La literatura nos pone en crisis

Por: Walter Gonzalves

Facebook: walter.gonzalves


Nos conduce al desasosiego, nos sacude de nuestra comodidad, nos devuelve a la realidad dinámica de la incertidumbre, nos quita de la comodidad de lo certero, la ilusión de lo estático, de nuestra automática reacción de caracterizar -o rotular- a los otros por un mero rasgo: abogado, médico, político, cura, ladrón, asesino, etc. Nos quita las vendas y nos propone pensar desde lo que podría ser hasta dejarnos entrever aquello que otros quieren que repliquemos, que naturalicemos la construcción de un enemigo y lo señalemos como otros quieren diciendo “aquel es el culpable”.

La buena literatura causa todo esto y más, sea en novelas, poesías o cuentos. En esta oportunidad lo ejemplificare con las novelas “Los siete locos” y “Los lanzallamas” de Roberto Arlt. Podría haber elegido a otros escritores, pero debido a que la literatura es inapresable, basta un autor para cumplir con el objetivo de despertar la curiosidad, germen del interrogante.

  1. Todo se entiende mejor con un ejemplo…**1

Recordemos, en una escueta síntesis la escena final de la novela “Los lanzallamas”: “(…) simultáneamente en los subsuelos de todos los diarios de la ciudad se está cerrando la edición de la medianoche, en un rincón repiquetea débilmente la campanilla del teléfono. Rápidamente el secretario de redacción se acerca, se pega al teléfono, ¿Eh?, ¿se mató Erdosain? Paren las maquinas. Diga, si, va enseguida, el secretario se acerca rápidamente al escritorio del taller y escribe en un trozo de papel cualquiera: Se suicidó el feroz asesino Erdosain cómplice del agitador y falsificador Alberto Lezin, alias “el astrologo”, le alcanza el título a un chico diciendo:

– En primera página a todo lo ancho.

– Macanudo, mañana tiramos cincuenta mil ejemplares más (…)”.

Como lectores hemos acompañado la historia de Erdosain desde su inicio en “Los siete locos” hemos sido testigos de toda la compleja red de tramas que se entrelazan en el transcurso de la novela cuyo final se cierra en la redacción de un diario donde se deja ver la manipulación periodística a través de la consigna rápida y estereotipada. Erdosain es simplificado, rotulado y caracterizado simplemente como un “feroz asesino”, mientras que nosotros -lectores- hemos sido testigos de los matices de todo el contexto que nos llevó a comprender las situaciones y las decisiones que se tomaron en torno a los sucesos transcurridos.

  1. El impacto

La literatura nos brinda una libertad que colisiona brutalmente contra la simplificación y el reduccionismo, nos muestra todo el mundo de redes de sentidos múltiples, de causalidades confusas y abiertas. Por otro lado el periodismo -en este ejemplo- reduce toda complejidad y establece formulas, causalidades estereotipadas, simplificaciones, etc. En un mundo actual en donde la velocidad es sinónimo de virtud la lectura viene a recomendarnos el pensamiento, y pensar es una pausa. La novela de Roberto Arlt se hace cargo de esta tensión entre un relato complejo -la vida, situaciones y matices que rodearon a Erdosain- donde los expuesto no permiten tomar inmediatamente una postura ni fundar un rápido y arbitrario juicio moral por el cual Erdosain seria sencillamente un “feroz asesino”.

  1. Tensiones entre literatura y periodismo.

El periodismo nos da la realidad bajo su juicio, es decir, que lo que leemos de la realidad es algo que ya ha sido definido en sus características y por contraposición, lo que podríamos llamar el mundo de la literatura nos da -como decía Hannah Arendt- el privilegio de juzgar y tomar una decisión sobre esos hechos que han sucedido. Se revela el significado sin decirlo, se muestra en lugar de señalar y es siempre el lector el que deberá tomar la decisión sobre los hechos. Ese movimiento entre hacer ver y decir es un elemento muy importante de tensión entre periodismo y literatura, la tensión entre construir una versión o presentar una imagen de la realidad.

