Compartir la lectura para forjar sociedades más sólidas, reflexivas y maduras

 Por Salomé Guadalupe Ingelmo

 

Retrato de la autora por Alejandro Cabeza.

Las conversaciones alrededor del fuego características de las sociedades de cazadores-recolectores forman parte esencial del ser humano, y de hecho impulsaron la evolución de la especie. Ellas permitieron que se desarrollasen nuestra creatividad y nuestras capacidades cognitivas; pero también servían para estrechar los vínculos afectivos entre los miembros de la comunidad y para compartir el patrimonio cultural, reforzándolo y ampliándolo. Porque compartir tiempo de asueto con nuestros semejantes, divertirnos juntos, nos hace mejores. Como en el pasado la narración oral, la lectura comunitaria de nuestro patrimonio literario también consolida hoy la faceta social del hombre. En ocasiones incluso le hace más consciente de sus obligaciones sociales. A veces, fomentando la sensación de pertenecer a una colectividad, mitiga nuestro temor al ostracismo y la incomunicación, a no ser comprendidos ni aceptados. Y al permitirnos comprobar que el nuestro no es un pensamiento aislado sino compartido, conjura nuestros temores respecto a una sociedad aún por perfeccionar y fortalece nuestra convicción de que, juntos, conseguiremos cambiarla.

 

FACE-OFF*

En un círculo de luz, bajo un poderoso foco, dos perfiles se enfrentan: un hombre de cabello cano cuidadosamente peinado y un niño negro de cráneo liso, desfigurado por la desnutrición y la enfermedad.

El nuevo Hamlet escruta intensamente las cuencas rehundidas buscando una respuesta: “¿ser o no ser?”. Sus facciones delatan piedad, pero el espejismo sólo dura segundos. A medida que el círculo de luz se ensancha, iluminando ambos cuerpos ‒uno desnudo y raquítico; otro cebado y bien vestido‒, el gesto se torna jovial. La figura infantil, acurrucada en posición fetal, es sólo una proyección, un fantasma. Mientras el otro gana aplomo, se vuelve cada vez más borrosa. Hasta desaparecer totalmente.

Lectura dramatizada del texto en el Centro Cultural La Corrala – Museo de Artes y Tradiciones Populares de la Universidad Autónoma de Madrid.

 

El hombre de negocios disfrazado de filántropo sabe hacer bien su trabajo; incluso de la muerte obtiene beneficio. Del buzón que hay en la puerta de su despacho caen unos billetes: la aportación de algún alma solidaria e incauta–. Se lanza sobre ellos, contándolos con avaricia. Sonríe satisfecho. Dobla los billetes y se los mete en el bolsillo. Se dirige a su elegante escritorio, sobre el que reposa una placa con la leyenda “ONG” y debajo, en letra mucho más pequeña, casi ilegible: “organización sin ánimo, pero con mucho lucro”. Saca una calavera del cajón y le estampa sonoramente un sello. Se encamina a un mueble y lo abre. En él descansa, sin paz, una gran pila de pequeñas calaveras, todas con el mismo texto en rojo sobre la frente: “Archivado”. Lanza la nueva al montón y cierra con llave; sus cadáveres no han de escaparse del armario.

Se limpia las palmas en la pechera. Sobre el caro traje, dos manchas negras.

* Face-off, obra de Salomé Guadalupe Ingelmo, fue dada a conocer recientemente en una lectura pública dramatizada que tuvo lugar en el Centro Cultural La Corrala – Museo de Artes y Tradiciones Populares de la Universidad Autónoma de Madrid

 

Centro Cultural La Corrala de la Universidad Autónoma de Madrid

 

 

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