La propaganda cinematográfica del Estado Islámico

 

Por José Manuel Jiménez Vilaseco.

En el libro Gestión de la barbarie, reconocido referente teórico para los dirigentes del autoproclamado Estado Islámico (EI), Abu Bakr Naji prescribe el uso de las imágenes de los atentados planificados en el mundo para “romper el engañoso halo mediático y cinematográfico que viene de Estados Unidos”. En la misma obra, el autor llama a una guerra de imágenes contra Occidente, a quitar el poder de impacto y de creación de imaginarios a la maquinaria hollywoodiense y occidental. La carrera por la conquista del relato audiovisual emprendida por ISIS no solo comprende un estratégico manejo de las redes sociales sino la creación de cuantos productos audiovisuales sean posibles. Mensajes, fotografías, revistas, videos informativos, videojuegos y películas son distribuidos desde la proclamación del califato por parte de Abú Bakr Al Bahdadi. Tanto es así que ISIS no sólo cuenta con un gabinete que se encarga de los asuntos militares, las finanzas, la seguridad o la aplicación de la más estricta sharía (ley islámica), sino que también tiene uno dedicado a las comunicaciones y la propaganda.

Pero si hay algo que ha llamado la atención en la expansión de la propaganda yihadista llevada a cabo por el EI es el salto cualitativo que han dado sus producciones audiovisuales. Hemos pasado de aquellos planos estáticos de un busto parlante grabados con un sonido de mala calidad y una estética poco cuidada con los que Bin Laden y su tropa amenazaban a sus enemigos a, por otra parte, el uso creativo y técnicamente avanzado que ISIS pone en práctica con piezas que son verdaderas obras de ficción al más puro estilo Hollywood. Los terroristas buscan el impacto del blockbuster de alta producción, un uso propagandístico que llega hasta el punto de usar algún vídeo como el tráiler de una película mayor, tomando prestado el lenguaje de marketing del cine.

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La escalada en los valores de producción tiene que ver con la necesaria existencia de figuras profesionales para llevar a cabo un producto audiovisual. Su elaborada puesta en escena pone de manifiesto la presencia de guionistas, realizadores, cámaras, editores, sonidistas, todos componentes de un equipo profesional de rodaje. Los gráficos de muchos de los vídeos también delatan la presencia de expertos del diseño gráfico. Del mismo modo, podemos observar que las localizaciones están perfectamente escogidas para dar grandeza y poder de impacto a las imágenes que se muestran, por lo que tampoco es descabellado pensar que haya alguien exclusivamente dedicado a la elección de los escenarios. A todo ello se suma que la organización terrorista ya dispone de cámaras de alta definición, grúas y drones para realizar planos aéreos que, sumado al basto número de piezas audiovisuales producidas, nos hace concluir que estamos ante un sistematizado proceso de producción remedo de las productoras que trabajan para los estudios hollywoodienses.

Roger Stahl, profesor adjunto de Estudios de la Comunicación en la Universidad de Georgia cree que ISIS ha reclutado a gente con talento, camarógrafos, expertos en buscar localizaciones y montadores. “Está claro que están descubriendo la utilidad de teatralizar los acontecimientos”, dice. “Eso lógicamente significa organizar métodos cinematográficos avanzados y estilos de narración utilizados antes en el cine. Me parece que la tendencia es a lo que llaman en Hollywood ‘high concept’, una forma de contar la historia que se transforma muy bien en un titular”.

Cuando accedemos al visionado de uno de los videos publicados por el Estado Islámico lo primero que podemos ver es que está realizado bajo su propia compañía productora llamada Al Hayat Media Center. Al igual que cualquier otro organismo de radiotelevisión, muchas de las piezas audiovisuales comienzan con un logotipo, concretamente una especie de escritura árabe en forma de gota que se va llenando de agua digital. Invariablemente, el propio logotipo o la bandera negra y blanca del movimiento terrorista aparece en la esquina superior de la pantalla a modo de mosca televisiva.

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La temática es muy variada y compagina la idealización de la vida bajo el yugo del Estado Islámico con la representación más cruel de ejecuciones de rehenes. Pueden ser meramente informativos como aquellos en los que, en un formato documental, van apareciendo testimonios de combatientes ya reclutados comentando las bondades de unirse al ISIS. Las entrevistas se intercalan con escenas coloridas de la vida en la calle en un afán de mostrar las virtudes del régimen al que representan. Incluso cierran los videos con llamadas al reclutamiento: “Me gustaría que estuvieras aquí”.

Pero no todos los contenidos son tan agradables. Gran parte del contenido audiovisual producido por el Estado Islámico está dirigido a amedrentar a sus posibles enemigos y para ello hay una exaltación del terror, la violencia y la muerte. Desde ejecuciones públicas hasta los más retorcidos métodos de matar a un rehén, pasando por acciones criminales protagonizadas por niños y largometrajes mitológicos donde se ensalza el heroísmo militar de los combatientes.

