‘Palmeras de la brisa rápida’ y ‘La alternativa’: conocer el sur de México

Por Ricardo Martínez Llorca

Palmeras de la brisa rápida

Juan Villoro

Altaïr

Barcelona, 2016

186 páginas

 

La alternativa. Perspectivas y posibilidades de cambio

Luis Villoro

Incluye correspondencia con el Subcomandante Marcos

Fondo de Cultura Económica

México, 2015

142 páginas

palmeras brisa rapida

“Parece imposible que el mundo real sea esa deriva”. La cita está trucada. En el libro aparece con bastante texto por delante y una coda a continuación. Es parte de una frase más larga, con sus subordinadas a coro y los tonos de la excelente prosa de Juan Villoro (Mexico D.F., 1956). Pero sirve para definir el viaje. O sientes que parece imposible que el mundo real sea la deriva a la que asistes, o no has viajado. O el hecho de que el mundo real sea esta deriva, este viento, te hace desencajar la mandíbula, o no has vivido. Para saber viajar y para saber vivir hay que estar dispuesto a la gracia y al llanto, pero sobre todo a reconocer una sorpresa en cada segundo, hasta en el vuelo de una mosca chocando contra el cristal, esa misma tozudez que tantas veces contemplaste y que no deja de dejarte atónito. Con ese espíritu se embarca Juan Villoro en su viaje a la península de Yucatán, un destino que le coloca en la media distancia: será extranjero al tiempo que será autóctono.

El libro se abre con un prólogo que narra el origen emocional del viaje, el relato de una abuela tan original como divergente. “La vida no acierta a terminar”, afirmaba su abuela; y Villoro se propone conocer de dónde vino esa vida. Su ojo viajero es equidistante casi más por obligación que por devoción, como si se debiera al registro literario y eso le impidiera entrar más en lo local en lo que diferencia Yucatán, y sobre todo Mérida, de la capital mexicana. Esa distancia le permite no idealizar, pero esa forma de conocimiento, a través de las conversaciones que escucha en las cafeterías y restaurantes, le permite reproducir el sabor de lo real de una tierra en la que un día asistes a un combate de lucha libre protagonizado por El Hijo del Santo, y al siguiente visitas una maquiladora donde las puntadas de ropa se cuenta a millón por minuto y los salarios a real por millón. Villoro entiende que este Yucatán a lo que más se asemeja es a un bazar, desde las playas y los hoteles a las hermosas ciudades coloniales rodeadas de horribles talleres mecánicos y villas de trabajadores con calles de barro y techos de hojalata. De alguna manera, ve casi lo que cualquiera podría ver, pero sabe cómo mirar antes de atreverse a describir. Porque su mirada no es la de cualquiera, es la de un hombre lleno de metáfora, de sol, de color y pegada a los detalles que abren el mundo.

El viaje de Villoro es un viaje realista, porque nada hay más real que los “personajes que se fugan en la memoria y desaparecen sin dejar más rastro que una fotografía”. Esa fuga le lleva a escribir el desencanto pero con aceptación; la decadencia, por ejemplo, de los últimos mayas abocados a la modernización, sin mostrar rencores por aquellos que ya creen que son solamente campesinos y no herederos de algo que pudo ser cruel, pero también fue místico. Y así va enlazando episodios en un libro de viajes fragmentado. Villoro nos ahorra la fatiga de enlazar cada episodio de interés con esos interminables paseos en autobús o discusiones con taxistas o búsquedas de hotel. Esa parte enunciaría el viaje, pero no aportaría nada a las conclusiones que extraemos leyéndole, unas conclusiones que gracias a su escritura sacamos con los cinco sentidos.

la alternativa

Palmeras de la brisa rápida coincide en librerías con el ensayo La alternativa. Perspectivas y posibilidades de cambio. Aquí otro Villoro, Juan (Barcelona, 1922 – México D.F., 2014) doctor en filosofía por la UNAM, se muestra como un gran divulgador y analista político. Revolución, democracia, pluralidad, proyecto, son los apartados en los que divide su visión de aquello que debemos revisar tras la sacudida a las conciencias que supuso la aparición del EZLN en Yucatán y Chiapas. De ahí que se incluyan las cartas que cruzó con el Subcomandante Marcos. Y que sea inevitable pegar la idea de política a la de ética. No puede existir un gobierno, o una actuación de la polis sin gobierno, carente de ética. Porque cada movimiento afectará a la moral de los hombres, a su ansia individualista o a la formación de estructuras autoritarias.

Villoro nos introduce en la política contemporánea mexicana, a partir de la afectación a la región defendida por el EZLN, a su integración o marginación. Porque eso es lo que suponen los movimientos indígenas, una reflexión ética bipolar, una demanda de atención a las diferencias y a las igualdades entre hombres. Y, por encima de todo, una reivindicación de un modo de vivir más justo. En este caso, la alternativa propuesta se basa en modelos de autogestión que podríamos calificar como de socialismo libertario. Algo que ahí sigue, vigente en ciertos bosques y montes del sur de México. Este libro es una obra abierta a discusión que se mueve entre el ensayo, la bitácora de apuntes personales y la epístola. Es un documento histórico que, confrontado a Palmeras de la brisa rápida, enriquece el debate: por un lado están las ideas, que Juan Villoro defendió desde postulados de izquierdas, y por otro ese puro libro de viajes, ese contacto directo, esa literatura de alto calado de Juan Villoro.

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