guston, Arshile Gorky, Robert Motherwell y Adolph Gottlieb. De entre estos y otros no mencionados habría que destacar a Pollock, De Kooning, Rothko y Newman.

 

La nueva pintura del Expresionismo Abstracto puede resumirse en una pintura no figurativa que evita las referencias a lo material. En una primera etapa destacaría una fuerte presencia de lo primitivo y sus mitos, siendo a partir de los años cuarenta, en una segunda etapa, cuando se eliminan las referencias figurativas, constituyéndose una pura ausencia de formas; es en este momento en el que habrá un aumento en el formato de los cuadros, que cada vez son de mayor tamaño.

 

Hay una urgencia persistente, tan persistente que es en parte inconsciente,

en ir más allá de la pintura de caballete, que está pensada únicamente para ocupar un sitio en la pared, hacia una especie de pintura que, sin identificarse realmente con la pared,

como el mural, se extienda sobre ella y reconozca su realidad física”.

(Clement Greenberg, en 1948)

 

Pero, en general, el Expresionismo Abstracto no podría entenderse sin una serie de influencias que marcarían su punto de partida y desarrollo. De entre dichas influencias es necesario destacar: la figura de Picasso; la escala ampliada del muralismo (que derivaría en los formatos de cada vez mayor tamaño); las pinturas coloreadas de las tribus indias del norte de Estados Unidos (lo que está en indiscutible relación con esa fuerza de lo primitivo que se vería en la primera etapa de esta nueva pintura); la emigración europea del Surrealismo, en especial en su vertiente menos figurativa, de donde se tomaría el automatismo psíquico (con un gran protagonismo de Roberto Mara, que trabajaría en Nueva York desde 1939), el azar en la obra así como el interés por las innovaciones formales.

 

“Siempre me han impresionado las calidades plásticas del arte de los indios de América.

Los indios se comportan como verdaderos pintores, por su aptitud para elegir las

imágenes apropiadas, y su comprensión de lo que hace el tema,

la materia de la pintura. Su color está esencialmente ligado al Oeste.

Pero su visión tiene la universalidad que está en la base de todo arte verdadero.

Algunos encuentran en tal o tal parte de mis pinturas referencias a la pintura y a la caligrafía de los indios de América. Esto no tiene nada de intencional, sino que resulta de recuerdos y entusiasmos muy antiguos”.

(Jackson Pollock)

 

Dentro de estas influencias se habla también de un inconsciente colectivo, lo que puede ponerse en relación con la consideración de aquellos críticos que dicen que el Expresionismo Abstracto está dotado de un auténtico carácter nacional americano, al considerar estereotipos de éste rasgos como la crudeza, el vigor o la grandeza que los críticos han atribuido durante años a las pinturas del Expresionismo Abstracto.

 

Por otro lado no hay que olvidar el contexto concreto en que nació este nuevo movimiento: en la URSS se estaba dando una notable desaparición de la vanguardia, así como en los países que se habían visto influenciados por ésta; Inglaterra daba tan sólo figuras puntuales; Alemania e Italia estaban profundamente destruidas por al guerra, careciendo por tanto de capacidad de desarrollar un arte innovador.

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El nombre de “Expresionismo Abstracto” fue, en realidad, un nombre dado por un crítico del New Yorker y no por alguno de los miembros del movimiento; no obstante, resume con bastante acierto los extremos que enmarcan este movimiento: desde la figuración más expresionista hasta la abstracción más pura.

 

“Action painting” o “pintura de acción” suele emplearse como sinónimo del “Expresionismo Abstracto”, sobre todo en relación con la figura de Pollock, en la que se profundizará más adelante. Al hablar de este tipo de pintura se hace necesario mencionar su énfasis sobre la acción corporal de pintar aplicando el color de un modo casi automático, en superficies de formatos cada vez más monumentales (clara herencia del muralismo mencionado más arriba), tomando el protagonismo el material y su aplicación por el artista y no tanto las formas.

 

Uno tras otro, los pintores americanos empezaron a ver el lienzo

como una arena en la que actuar en lugar de ser un espacio en el que se podían reproducir, volver a diseñar, analizar o ‘expresar’ un objeto ya fuera real o imaginario.

Lo que tenía que ir en el lienzo no era una imagen, sino un acontecimiento”.

