Un paisaje de cenizas, de Élisabeth Gille

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Por José R Cortés Criado.

Un paisaje de cenizas

Élisabeth Gille

Nocturna Ediciones

66Élisabeth Gille, narra una historia dura e inquietante envuelta en un halo de ternura que te sobrecoge desde su inicio y te mantiene alerta durante todas sus páginas.

Se novela la vida de Léa Levy, una niña de cinco años que es entregada, por un miliciano de la resistencia francesa, a la custodia de un internado religioso cuando sus progenitores fueron deportados de Burdeos hasta Auschwitz.

La pequeña es obstinada, desobediente, orgullosa y solo desea que sus padres vuelvan a recogerla de aquel lugar triste y pobre donde está recluida, donde no se siente bien y solo halla el consuelo que le ofrece otra niña dos años mayor, Bénédicte.

Ella desconoce el destino de sus padres, tampoco lo saben las monjas, solo conocen su origen e intentan borrarlo para preservarla de los nazis,  Léa se empecina en no seguir las normas, pero, dada su inteligencia, sabe adaptarse y sobrevivir en aquel ambiente duro y sobrecogedor.

Acabada la guerra la monja que la acogió y ella se desplazaron a Paris para buscar a su familia y así devolverla a su hogar, pero no encontraron a ningún pariente, nadie sabía nada de sus padres ni de su familia, eran judíos, acomodados, de origen ruso, pero nunca más se supo de ellos y la pequeña Léa quedó huérfana de familia.

Por avatares de la vida, fue acogida por los padres de su amiga Bénédicte y siempre vivió pegada a ella como único recuerdo infantil y salvaguarda de su destino. La niña, adolecente y joven Léa vive sin vivir, no desea nada en este mundo, se siente muerta, y es tal su desarraigo que llega a no querer ser judía, ni de origen ruso, nada le llama la atención ni le preocupa, salvo mantener el recuerdo de la masacre que perpetraron los nazis y la pesadilla de no saber por qué nadie hizo nada para parar aquella barbaridad.

El problema fundamental de la protagonista es la falta de recuerdos de sus padres; sabe que eran elegantes, que tenían dinero, una buena casa, una niñera… pero poco a poco se le desdibuja la silueta de ambos y, ese dolor es el que la hace renegar de todo lo que la rodea y no tener una infancia como otras de sus compañeras.

La dureza de la guerra marca a cualquiera que la padezca, seguramente que existan muchas niñas como Léa, pero esta no se te olvida fácilmente después de acabar la lectura de este libro íntegro y sosegado, creo que escrito desde la distancia y con los recuerdos apaciguados, una vez que la autora alcanzó una paz interior desconocido en otros momentos de su vida.

Esta dura historia refleja vivencias de su autora. Élisabeth Gille, nacida en 1937, es hija de la novelista Irène Némirovsky y del banquero de origen ruso Michel Epstein, que fueron deportados a Auschwitz en 1942, de donde no retornaron jamás.

Élisabeth y su hermana Denise sobrevivieron escondiéndose en Burdeos y en 1945 se desplazaron a Paris en busca de sus padres, los buscaron infructuosamente; al final el editor Albin Michel se hizo cargo de las niñas.

Ambas tenían un cuaderno donde anotaron cuanto les sucedió, sesenta años más tarde vieron la luz con el título Suite francesa; en su prólogo se narran los sucesos que vivieron las dos hermanas tras la ausencia de sus padres.

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