Charles Dickens cazafantasmas: luchando contra lo paranormal desde 1862

Charles Dickens

Charles Dickens

Por Alejandro Gamero (@alexsisifo)

En 1862 llegaron a Londres dos médiums estadounidenses, los hermanos Ira Erastus y William Henry Davenport, con un espectáculo que consiguió dejar boquiabiertos a muchos de los integrantes de los círculos paranormales de la Inglaterra victoriana. Los hermanos se metían en un gigantesco armario de tres puertas, sentados frente a frente, uno a la izquierda y otro a la derecha, atados entre sí con una cuerda de pies y manos. En la parte central había varios instrumentos: una guitarra, una trompeta, un violín, una pandereta y dos campanas. Después de que algunos asistentes comprobaban que no había truco alguno en las ligaduras, se cerraban las puertas y las luces se apagaban, empezaban a sonar los instrumentos. Cada vez que se abrían las puertas, se podía contemplar a los hermanos atados y a los instrumentos en su lugar, incluso aunque algún miembro del público estuviera amarrado entre ambos hermanos durante el espectáculo. En la segunda parte de la representación ambos hermanos eran atados de nuevo. ahora en mitad del escenario. Se pintaban dos guitarras con un líquido fosforescente y se apagaban las luces. Comenzaba a oírse una melodía mientras los instrumentos musicales comenzaban a ir de un lado a otro.

Los trucos los explica Houdini, que asistió a varios de los espectáculos de los hermanos Davenport en su libro Un mago entre los espíritus. Pero antes de que Houdini lograra desenmascarar a los Davenport, hubo un grupo de personas, una sociedad, que se dedicó a investigar las actividades paranormales de los hermanos. Fue El Club de los Fantasmas, la primera organización a nivel mundial en ocuparse del estudio científico de fenómenos paranormales. Su origen se remontaba a 1855, cuando un grupo de estudiantes del Trinity College de la Universidad de Cambridge empezaron a reunirse para hablar sobre distintos fenómenos paranormales. A partir de 1862 las reuniones se formalizaron, y el Club desafió a los hermanos a invocar a cualquier fantasma bajo condiciones científicas, es decir, fuera de su gabinete habitual, permitiendo a los investigadores revisar mesas, sillas y cortinas. El resultado probó el acto fraudulento de los hermanos Davenport, aunque el caso nunca fue publicado.

Hermanos Davenport y su armario espiritista

Hermanos Davenport y su armario espiritista

A pesar de que Dickens era bastante escéptico con todo lo paranormal, estaba completamente obsesionado por ese oscuro mundo. El autor no se dejó embaucar por la locura espiristista que llegó a Inglaterra desde Estados Unidos en el siglo XIX. Dickens estaba de acuerdo con la teoría científica más extendida en su época: el fenómeno paranormal tenía una base fisiológica y las apariciones eran el resultado de lo que se consideraba un estado desordenado de los nervios o de los sentidos. Pero esto nunca disminuyó el interés que Dickens sentía hacia los fantasmas o curiosidad que tenía en el más allá. Aunque El Club de los Fantasmas fue ridiculizado por la prensa de la época, Dickens siempre fue muy cuidadoso al emitir sus juicios o especular sobre cualquier suceso.

El Club de los Fantasmas se dedicó a estudiar fenómenos como la psicografía, acto de escribir los mensajes pronunciados por un fantasma durante una sesión espiritista a través de una persona, o la criptomnesia, que reavivaba recuerdos ocultos tanto en la mente humana como en las vidas pasadas. Dickens asistió a numerosas sesiones con la intención de desenmascarar la farsa espiritual. Lo paranormal es un elemento muy importante en la carrera literaria de Dickens. A lo largo de su vida escribió más de dos docenas de historias de fantasmas, muchas de ellas pequeños relatos en novelas más extensas, como Los papeles póstumos del Club Pickwick, Nicholas Nickleby o Casa desolada, aunque sus ejemplos más conocidos son Un cuento de Navidad y «El guardavía».

El fantasma de Marley

El fantasma de Marley

Después de la muerte de Dickens en 1870 El Club de los Fantasmas se disolvió en medio de importantes conflictos internos, aunque su actividad fue retomada en el Halloween de 1882. En esta segunda etapa la sociedad se hizo todavía más selecta, llegando a recibir el calificativo de secta debido a sus escasos miembros. Entre ellos estaba, cómo no, Arthur Conan Doyle ‒y más adelante también el poeta W.B. Yeats‒. Lo que nunca pudo sospechar Dickens es que su relación con el mundo de los fantasmas seguiría después de su muerte. A partir de 1872 comienza a circular una historia según la cual el fantasma de Charles Dickens había contactado con un médium, Thomas P. James, para dictarle el final de su inacabada novela El misterio de Edwin Drood, algo que por cierto también pasaría años después con Mark Twain. Ni siquiera el más allá pudo romper el vínculo de Dickens con lo paranormal.

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