La tumba de Poe

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Por Silvia Pato (@SilviaP3)

Cada 19 de enero sucedía. Sobre la lápida yacían tres rosas frescas, cuidadosamente cortadas, y una botella de coñac medio vacía. Era la tumba de Edgar Allan Poe (1809-1849), pero quién le rendía tal homenaje cada aniversario de su nacimiento nunca se supo.

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Cognac and roses, by Midnightdreary. FUENTE: Wikipedia

Setenta años duró aquella visita; siete décadas en las que un desconocido acudía a depositar, entre la medianoche y las seis de la mañana, las tres flores recién cortadas y la botella de licor. Algunos dicen que cada una de las rosas representa a los tres cuerpos que yacen en aquel rincón del camposanto: Edgar, su esposa Virginia y su suegra.

Durante los años ochenta, un pequeño grupo de personas, encabezado por el antiguo director de la casa museo de Poe en Baltimore, Jeff Jerome, acudió cada noche a observar la llegada del enigmático visitante, esperando resolver el misterio. Se mantenían alejados, en un respetuoso silencio, pero no consiguieron identificarle.

Aquellos que lo vieron, testigos incómodos de tan singular e íntimo homenaje, decían que era un hombre que vestía un abrigo largo y negro, un sombrero ocultando su rostro y una bufanda blanca alrededor del cuello. No era lo único característico de su aspecto. Refulgía en la noche el bastón de empuñadura dorada que siempre portaba. Nadie supo jamás quién era. Solo hubo una persona que aseguró conocer su nombre, pero aquel secreto se lo llevó a la tumba. Los lugareños, por su parte, decidieron referirse a él como Poe Toaster.
Diez años más tarde, aquel extraño visitante dejó una nota en la que declaraba que pasaría el testigo a su hijo. Sin embargo, aquella tradición se vio interrumpida bruscamente doscientos años después del nacimiento del escritor.
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FUENTE: Wikipedia

La última visita a la tumba de Poe, obsequiándole con rosas y coñac el día de su cumpleaños, tuvo lugar el 19 de enero de 2009. Aquel desconocido que durante setenta años acudió cada helada madrugada de enero a tomarse una copa con uno de los grandes autores del siglo XIX sabía como acceder al cementerio cerrado por las noches, además de tocar de una forma inconfundible el cenotafio donde fue enterrado Poe en un principio. Por ese motivo, todos los que, años después, quisieron imitarle no lo lograron. El verdadero Poe Toaster nunca regresó.

Durante los últimos cinco años, parecía que aquella tradición iba a perderse. Los homenajes al poeta continuaban con las visitas de sus admiradores en el día de su natalicio, pero aquel momento enigmático y cautivador había dejado de producirse. Sin embargo, en el año 2016, después de una audición convocada por la Maryland Historical Society para seleccionar al sucesor del Poe Toaster de Baltimore, volvió a vivirse aquella escena. 

Y aunque no deje de ser nada más que una representación teatral para alimentar las visitas al lugar en esas fechas, hay que reconocer que es un hermoso modo de asegurarse que nadie olvide la leyenda.

FUENTES: The Guardian, Mental Floss

Una respuesta a La tumba de Poe

  1. Certainly another growth area, Dustin. There is a lot of room for expansion. You are blessed to have the opportunity to study the Lord’s Word. I am a little envious, I would have to confess.

    http://www.paquetesislamargarita.com/
    13 mayo 2016 at 3:29 am

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