‘Murambi’, de Boubacar Boris Diop

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Por Ricardo Martínez Llorca

Murambi. El libro de los huesos

Boubacar Boris Diop

Traducción de Mireia Porta i Arnau

Wanafrica

Barcelona, 2016

256 páginas

Portada_MURAMBI

Después de ser violada por sesenta personas, el más borracho de odio la incrustó una botella rota en la vagina y luego se ensañaron con ella asestándola hasta cien golpes con machetes.

Esta podría ser una frase extraída de una crónica de los días de la masacre de Ruanda.

Después de ser violada por sesenta personas, el más borracho de odio la incrustó una botella rota en la vagina y luego se ensañaron con ella asestándola hasta cien golpes con machetes.

Esta podría ser una frase extraída de una novela en la que el autor pretende conjurar los fantasmas de una de las más sádicas matanzas en la historia de la humanidad, que tuvo lugar hace poco más de dos décadas en Ruanda. Porque el autor del texto ha descubierto de dónde viene, cuál es su herencia, el tinte de su sangre. Se pone en la piel del hijo de uno de aquellos asesinos que viaja a Ruanda años más tarde para reconstruir los hechos. Para encontrarse con cadáveres, con huesos, e intentar leer en ellos como se lee en un libro: descifrando cada fémur como si fuera una frase, cada calavera como si se tratara de un párrafo.

Ese es el espíritu de esta novela que lleva el nombre de una población, Murambi, donde tuvo lugar uno de los episodios más espeluznantes, una masacre sin cuartel, con kilos de espuma de rabia en los dientes, dentro de una iglesia. Pero antes, Boris Diop nos ha hecho viajar hasta el interior de algunas personas. En la primera parte, nos presenta seres con sus complejos y su amor, con diferentes puntos de vista, antes de sufrir la muerte. A continuación, el alter ego del autor llega a Ruanda para reencontrarse con lo que ya conocía a través de los medios de comunicación. Es entonces cuando la novela desarrolla la cronología de los acontecimientos, que algunos simplemente ven como algo que ha sucedido, con idéntica importancia a la de ir a comprar el pan.

Boris Diop regresará a los testimonios narrados en primera persona para acercarnos al horror, a la mujer violada y asesinada tras incrustarle una botella de cristal rota en la vagina, entre otras batallas. Aunque Boris Diop muestra un lado más sensible que cualquier periodista amarillo y episodios como ese asoman poco, lo justo para erizar la piel. Pero darán fruto al despertar sentimental del alter ego. Frente al paisaje después de la batalla, el protagonista comenzará a pensar que los años alejado de Ruanda fueron un exilio. En ese sentido, se trata de una novela iniciática. El protagonista asiste a la descomposición de los cadáveres como quien ejecuta un acto de redención. La última parte de la novela, la más extensa, es una reflexión sobre el valor de la existencia, sobre la ilusión de esas cosas que nos dan vida o creemos que nos dan vida, como la búsqueda de la felicidad, los sueños o el deseo de la calma después de la tormenta. Pero siempre está ese sustrato bajo el suelo que pisa, donde se fermenta el odio. Este libro vuelve a recordarnos aquello que no debemos olvidar.

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