¿Por qué está loco el Sombrerero de Alicia en el País de las Maravillas?

Sombrerero Loco ilustrado por John Tenniel

Sombrerero Loco ilustrado por John Tenniel

Por Alejandro Gamero (@alexsisifo)

Que la literatura puede sobrepasar a la propia literatura es un hecho. Lo demuestra el que en ocasiones se tengan ideas falsamente preconcebidas de algunos libros que han calado tan profundamente en la cultura popular que ya es casi imposible desmentirlas. La imagen que se tiene de Sherlock Holmes no es la que aparece en sus novelas, ni Mary Shelley llama a su monstruo en ningún momento Frankenstein, por no hablar de la cantidad de frases atribuidas a libros en los que en realidad no aparecen. El Sombrero Loco es otra más de esas contradicciones que añadir a la lista.

Porque «Loco» es el calificativo que acompaña a «Sombrerero», del mismo modo que «de las Maravillas» va con «País»; o porque necesariamente se piensa en la novela de Lewis Carroll al oír el término «Sombrero Loco». Sin embargo, Carroll nunca usó tal expresión en ninguna de sus historias acerca del País de las Maravillas. El Sombrerero Loco era el Sombrerero, a secas. Es verdad que en un momento determinado el Gato de Cheshire advierte a Alicia que el Sombrerero «está loco», como también lo es que el capítulo en el que aparece se titula «Una merienda de locos», o que su comportamiento no es precisamente el de una persona cuerda. Pero Carroll en ningún momento se refiere a él llamándole «Sombrerero Loco». De hecho, el escritor ni siquiera inventó la locura de los sombrereros, que es algo muy anterior a la novela.

Entonces, ¿por qué está loco el Sombrero de Alicia en el País de las Maravillas? La respuesta más evidente es que vive en el País de las Maravillas, donde no parece que reine la sensatez. En mayor o menor medida muchos personajes no están mentalmente muy equilibrados, como el Gato de Cheshire, la Liebre de Marzo, la Reina de Corazones o ‒si la locura es contagiosa‒ el Lirón. Pero es posible encontrar una explicación para la locura del Sombrerero fuera de la lógica interna del País de las Maravillas.

La expresión «sombrerero loco» y la frase «loco como un sombrerero» son muy anteriores a la novela de Carroll, publicada en 1865. Los síntomas de esa afección fueron descritos por primera vez en 1829 por un médico ruso y el primer uso de esa expresión se documenta ese mismo año en un relato corto aparecido en la Blackwood’s Edinburgh Magazine. Años más tarde, en 1835, aparece en una obra del escritor canadiense Thomas Chandler Haliburton titulada The Clockmaker.

La idea de que los sombrereros estaban locos se origina en la Francia del siglo XVII, debido al uso del mercurio en la fabricación de los sombreros de fieltro. Durante el proceso, la piel de animal era tratada con una solución de nitrato de mercurio que emitía abundantes vapores tóxicos. Como los sombrereros solían trabajar en espacios cerrados sin ninguna medida de seguridad era habitual que acabaran envenenando por la inhalación de esos vapores. Esta técnica fue usada por los hugonotes franceses, que más tarde la exportaron a Gran Bretaña cuando se vieron obligados a huir de Francia después de que el rey Luis XIV revocara el Edicto de Nantes. Lewis Carroll debió ser muy consciente de este problema porque creció cerca de Stockport, uno de los principales centros de fabricación de sombreros de toda Inglaterra en la época.

El envenenamiento por mercurio, cuyos síntomas fueron descritos en 1861 por Adolph Kussmaul, podía afectar al corazón, a los pulmones, a los riñones, al sistema inmunológico completo y al cerebro, además de producir daños neurológicos que son los que explican esa supuesta locura. Durante algún tiempo se llegó a pensar que padecer esa locura era condición indispensable para fabricar buenos sombreros. El síntoma más característico era un temblor incontrolable, pero los afectados también podían presentar cuadros de ansiedad, cambios de humor bruscos ‒con ira e irritabilidad‒, así como timidez excesiva, depresión, pérdida de memoria y de confianza en sí mismo, insomnio ‒o somnolencia‒ y deseo de permanecer inadvertido. Como puede verse, a pesar de estar loco, el personaje de Lewis Carroll no tiene exactamente los síntomas de un envenenamiento por mercurio, pero todo parece indicar que el autor pudo haberse inspirado en esta dolencia.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX se consiguen identificar bien las causas de la locura del sombrerero y se deja de utilizar mercurio para su fabricación en Francia y en Gran Bretaña, no así en Estados Unidos, donde no dejan de producirse casos hasta la década de 1940. En 1941 el Servicio de Salud Pública convocó una reunión con representantes de las industrias de fieltro y fabricación de sombreros para obligarlos a usar un método alternativo, no tanto porque estuvieran preocupados por la seguridad de los trabajadores como por utilizar ese mercurio con fines armamentísticos de cara a la Segunda Guerra Mundial.

De cualquier modo, también se ha querido relacionar al Sombrerero Loco con un personaje histórico real, un excéntrico comerciante de muebles llamado Theophilus Carter, que iba siempre con un sombrero de copa y que según el British Medical Journal recibía el sobrenombre de «el sombrerero loco» por su extraño comportamiento. Se dice que Carter inventó un reloj despertador que al ponerse en funcionamiento inclinaría la cama para tirar al suelo a la persona que estuviera durmiendo. De ahí, tal vez, la obsesión del Sombrerero por el tiempo en Alicia en el País de las Maravillas. Una teoría que no pasa de ser una mera especulación, ya que no hay nada que lo evidencie en ninguno de los registros que Carroll dejó sobre su novela.

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