(Harold Rosenberg, en 1952)

 

Ya se hable de “Expresionismo Abstracto” o de “action painting”, hay un tercer apelativo: “Escuela de Nueva York”, que, aunque respetada, es la denominación que menos describe el movimiento en sí. No obstante, también se habla de la Escuela de Nueva York como un conjunto de artistas más amplio que los que participaron del Expresionismo Abstracto, aunque de ella formaron parte la mayoría de los artistas vinculados a éste, Jackson Pollock entre ellos. Esta escuela estaba, sin duda, fuertemente ligada al automatismo surrealista, ya mencionado.

 

El Expresionismo Abstracto supuso un verdadero acontecimiento revolucionario, en el que Jackson Pollock es considerado su héroe. Pollock gozó de una extraordinaria capacidad para ser al mismo tiempo sorprendente y verdaderamente complejo por dentro. Su vida y obra ha dado lugar a tantas interpretaciones que ha sido no pocas veces malinterpretado. En este sentido cabe mencionar el intento notable de estereotipar a Pollock y su pintura, llegándose a considerar un personaje agresivo, inquietante, “salvaje”, ese artista al tiempo atormentado y genial. Como al resto de artistas de la nueva pintura de la que venimos hablando, el tiempo, la identidad y su relación con el mundo resultaba algo fundamental. Artistas imbuidos en los más puros estereotipos románticos y protagonistas de un indiscutible estilo de vida bohemio, con gran entrega a la bebida; así, la mayor parte de sus vidas fueron auténticos dramas que, sin duda, condicionaron su arte.

 

“La expresión de la neurosis que es nuestra realidad”.

(Adolph Gottlieb, en 1947)

 

Jackson Pollock (1912-1956) es una figura clave dentro del Expresionismo Abstracto, no sólo por sus obras en sí, sino por su total trayectoria, vital y artística, que bien puede ponerse en paralelo con el desarrollo de esta nueva pintura.

 

Durante su infancia y adolescencia vivió habituales cambios de hogar, debido a las circunstancias económicas de la familia, viviendo sobre todo entre Arizona y California, hasta 1929, año en que se trasladó a Nueva York para estudiar en el Art Students League, aunque su formación artística ya había comenzado unos años antes al entrar en el Manual Arts High School, en Los Ángeles. Fue en sus años de formación en Nueva York cuando conoció a muralistas mexicanos (lo que puede ponerse en paralelo con la influencia, en el Expresionismo Abstracto en general, del gran formato de la muralística). Sus primera obras eran más tendentes a la figuración, la expresión, con marcado cromatismo y valores matéricos. Fue en torno a 1938 cuando su obra comenzó a inclinarse hacia la abstracción, en lo que tuvo mucho que ver la influencia del primitivismo, ya mencionado.

 

En 1939 conoció a Lee Krasner, con la que se casaría en 1945. Krasner fue una figura muy importante en la vida de Pollock, dejando en gran medida de lado su pintura (pues también era pintora) para entregarse al éxito de éste.

 

Pero, volviendo a Pollock, el verdadero punto de inflexión -si hubiera que marcar alguno-, sería el año 1947, siendo decisivo en su trayectoria pues, entre esta fecha y 1951 realizó sus obras más características, conocidas y mitificadas. Abandonó el caballete y los pinceles dejaron de tocar el lienzo, dejando gotear la pintura (es lo que se conoce como dripping). En estas obras hay un marcado protagonismo del proceso de creación, la emoción y vitalidad durante la realización de la obra. La realización de una pintura es como un ritual, como un diálogo entre la obra misma y el artista. Con una de estas pinturas de Pollock podremos entender, mejor que nunca, lo que suponía la “action painting” y por ende el Expresionismo Abstracto.

 

“Mi pintura no nace en el caballete. Casi nunca, antes de comenzar a pintar, se me ocurre extender la tela sobre el bastidor. Sobre el suelo me siento más a gusto, más cerca, más parte del cuadro; puedo caminar en torno suyo, trabajar por cuatro lados distintos, estar literalmente dentro del cuadro. Es un poco el método usado por ciertos indios del oeste que pintan con arena. Cuando estoy dentro del cuadro no me doy cuenta de lo que estoy haciendo. Sólo después de cierto periodo, empeñado, digámoslo así, en trabar conocimiento, consigo ver qué dirección he tomado. Y no tento miedo de hacer cambios, ni siquiera de destruir la imagen, porque sé que el cuadro tiene una vida propia y yo trato de sacarla afuera. Solamente cuando pierdo contacto con la tela el resultado es un desastre. De otro modo se establece un estado de pura armonía, de espontánea reciprocidad, y la obra sale bien”.

(Jackson Pollock)

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