‘La repetición’, de Ivica Djikić

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Por Ricardo Martínez Llorca

La repetición

Ivica Djikić

Traducción de Maja Drnda y Christian Martí

Sajalín

Barcelona, 2016

115 páginas

 

page_1_thumb_largeEuropa se hace migas mientras Bogart y Bergman brindan con champán en el televisor la décima vez que se nos ocurre ver Casablanca. Ellos preocupados por su amor y lo que esconden, mientras caen las bombas. ¿Qué se resolverá primero: las grietas del desamor o los socavones de las bombas? El mapa ha trazado nuevas fronteras, pero las que separan las estaciones siguen siendo las mismas. De ahí que en este encuentro de personajes que Ivica Djikić (Tomislavgrad, Bosnia-Herzegovina, 1977) en La repetición, se nos muestre la maldad a la par que la confianza como recurso de supervivencia. La sensación que tienen las mujeres que se ven encerradas en un monasterio, es la de que esa gran nevada las iba a dejar atrapadas para siempre en unas montañas tan blancas como tenebrosas. Y mientras tanto, gestionan con los monjes la publicación de un libro sobre la historia de la orden y del monasterio. La protagonista principal es la editora encargada de darle forma al volumen. Su acompañante se dedica a llevar flores a las tumbas. Y las tumbas también son un símbolo de frontera: entre esta vida y el lugar donde no se cuece el pan.

Pero en los Balcanes, los fragmentos en que se dividió la región tras las guerras de finales del siglo XX, han provocado no solo infinitas líneas fronterizas. También deudas de gratitud o la maldad: “honramos a nuestros verdugos convertimos en santos a los débiles e inútiles que nos han convencido de que cuidarían muy bien de nosotros justamente los mismos que siempre nos traicionaban mentían y engañaban y cada vez pensamos que no volverían a hacerlo…”. Es parte del prólogo que el monje prior dicta a la editora. De ahí la ausencia de signos de puntuación.

Incluso el mismo escenario representa un paso fronterizo, pues algo como una instalación religiosa ha pasado de la clandestinidad a lo visible. De alguna manera, todo esto, el invierno, la postguerra y las ausencias de los que deberían estar ahí, también protagonizando, la incertidumbre del destino inmediato, la desconfianza o la emigración que ha rodeado y marcado a sangre a los protagonistas, hacen que La repetición sea una obra puramente fronteriza, pese a que las distancias son muy reducidas.

Una gélida noche de febrero, la editora Dijana Lovrić emprende un viaje desde la capital de Croacia, Zagreb, hasta el monasterio de Rama-Sćit, en Bosnia-Herzegovina. Allí la esperan con una misteriosa petición los frailes que han trabajado dos años con ella en una monografía sobre el monasterio. Sin embargo, la nieve bloquea las carreteras y obliga a Dijana a detenerse y pasar la noche en Duvno, lugar de nacimiento de su novio Marko Kelava, donde la acoge su familia política. En casa de los Kelava la ausencia del padre de Marko, desaparecido en Alemania tras participar en la guerra de los Balcanes, se hace notar, aunque rara vez se pronuncia su nombre. Tampoco se habla de la reciente pedrada a una ventana de la casa, ni de la tarea que un desconocido encomienda a la hermana de Marko para que vaya a depositar once rosas blancas en un prado apartado. El clamor de tantos silencios evidencia que las heridas del conflicto bélico aún no se han cerrado en esta pequeña ciudad donde los muertos no habitan solo en los cementerios.

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