Trazado. Un atlas literario

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Por Pedro Pujante.

Borges imaginaba un mapa tan fidedigno que tendría el tamaño del territorio que representaba, así que, paradójicamente, debería incluirse a sí mismo en una puesta en abismo infinita.
Lo que quizá en el plano de la geografía parece algo habitual en el mundo de los sueños y de la literatura resulta una tarea inverosímil. A saber: cartografiar un espacio mítico, la estructura de un relato, la imaginación de un personaje, su deambular. Sin embargo, ¿quién no ha visualizado Macondo, Comala o la mítica Tierra Media?
En Trazado, un atlas literario, dibujado por Andrew DeGraff y con textos de Daniel Harmon entramos de lleno en el imaginario de obras de la literatura universal. Los textos son acercamientos de esmerada sutileza. Reseñas que más que argumentar o acompañar la ilustración pertinente, sirven como indagación, como ruta de lectura, como iluminación reveladora.
Algunos de los mapas son exactamente eso: mapas. Trasposiciones pictóricas de los lugares o rutas que en una obra literaria sus personajes han realizado. El viaje de Ulises, la isla de Robinsón, la panorámica de espacios y transportes de Phileas Fogg o incluso la travesía de Hackelberry Finn por el Mississippi. A color, con un estilo cercano a la novela gráfica y moldeadas con un cierto aire naif.
Pero la imaginación de DeGraff va mucho más allá. En su delirio ha perseguido la forma paradójica de la biblioteca infinita de Babel que Borges soñó. El vacío inquietante de Esperando a Godot. La trama turbia que se encierra en la perturbadora historia La lotería de Shirley Jackson.
Son también destacables los recorridos por relatos como Informe para una academia, de Kafka, donde un mono asciende a la categoría de humano. O los viajes entre diferentes mundos, en la novela, ya olvidada, Una arruga en el tiempo, de Madeleine L’Engle.
En estas diecinueve obras comentadas e ilustradas, algunas incluso con más de una imagen, también podremos merodear por la corte de Elsinor con Hamlet, el Londres dickensiano del Cuento de Navidad o las vísceras de la ballena blanca que pobló las pesadillas de Herman Melville.
La conjunción de estos bellos retablos imaginarios y los incisivos textos que los acompañan hacen de este atlas un homenaje a la literatura. Una obra bella por la que perderse, deleitarse. Un manual que ensancha las obras que en él se incluyen, que suman imágenes a nuestra imaginación y construyen un nuevo universo extraliterario.

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