Carolina África: gratificante programa doble en Madrid

Por Horacio Otheguy Riveira

Hasta el 19 de mayo Vientos de Levante, y desde el 20 de mayo, Verano en diciembre: autoría, producción, dirección y coactuación de Carolina África: un caso excepcional de una mujer de teatro con tan intensa actividad. Un animal escénico, un monstruo lanzado al ruedo (valgan estos términos un tanto desusados) de un teatro decididamente comprometido con las emociones individuales y colectivas. En el Teatro Galileo de Madrid, una fiesta de sensaciones, sensibilidad y femenina sensualidad para introducirnos en un mundo de hombres y mujeres que luchan por la felicidad con sus mejores armas: la honestidad de manos tendidas sin miedo a que se las corten.

Paola Ceballos, Carolina África: tiempo de playa en una elaboración escénica fascinante por la gozosa expresividad de sus cuerpos y una lograda interpretación naturalista.

En Vientos de Levante, el encuentro entre dos amigas muy queridas tiene lugar en un psiquiátrico y en un hospital de paliativos en la costa gaditana, y la vida circula en un tren, lugares de recreo, una buena mesa compartida, la playa con su “aire” y su viento… las ilusiones que crecen con casi nada y las decepciones que golpean implacables. Ocho personajes para cinco actores que logran una conmovedora inmersión en el ámbito escogido por la autora-directora:

Nunca he sabido de dónde sopla el viento, pero en Cádiz, quieras o no, lo sabes. El Poniente viene del mar, del oeste. Es fresco, suele despejar el cielo dejando un sol brillante y se respira mejor. El Levante en cambio es seco, caluroso, destroza nervios, ilusiones y cristales y viene del este, como Mary Poppins. No se puede elegir el viento, pero sí lo que hacemos con él: guarecernos, contemplarlo tras un cristal, seguirle la corriente, marchar en su contra… o utilizarlo para volar.

El vuelo lo emprende ella misma en el papel de una periodista y escritora padeciendo las frustraciones de ambas profesiones, y en medio de una crisis sentimental que solventa con el cariño incondicional de su gran amiga, una psicóloga pluriempleada que sabe dar y recibir afecto y se deja llevar felizmente por un beso, sólo un beso con un vals, en una de las escenas más emotivas por lo mucho que implica, más allá de la mera situación representada. Y es que uno de los grandes aciertos de Vientos de Levante radica en la acertada utilización de un teatro costumbrista que avanza como por arte de magia hacia una poética que trasciende las encantadoras o muy pesadas presencias de la vida cotidiana.

Las cosillas de vivir se dejan trascender por un rico juego de personajes que se buscan o repelen, compartiendo días con enfermos mentales o neuróticas personas normalitas. Todo ocurre sin estridencias, acompañado de algunas canciones populares con destacada participación de la voz de Silvia Pérez Cruz y su versión del poema de García Lorca, Pequeño vals vienés, una envolvente ocasión de lágrimas entre sonrisas para dar una nueva vuelta por el deseo y la muerte atrapados por la voluntad de vivir:

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.
¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

La psicóloga eficaz y encantadora (Paola Ceballos) lee los ojos de su paciente de ELA, interpretado por Jorge Kent, quien también asume a uno de los internos de un psiquiátrico, logrando un admirable juego de empatía con ambos personajes.

Cuatro seres muy distintos dejan de lado sus obsesiones y miran el mar de Cádiz, un mágico lugar donde encontrar las caricias imprescindibles para seguir en pie. De izquierda a derecha: Pilar Manso, Paola Ceballos, Carolina África, Jorge Mayor.

En cuanto a Verano en diciembre (del 20 de mayo al 4 de junio) remito a mi crítica de la pasada temporada ante el estreno en el Teatro Valle Inclán (Un abrazo fraternal que mueve montañas): “Cinco mujeres, cuatro generaciones, una familia como tantas que expande su necesidad de cambio, de esperanza, hasta dar con una fraternidad conmovedora. Una función que representa un mundo eminentemente femenino en el que los hombres no son coprotagonistas de sus desgracias ni de sus éxitos en una función que llega a profundidades del mundo femenino, sin perder el tono de agradable comedia”.

 

 

Teatro Galileo. Localidades, 15 euros. Abono para las dos funciones, 25 euros.

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