La gramática visual de estas películas está llena de elementos sacados del discurso audiovisual occidental. Ya en los tiros de cámara de las entrevistas podemos apreciar cómo hay una intencionalidad narrativa en los cambios de ángulo. No sólo vemos un plano frontal del personaje que habla sino que asistimos a los típicos planos de perfil propios del documental moderno y las entrevistas televisivas, lo que requiere más de una cámara o múltiples tomas. Ese lenguaje televisivo se extiende hasta los finales de algunos videos en los que se indica lo que pasará en el siguiente, a modo de cliffhanger, como en las series norteamericanas.

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Los videos están llenos de material de archivo: combates con auténticas explosiones, tiroteos, cadáveres, clips de noticieros occidentales, etc. La profundidad de campo de las imágenes revela el posible uso de cámaras réflex digitales, fáciles de operar y mantener en foco. El sonido está captado la mayoría de veces por micrófonos de petaca o de pértiga. Prácticamente cada frame de la imagen ha sido tratado. El color es muy saturado y la luz en ocasiones parece estallar. Hay efectos que dan un aspecto televisivo a la imagen o la sensación de fotografía antigua. Las transiciones aplicadas entre clips también son muy efectistas y propias de programas de edición tan corrientes como Premiere o Final Cut. La prosa usada en los relatos casi mitológicos que aparecen en muchos videos es muy elaborada y florida. Cuando no se narra directamente en inglés, aparecen subtítulos en ese idioma u otros (dependiendo de a quién se quieran dirigir) para asegurar un completo entendimiento.

No siempre la calidad responde a estándares profesionales, hay distintos técnicos detrás de cada producción y, aunque muchos de ellos son profesionales con conocimientos profundos, otros son más bien aficionados. Sin embargo, en muchas de las producciones hay una influencia estilística hollywoodiense, como ya se ha mencionado, y una serie de películas de las que intentan reproducir la estética con sus propios medios. Las cámaras lentas de En tierra hostil (Kathryn Bigelow, 2008), la exageración estilística y el rápido montaje a lo Asesinos natos (Oliver Stone, 1994), las ejecuciones dramáticas al estilo de Seven (David Fincher, 1995), matanzas de rehenes a la manera de Los juegos del hambre (Gary Ross, 2012) o incluso de películas de terror como Saw (James Wan, 2004). ISIS ha llegado a reutilizar el metraje de varias películas norteamericanas, algunos documentales y opiniones de personajes estadounidenses como Ron Paul y Mike Maloney. Así les encanta El reino de los cielos (Ridley Scott, 2005), en especial la escena de la carga de Saladino. Han usado también imágenes de Salvar al soldado Ryan (Steven Spielberg, 1998) y de Pearl Harbor (Michael Bay, 2001). Nos encontramos con imágenes grabadas desde las mirillas de los rifles de los francotiradores, explosiones a cámara lenta, diferentes planos para un mismo ataque y tomas aéreas realizadas con drones. También colocan cámaras GoPro al pecho de los yihadistas durante los combates en una clara referencia a videojuegos como Call of Duty.

Ejecución de James Foley

Ejecución de James Foley

Seven (David Fincher, 1995)

Seven (David Fincher, 1995)

 

 

 

 

 

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Lo que se deduce de las imágenes es que la guerra es un Grand Theft Auto en la vida real. Subyace una idea estilizada de la muerte y la violencia que genera una especie de fascinación-repulsión en el espectador. Jugando con los códigos del torture porn llevan a cabo una espectacularización de la violencia con imágenes atractivas, seductoras y convincentes para un probable futuro yihadista; al igual que amenazantes, provocativas y espantosas para el enemigo. Intentan inspirar a los jóvenes no con fervor religioso, sino con la pasión por el poder y el control. Sólo hay que fijarse en esos planos pornográficos de lanzagranadas y fusiles, armas aparentemente a la espera de encontrar a alguien que las use.

ISIS ha concluido que las peroratas teológicas y morales del yihadismo de Al-Qaeda ya no son suficientes para movilizar a sus simpatizantes. La imagen del sacrificado combatiente yihadista aislado del mundo y escondido en las montañas de Pakistán ya no es atractiva, dentro de este mundo hiperconectado, para el target al que se dirigen (en especial para los jóvenes). Lo que intentan vender ahora es una vida llena de adrenalina, asesinatos de enemigos del califato, saqueos, decenas de armas y coches disponibles e, incluso, la misma comida que se puede disfrutar en el mundo occidental. Una vida más propia de un personaje de videojuego de gangsters que de un terrorista al uso.

El Estado Islámico está construyendo su propia imagen en oposición a la de Occidente y, para ello, no duda en usar sus mismas armas. Si en la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos no dudaron en usar las técnicas propagandísticas aprendidas de los cineastas nazis (Leni Riefenstahl y su magna El triunfo de la voluntad) para llegar a los suyos, el EI parece haber aprendido la lección y está volviendo las armas de su enemigo contra él mismo.

Muchos de sus vídeos incluyen una canción en árabe que reza: “Alá es grande. Esta es una clara victoria del señor del universo. Este es el califato y la sincera promesa de Alá. Esta es una victoria brillante del señor del universo. Así que alístense en cada línea, porque este día es el día de las victorias. Repitan ‘Alá es grande’, esta es una clara victoria. Este es el califato y la sincera promesa”. A expensas de saber quién ganará, lo que parece que está claro es que la guerra por las imágenes y los imaginarios es encarnizada y se está desarrollando en la pantalla de tu ordenador.

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