Maestría de Jeannine Mestre en “El año del pensamiento mágico”

Por Horacio Otheguy Riveira

Joan Didion tenía una sólida posición económica y profesional cuando se enfrentó a una peripecia que la obligó a crear un nuevo mundo, a “formalizar” un pacto entre la vida y la muerte. Primero publicó un ensayo con un lenguaje de gran riqueza coloquial, como si conversara con anónimos lectores contando detalles de su mayor sufrimiento. Después lo adaptó al teatro para que lo interpretara Vanesa Redgrave. Periodista, novelista, guionista de cine, autora teatral, Didion es encarnada en España por Jeannine Mestre, quien explora, difunde y corona de gloria un viaje de amor entre la vida y la muerte, sin despegar los pies de la tierra.

En “El año del pensamiento mágico” una mujer nos relata su manera de afrontar una tragedia personal para encontrar lo mejor de sí misma y entregárnoslo después. Lo que podría ser un duro melodrama se convierte en una confesión que nos da alas para vivir mejor.

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El mar es un telón al fondo, como una leve sombra, un ventanal al oleaje perfecto, una metáfora, un símbolo de vitalidad. Luego, poco más: una silla, una mesita, un poco de agua, acaso la terraza de una casa donde ya no hay bullicio, pero que aún aloja la esperanza de una superviviente. Y aparece ella, la escritora que llega para darnos una charla sobre un acontecimiento clave en su vida,

algo que a ustedes también les sucederá, en otro contexto,

en otras situaciones, pero les sucederá.

Extiende sus pormenores cotidianos intercalando información precisa, casi científica, con pensamientos en voz alta, como si no hubiera nadie alrededor de su Año del pensamiento mágico, porque en realidad los espectadores somos lo único que tiene, todo lo que tiene, y a la vez somos nadie. A través de su llamado de atención nos explica muchas cosas trascendentales para encontrarse a sí misma y dominar un sentimiento nuevo, una revelación llena de amor por los pequeños detalles, un amor más fuerte que la vida, capaz de conseguir que la dolorosa partida de sus seres más queridos se convierta en una oleada de renovados abrazos.

 

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Los pequeños gestos de unir los pies al sentarse, de quitarse el cabello de los ojos, de mirar al vacío para ver los paisajes del pasado bien rememorado, las repentinas miradas al público, las manos extendidas de diversas maneras, incluso simulando el oleaje del mar siempre presente, son elementos que Didion/Jeannine Mestre (“Cruce de razas, cruce de corrientes”, Francisco Umbral dixit) mezcla con su voz a veces drástica, fría como de severa profesora de literatura, o incluso implacable catedrática de historia, mientras afuera llueve y la tormenta barre con todo, o mejor un huracán (como sucedió entre las páginas del último libro del marido muerto), pero pronto el delicioso sol de California vuelve a salir para acariciar el hermoso cabello de la hija también muerta.

Entonces el tono imperativo se relaja, y la voz es es dulce, nunca sufriente. Ha llegado para darnos esperanza y contar su largo viaje de un año que le servirá para comprender que la muerte es otro mundo que a veces se toma el trabajo de avisar pero nadie se da cuenta, y que quienes nos quedamos en este otro mundo llamado vida debemos aprender a nadar con el dolor de ausencia bien arropado por la memoria prodigiosa.

71Jeannine va siempre vestida de blanco, con unas prendas elegantes, bellas, reconfortantes, que además forman parte de la esbelta armonía de toda la función donde cada integrante de la producción pone su parte para que nada chirríe, que nada distorsione la voluntad de confirmar un arte de vivir, mientras la mortandad se ocupa de su propia poesía, de momento indescifrable.

En esta emotiva y a la vez muy racional representación, Jeannine Mestre cuenta con un gran aliado en su director, Juan Pastor, y en el vestuario creado por Teresa Valentín-Gamazo que tiene un valor preponderante.

Traje blanco y pasmina color tierra en los que radica la esencia por donde la sugestiva calidad de la interpretación se exterioriza hasta unificar el vibrante paisaje del mar con toda la experiencia humana: así las ondulaciones del cuerpo viajan en el espacio luminoso de la playa, se agitan tras la brisa de las ventanas entreabiertas, se acarician en la dulce travesura de tardes de verano, se mecen en el devenir de las palabras bien dispuestas.

Jeannine Mestre se apodera de las palabras de Didion para restituirlas —”asimilar solo para restituir”, decía Louis Jouvet—, pasadas por el filtro de su sabiduría, de su esfuerzo, de su dolor, de su placer, de su espíritu, ofreciéndonos todo ese movimiento mental, esas pausas, esa substancia en los silencios con una diáfana, intangible efervescencia de una virtuosidad conmovedora. (Josep Maria Flotats)  

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Portada de la edición española del ensayo original que la propia autora convirtió en texto teatral.

El año del pensamiento mágico

Autora: Joan Didion
Intérprete: Jeannine Mestre 
Traducción y dirección: Juan Pastor
Iluminación: Sergio Balsera
Espacio escénico: Juan Pastor
Vestuario: Teresa Valentín-Gamazo
Ayudante de dirección: José Bustos
Joyas: Chelo Sastre
Telón dibujo Antonio Pastor, digitalizado por David Benito

Fotografías Alicia González / David Benito

Teatro De La Abadía. Del 16 al 27 de noviembre de 2016

Últimas funciones, tras larga gira: los días 17 y 18 de marzo de 2017 a las 20,30 horas en El Corral de Comedias de Alcalá de Henares.

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