Estos son los 7 errores habituales cuando escribes diálogos

hera-ediciones-pluma-escribiendoPor Amalia Sánchez. ¿Recuerdas un artículo que escribí hace unas semanas en el que te hablaba de la importancia de que tus personajes tengan “alma”?

Entonces te decía que es vital que sepas cómo sacarle todo el partido y hacer que el lector se identifique con ellos, que tus lectores sepan qué es lo que hacen tus personajes, qué piensan, cómo actúan y por qué.

En aquel momento te hablaba de Alicia Giménez Bartlett y de cómo me gustan los diálogos que utiliza para su personaje principal, Petra Delicado.

Hoy te traigo otro ejemplo de un buenísimo escritor de novela negra que me ha enganchado últimamente, Víctor del Árbol, que en su obra “Un millón de gotas” es capaz de dejar ver la psique de su personaje esencial a través de las conversaciones que mantiene con los demás personajes.

Magnífica, de verdad.

Y tú me dirás, ¿qué hacen ellos que no hago yo cuando escribo diálogos?

Escribir un diálogo no consiste en que copies al pie de la letra una conversación real. Una narración tiene que ser verosímil, pero no por ello tienes que copiarla como si sucediera realmente.

Tienes que tener muy presente que todo lo que digan tus personajes tendrá un motivo.

Y por supuesto no debes usar los diálogos como recurso para rellenar los espacios.

Y es que el diálogo es esa parte donde tienes que ofrecer información a tu lector, que ansía recibir y que leerá con avidez.

¿Cuáles son los errores que cometes al escribir diálogos?

Seguramente tú cometas determinados errores que son normales en todos aquellos que nos iniciamos en la escritura creativa, y que conviene que conozcas para que comiences a evitarlos ya.

¿Cuáles son?

1- Los diálogos vacíos, esos en los que no dices nada.

Por ejemplo:
― Hola Juan, ¿has traido paraguas? Parece que va a llover. Esta mañana lo he escuchado en la radio.
― Sí, lo cogí antes de salir de casa ―dijo Juan mirando por la ventana― . Yo también escuché la radio.
― Qué bien ―replicó Cristina antes de cerrar la puerta.

¿Puede haber un diálogo más vacío que este, en el que solo sabemos que dos de los personajes se llaman Juan y Cristina, y que ambos han escuchado la radio? No nos dan pistas de cómo son, o de qué les gusta, así que se trata de un diálogo prescindible.
Recuerda, todos los diálogos tienen que tener una razón.

2- La falta de adecuación del lenguaje. Tenemos un ejemplo claro cuando tratamos de dar un todo culto a un chico de 15 años, por ejemplo, y un tono más desenfadado y jovial a un anciano de 80.

Cada uno de ellos tiene que hablar según su edad.

Y lo mismo sucede si estás escribiendo una novela ambientada en la Edad Media y uno de los caballeros saluda a la dama con un “Ey, colega, ¿cómo te va la vida?”. No encaja.

3- Hacer monólogos en lugar de diálogos. Seguro que en un montón de ocasiones te has encontrado con diálogos que, en un determinado momento, se convierten en una sucesión de pensamientos de un único personaje, ¿verdad?

Se trata de esos diálogos larguísimos en los que uno de los personajes que intervienen cuenta su vida, su experiencia, y lo que se suponía que era un diálogo, termina siendo un larguísimo monólogo de tres páginas. Evítalos siempre.

Por ejemplo:

“Aquel día en que me encontré con Carmen, toda mi vida cambió. Era hermosa, y nada me hacía pensar en es momento que nada de lo que tenía planeado en ese momento se llevaría a cabo. Comenzamos a salir a los pocos meses, nos enamoramos, y antes del año, decidimos casarnos. Al principio nuestra vida era casi perfecta, compramos un pequeño piso en el centro e hicimos de esas cuatro paredes nuestro pequeño paraíso. Hasta que ese paraíso se convirtió en un infierno (…)”

4- Que interfieras en la voz del personaje. No introduzcas incisos en los diálogos, que sean los mismos personajes los que hablen de ellos.

5- Huye de la falta de naturalidad o de los diálogos muy forzados. Cada uno de los diálogos que escribas tiene que ser natural, con palabras normales de las que todos usamos en nuestras conversaciones. Lo que tienes que buscar es que esos personajes que hablan sean normales para que tus lectores los perciban como tales. Por eso es tan importante el lenguaje y lo que dicen.

6- Nunca hagas diálogos repetitivos. Y sobre todo no abuses de los verbos decir, pensar, señalar… para enfatizar lo que tus personajes dicen. Busca alternativas: manifestar, declarar, expresar, indicar, anunciar, etc.

Por ejemplo:
― ¿Vienes? ―dijo Esteban.
― No, lo dejaré para más tarde, cuando acabe los deberes ―dijo Eva.
― ¿Te espero entonces? ―dijo Esteban.
― No, nos vemos en el parque ―dijo Eva.

Es un diálogo un tanto vacío y repetitivo, como claro ejemplo de lo que no tienes que hacer.

7- No abuses de los signos de exclamación. Le restarás credibilidad a tus diálogos y despistarás al lector. Utiliza solo los signos cuando sea necesario.

¿Qué tienes que hacer para que personajes y diálogos confluyan?

Para adecuar el lenguaje a tus personajes, conoce muy bien a cada uno de ellos y también la forma en que éstos deben expresarse. Pero eso no quiere decir que tengas que dejar de lado la claridad y la precisión, al contrario.

Además de evitar la confusión, evita ser inexacto, por eso tienes que conocer muy bien la razón por la que haces hablar a cada uno de tus personajes.

Por supuesto, no puedes olvidar la originalidad, pero eso sí, no ha de ir nunca en detrimento de la historia. Es mejor que seas menos original pero que narres bien y digas siempre lo que pretendes decir.

Si tu lector pierde el interés en lo que le estás contando será porque no consigue enterarse de quién habla o de lo que dicen tus personajes, así que de poco te servirá la originalidad.

Soy Amalia Sánchez, periodista y creadora de Grupo Hera Ediciones (http://www.heraediciones.es). Para agradecerte que estés aquí, te voy a hacer un regalo: Mi ebook “Cómo seducir a una editorial. Unos consejos (que nadie te ha contado para conseguirlo). Descárgalo gratis  en http://www.heraediciones.es/descarga-tu-ebook-gratis y aprende qué diez cosas haces mal cuando escribes a las editoriales.

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