5 tipos de egos de escritor que debes evitar

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Todos tenemos nuestro corazoncito y nuestras inseguridades. Y precisamente de ahí nacen nuestros egos. Porque, si nos sentimos seguros de lo que somos, de lo que hacemos y de los límites de nuestro trabajo y nuestras aspiraciones, no necesitamos hincharnos como pavos para ponernos a la defensiva ante una actitud o una crítica.

El mundo literario no está exento del problema de la inseguridad. Ni tú tampoco —¡ni yo!—. Y esto se nota aún más en un mundo de redes sociales donde todos somos muy valientes delante del teclado y nos olvidamos de que todo lo que decimos queda por escrito. Con tanto texto pululando por la red, es muy fácil opinar sobre lo que hacen otros y recibir opiniones que no nos gustan y que sacan a relucir lo peor de nosotros mismos: nuestros complejos.

Por eso no viene mal recordar algunas actitudes que pueden poner de los nervios a nuestros lectores, a nuestros editores e, incluso, a nuestros seres queridos. Y también saber cómo lidiar con ellos cuando no somos nosotros los ególatras —aunque sólo sea en ese momento—.

  1. El profesor

Este escritor hace esfuerzos por considerarse un experto en toda materia literaria —no solo en los textos que él conoce o escribe—. Su principal actitud crispante consistirá en opinar como si estuviera subido a la tarima de la clase de la facultad. No es lo mismo opinar como lector, y de forma constructiva —«no he entendido bien eso», «aquí he perdido el hilo», «el personaje se me queda un poco plano» o simplemente «no me ha gustado»— que creer que un texto compartido ha sido entregado para que este escritor realice su «experta valoración crítica».  Que muchas veces viene a ser cómo habría escrito él la historia.

Pero resulta que no la ha escrito él. La has escrito tú.

¿Qué hacer? Si eres tú el que habla así, mejor intenta ser constructivo y piensa en que en el momento en que lees un texto eres un mero lector, no un crítico literario. Y que no necesitas demostrar tus habilidades literarias a través de tu labia. Si eres el damnificado, simplemente házselo saber, de buenas maneras y, a ser posible, con una sonrisa. Sé constructivo, ya que tú también pides que lo sean contigo.

  1. El «por ejemplo, yo»

Vaya por delante que no hay nada más peligroso que una persona que se pone a sí misma como ejemplo de las cosas que hace mejor que los demás, ya sea escribir un relato, preparar un evento literario o limpiar los cristales de las ventanas. Suele tratarse de personas intransigentes y llenas de complejos e inseguridades. Una persona que te cuente lo bien que lo hace él todo el tiempo posiblemente tema lo poco que le han dicho lo bien que lo hace. O puede que sus inseguridades hagan que, por mucho que se lo digan, no se lo crea.

¿Qué hacer? Si eres tú, apúntate a yoga. Si es otro… sinceramente, corre. Este perfil de persona no suele atender a diálogos  ni a razonamientos. Sus miedos están por encima de cualquier diálogo racional. Tal vez te escuchen, pero volverán a la carga.

  1. El de la mordida rabiosa

Este autor parece más normal, hasta que le tocas la fibra sensible. Seguramente no sea el típico que monte una bronca, pero cuidado con no ser demasiado amable en tus comentarios a su obra…saltará a la yugular. Y si esto sucede, posiblemente sea porque sea un texto del que no esté del todo seguro. A lo mejor luego se le pasa, después de respirarlo un poco.

¿Qué hacer? Si eres tú, cuando te hayas calmado, mira hacia dentro. Piensa si era algo personal o sólo una valoración de la que puedes aprender. Si eres el mordido, no entres al trapo… espera a que se le pase y lo mismo con tu ejemplo de calma aprende un poco.

  1. El envidioso

«Mira este, lo que vende con eso». A todos nos indignan las ventas de Crepúsculo. Pero hay una diferencia entre que nos parezca absurdo que alguien venda más que nosotros y que nos cabree o que nos lleve a desarrollar mala sangre y odio hacia una persona. Si le prestamos demasiada atención al éxito o a las cualidades de los demás, tal vez deberíamos mirarnos un poco y ver qué podemos cambiar en nosotros mismos para no albergar sentimientos tan feos.

¿Qué hacer? Si la envidia es nuestra, intentemos ser humildes. Algo habrá hecho bien Stephenie Meyer para vender tanto. No me voy a poner a analizarlo, pero algo habrá hecho bien. Si eres tú quien ha dado con una persona envidiosa, simplemente confía en tu instinto. Es poco probable que vaya a confesare que siente envidia. Aléjate si ves que no se soluciona.

  1. El que no se lo cree del todo

El escritor que te repite su currículum desde un pedestal. Puede que haya logrado más que tú, pero por alguna razón, sigue sintiendo la necesidad de dejarlo claro. Por otra parte, es normal: nos han puesto tan difícil llegar a algo en el mundo de la cultura, que cada vez que conseguimos algo estamos «que no nos lo creemos».

¿Qué hacer? Si eres tú, créetelo. Repítetelo las veces que haga falta. Y disfruta de tus logros. Sonríe, sé feliz. Si eres el que lo tiene enfrente, reconoce su talento. Que, después de todo, lo tiene. Y además, si te animas y lo ves majo, pídele ayuda. Que le pase esto no significa que sea mal tipo, lo mismo te echa un cable.

 

¿Y vosotros, en qué ego os veis reflejados? ¿Reconocéis a vuestros colegas? Yo me he visto especialmente en uno. Mirad, a lo mejor podemos montar un grupo de terapia y todo. Así nos ayudamos más y nos peleamos menos.

 

Covadonga González-Pola

www.talleresliterariosonline.com

@CovaTLO

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2 respuestas a 5 tipos de egos de escritor que debes evitar

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Vaya por delante que no hay nada más peligroso que una persona que se pone a sí misma como ejemplo de las cosas que hace mejor que los demás, ya sea escribir un relato, preparar un evento literario o limpiar los cristales de las ventanas. Suele tratarse de personas intransigentes y llenas de complejos e inseguridades.

    LO PEOR DE TODO ES QUE SI ALGUIEN HACE ESTAS COSAS NI CUENTA SE DA PORQUE SI FUESE CONSCIENTE, NO LAS HARÍA. LO QUE SÍ HACE HABITUALMENTE ES APLICAR TODAS LAS REGLAS A LOS DEMÁS. TODO ES MUY COMPLEJO ME PARECE.

    ISABEL
    11 diciembre 2016 at 17:53 pm

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