‘Una chica con pistola’, debut en la ficción de Amy Stewart

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«Creía que los estadounidenses estaban todavía por civilizar, y procuraba educarnos como a buenos austriacos; insistía en que hablásemos en su mezcla particular de francés y alemán, y nos adiestraba en las tediosas labores del encaje y la pintura decorativa solo para que no saliéramos de casa y no jugáramos con los otros niños del barrio».

pistola

Una chica con pistola, de Amy Stewart.

Actualidad editorial:

Amy Stewart es conocida en Estados Unidos por sus libros y ensayos sobre el mundo de la botánica, cuatro de los cuales han entrado en la lista de los más vendidos de prestigiosas publicaciones como The New York Times. Con su nuevo trabajo, Una chica con pistola, que toma como base hechos reales acaecidos hace más de cien años, Stewart se pasa por primera vez a la ficción. Experiencia que a vista del éxito de crítica y público alcanzado en su país de origen, no tardará mucho en repetir. Todo comenzó cuando Amy Stewart se encontró por casualidad con un artículo del año 1914 que captó de inmediato su atención. En él se contaba cómo el coche de un poderoso empresario había chocado con una calesa en la que viajaban tres mujeres, las hermanas Kopp, y la manera en que la disputa emprendida por los daños causados había derivado en una escalada de amenazas y disparos, que terminaría con Constance, la hermana mayor, convertida en ayudante del sheriff. Por mucho que Stewart buscaba, no había manera de recabar nuevos datos. Sin embargo, la absoluta falta de información sobre sus protagonistas se convirtió más en un incentivo que un freno para la autora. Tras bucear en una intrincada madeja de certificados de nacimiento, testamentos y escrituras, pronto se daría cuenta de que las lagunas y muchos espacios en blanco de esa fascinante historia pedían a gritos escribir una novela. Y así lo hizo.

«Uno de los efectos más extraños de aquella historia con Henry Kaufman era que rompía nuestra rutina diaria. Como si el ladrillo hubiera roto, no solo la ventana, sino también el orden meticuloso con el que habíamos compartimentado nuestras vidas».

Corría el verano de 1914 cuando una tarde la calesa ocupada por Constance Kopp y sus hermanas fue embestida de manera violenta por el coche a motor de Henry Kaufman, poderoso y joven empresario de la localidad. Éste, visiblemente ebrio, y respaldado por pendencieros secuaces de los que últimamente siempre se acompañaba, se negó a reconocer las circunstancias y los daños causados. Pero lo que no sabía era que su terquedad, machismo y extrema beligerancia había encontrado una firme oponente en la firmeza y fuerza moral de Constance quien, en su afán por defender a su familia y reclamar lo justo, no cejaría en su empeño hasta conseguir que lo fuese abonado el importe total por la reparación de los daños causados en su carruaje. La conflictiva situación en las fábricas, con reclamaciones proletarias y continuas amenazas de huelga, no favorece mucho la adecuada resolución del choque entre Kopp y Kaufman. Además, los abusos y amenazas del empresario no hacen sino empeorar las cosas. El asunto acabará llegando a los tribunales. Cuando el sheriff la requiere para seguir adelante con el proceso que acabe condenando a aquel hombre, Constance se verá obligada a enfrentarse a su pasado… Proteger a sus hermanas será prioritario, y lo hará como pocas mujeres se habrían atrevido en 1914.

«Henry Kaufman y sus secuaces jugaban con nosotras como un gato juega en el suelo del establo con el polluelo caído del nido: de manera cruel, pero sin prisa. No era de extrañar, pues, que recibiéramos con cierto alivio, a mediados de noviembre, la amenaza más seria y detallada que hasta entonces había enviado».

Constance se erige como una extraordinaria mujer, una enérgica heroína que, con tal de defender a su familia, es capaz de usar un revólver, enfrentarse a un grupo de forajidos o soltar la más natural de sus ocurrencias ante un juez –su evolución a lo largo de la trama es clave–. Stewart ha construido, partiendo de hechos realmente contrastados, una novela deliciosa, veraz y sutilmente conmovedora. Ha conseguido recuperar con enorme fidelidad el modo en que vivían muchas mujeres hace un siglo, cuando todavía el hombre ser erigía como eje central en torno al cual se trenzaba la mayor parte del tejido social, familiar y económico. Exponente, por otro lado, que no desdibuja en ningún momento la trama principal de la novela. Los detalles históricos están milimetrados, al igual que las oportunas dosis de humor que ponen el necesario contrapunto a la tensión narrativa de los sucesos.

Pero Una chica con pistola, además de destacar por ser una historia muy humana y cercana, lo hace por devenir en una valiosa y poco convencional aportación al género de la novela policiaca protagonizada por mujeres. Las diferentes personalidades de las hermanas hacen que la trama gane en interés e intensidad: inmersas en una tradicional población norteamericana que podría en breve vislumbrar visos de cierta modernidad, ellas y sus peculiares aficiones comienzan a sembrar huellas de independencia y posible cambio social. Las decisiones que toman se antojan épicas en un momento histórico –primeros años del siglo XX– donde los privilegios y las clases todavía estaban tan sumamente delimitados. Cuando todo concluye, lo que persiste férreo en la cabeza del lector es el ansia por seguir conociendo más detalles sobre la vida de Constance, quizás, si cabe, alguna que otra aventura más dentro de su papel como ayudante del sheriff y fiel defensora de la justicia.

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Una chica con pistola.  Amy Stewart.  Editorial Siruela, 2016.  332 páginas.  22,95 €

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