3.1. Las tensiones entre experiencia e información  

Si nosotros tomamos la noción de experiencia, como la noción de como un sujeto vive algo y le da un sentido y la contraponemos a la noción de información que sería en cambio el modo en que un sujeto asiste a una serie de acontecimientos que no lo implican personalmente, podríamos ver allí que la oposición experiencia/ inexperiencia está ligada al modo en que una persona le da sentido a lo que vive, mientras que la relación información/desinformación se refiere en cambio a un proceso de circulación de noticias y de datos de los cuales no surge de un modo espontaneo la noción de un sentido que tienen esos acontecimientos.

El único sentido que suele transmitir el periodismo es el sentido de lo ya sabido, del estereotipo, del lugar común y esta idea de la circulación acelerada de noticias que parecen no tener nunca fin que dejan al sujeto ajeno a la comprensión profunda de los hechos, esto está muy ligado a la cuestión de en qué momento  nosotros podemos juzgar los acontecimientos en base a la experiencia que hemos tenido.

  1. ¿Juzgamos o repetimos lo ya juzgado?

La literatura -en este caso la novela de Roberto Arlt- nos permite que podamos juzgar el modo en el que el periodismo está elaborando estos hechos a partir de la experiencia que tenemos de haber leído en la novela las relaciones que construyen los diferentes personajes.

Cuanto uno menos ha aprendido por la experiencia, más crédulo es. Solo los ricos -menciona Brecht- pueden sobrevivir siendo inexpertos. En la circulación excesiva de la información el sujeto no está implicado como tal en la repetición de las noticias, lo que genera la información en la actualidad es que el sujeto asiste a ciertas catástrofes,  asiste a ciertos acontecimientos, pero la información produce una tipo de distancia que solo se consigue evitar en aquellas situaciones en las que es posible crear una especie de escena cotidiana en la que entonces si pareciera que es posible acercarse a entender como una experiencia propia lo que sucede. La literatura viene a  limitar esa dispersión del sujeto y le da a los acontecimientos la forma de una experiencia. Menciona Ricardo Piglia que uno de los motivos por los cuales leemos novelas es porque nos permiten defendernos de esa proliferación incesante de informaciones en las cuales estamos siempre indefensos, podríamos decir que siempre tenemos la sensación de estar mal informados.

  1. Una conclusión abierta

La literatura en muchas ocasiones nos acerca a experiencias lejanas y extremas en relación al lector enseñándonos que un robo, no siempre es un robo, que una manzana no siempre es una manzana, y que por muy monstruosos que puedan parecernos los actos a primera vista, un  humano siempre es un humano.

La lectura nos enfrenta a la cruda realidad de que muchas personas que han causado -grandes- tragedias son tan humanos como el lector, nos  invita a primero comprender y luego juzgar, en vez sostener un (pre)juicio simplemente guiado por pasiones. Sin embargo uno de los efectos más perturbadores es que, situados en las mismas circunstancias que los personajes, nosotros quizá habríamos cometido los mismos actos.

La literatura nos acerca a los otros invitándonos a ver más allá de ese acto que hizo destacar a alguien, nos lleva a ese intrincado mundo tejido de acciones y decisiones – tan ajenas y distantes de nuestra vida cotidiana- nos lleva a cuestionarnos si tomaríamos en caso de ser ese otro, de llevar esa vida las mismas decisiones y nos demuestra con humildad que nuestra experiencia no es la vida, sino un punto de vista de esta.

La literatura no es imperativa, no juzga, se limita a mostrar, para primero comprender humanamente (entendiendo al ser humano, como lo decía Pascal, con aptitudes de ser un héroe o un gusano, capaz de las mayores proezas o de las mayores atrocidades) y luego da la posibilidad de que cada lector ejercite su pensamiento, saque sus conclusiones y si lo desea, juzgue con plena libertad.


* Fuentes:

. “Los siete locos” y “Los lanzallamas” por Roberto Arlt

. “Escenas de la novela argentina” por Ricardo Piglia

. “Crímenes” por Ferdinand Von Schirach

. “Crítica y ficción” por Ricardo Piglia

. Entrevista a Diego Peretti

** Frases:

  1. La frase pertenece a Napoleón Bonapart
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