Entrevistas de cuento: Diego Sánchez Aguilar

Entrevistas de cuento: Diego Sánchez Aguilar

Diego, ¿te defines como cuentista? ¿O te manejas en otros géneros literarios? ¿Consideras que alguno de ellos te define mejor?

No, no me defino como cuentista. He publicado varios libros de poesía, de hecho, la gente me conocía más como poeta que como narrador. Y también escribo novela, y también me gusta el ensayo de investigación literaria. Concibo la literatura como algo extenso, más allá de los géneros. De hecho, mi intención con este libro de relatos era hacer un anti-libro de relatos, plantearlo como una novela, usar el mismo narrador en todas las escenas relatadas.

¿Recuerdas cuál fue el primer relato que terminaste, cuándo fue, y si se lo enseñaste a alguien? ¿Qué te impulsa a escribir un relato? ¿Es la forma natural de tu escritura?

No recuerdo cuál fue el primero, la verdad. En cuanto a lo de enseñárselo a alguien, suelo intercambiar mis manuscritos con algunos escritores y amigos de confianza. Siempre es necesaria una opinión externa, una visión objetiva que te haga salir de la extrema subjetividad de la escritura.

Como he dicho antes, no considero que el relato sea la forma natural de mi escritura. Escribo casi siempre por ideas generales, profundizando en ellas. Para mí, escribir es una forma de pensar, de profundizar en cosas en las que, sin la escritura, no podría hacerlo. Lo que me impulsó a escribir este libro fue precisamente esa vocación de pensamiento y análisis: quería entender ciertos aspectos de nuestra sociedad a partir de ese terreno silencioso y secreto del sexo cotidiano, y cada cuento era un intento más, una frase más de un gran texto que necesitaba para entenderme y entendernos.


No sé si el Premio Setenil es muy conocido para el gran público lector. ¿Podrías explicarles a nuestros lectores qué es y qué supuso para ti ganarlo en 2016?

Creo que el Setenil es un premio muy conocido y prestigioso entre escritores, pero no tanto para el “gran público lector”, si entendemos esto último como el público que, por ejemplo, va a la librería a comprar los premios Planeta, o demás literatura altamente promocionada por la industria editorial. El “Setenil” es un premio que se caracteriza por su honradez: lo han ganado escritores consagrados que publican en grandes editoriales y escritores desconocidos como yo que publicamos en editoriales independientes. Ganar este premio fue una inmensa alegría para mí y para la editorial Balduque, que apenas tiene dos años de vida, y que con este premio ha conseguido reconocimiento a nivel nacional.

¿Has pasado por el mundo de los concursos de relato? ¿Has estado en talleres de escritura creativa? ¿Cómo va surgiendo el Diego Sánchez Aguilar escritor?

No a casi todo. Es cierto que lo primero que escribí en mi juventud fue un relato, y que tuve la suerte de ganar un premio juvenil como fue el Creajoven de Murcia. A partir de ahí, no he vuelto a interesarme demasiado por los concursos de relatos. Más que nada, porque mis relatos, como los lectores podrán comprobar, no son “cuentos de premio”. Son relatos demasiado largos (la mayoría de los concursos tienen un límite muy estricto, en torno a las diez páginas) y, sobre todo, no son cuentos “perfectos”, no se adaptan al canon de lo que se considera un premio de concurso (ese cuento de juventud del que hablo sí lo hacía, jaja): no tienen un final sorprendente, no hay giros inesperados, no busco el “efectismo”.

Tampoco he estado en talleres de escritura creativa, básicamente porque, cuando yo era más joven y empezaba a escribir, no estaban tan de moda como hoy día. No era una opción, no lo teníamos a mano. Tal vez lo hubiera hecho. Pero es que tampoco me ha interesado nunca “ser un escritor”, y así ya voy enlazando con la última pregunta, nunca he tenido esa vocación de decir “quiero ser escritor y por lo tanto voy a aprender a escribir”. Yo he sido, ante todo, lector. De la lectura compulsiva pasé al análisis y el estudio universitario. Y de ahí, de leer, analizar y comprender a otros escritores, pasé a intentar mis propias creaciones, tanto en poesía como en narrativa. Pero, como dije antes, para mí es todo una misma cosa. Formas de pensar, de conocerme, de conocer el mundo.

Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino” es, sin duda, un título llamativo. ¿Buscabas epatar? ¿Cómo llegas a él? ¿Qué te dijeron en un primer momento tus editores (Balduque)? ¿Trabajaste el libro como un conjunto desde el principio? ¿Cómo llegas hasta una editorial pequeña pero que viene trabajando bien, como es Balduque?

Sí, obviamente, buscaba epatar o, más bien, buscaba jugar con el lector, hacerle un guiño. El título es una parodia de esos titulares sensacionalistas de revistas como el “Cosmopolitan” y otras similares, de una visión del sexo que me parece que está íntimamente relacionada (y esto es una de las cosas que he aprendido escribiendo este libro) con los mecanismos de la sociedad de consumo: deseo, doble moral, esquizofrenia, frustración…El sentido del título cambia radicalmente cuando se ha terminado la lectura del libro (o eso pretendía).

En cuanto a Balduque, nunca me pusieron ninguna pega, ni con el título ni con ningún otro aspecto del libro. Los editores son de Cartagena, ya los conocía antes de que lo fueran (especialmente al poeta José Alcaraz, cuya obra poética admiro) y fue todo muy natural. Cuando supe que estaba montando una editorial le di unos cuantos originales, y decidió apostar por el libro de relatos. Y el trabajo de Balduque es magnífico. Creo que hoy día hay pocas editoriales (salvo Jekyll and Jill, Candaya y pocas más) que hagan unos libros tan bonitos (materialmente) y tan arriesgados (literariamente). Es una auténtica suerte tener a los editores por amigos, sobre todo, si hacen un trabajo tan serio y cuidado como el que hacen ellos. También me gustaría destacar el gran trabajo de Sergio Urán, el genial ilustrador de la editorial.

¿En qué estás trabajando actualmente? ¿Eres supersticioso, maniático, rutinario, a la hora de escribir? ¿Dónde, cuándo, escribes?

Ahora mismo acaba de salir “Las célebres órdenes de la noche” (Ediciones La Palma), un libro de poemas que tenía terminado antes del libro de relatos pero que, por cuestiones editoriales, ha salido ahora. Estoy terminando una novela, y tengo algún otro libro de poesía terminado, esperando su momento para ser editado.

No soy supersticioso ni maniático. Lo único un poco más “extraño”, es que escribo en un viejo ordenador de sobremesa sin conexión a internet. Me gusta escribir en él, porque va rápido, no tiene la molestia de las actualizaciones, ni la distracción continua de las redes sociales. Escribo ahí, siempre que puedo, pero no tengo problema en hacerlo en un portátil, y de hecho lo hago con cierta frecuencia. El mayor problema es el tiempo. Desde que comenzaron los recortes, la Enseñanza Secundaria se ha convertido en un trabajo que requiere unas cincuenta o sesenta horas semanales. Eso deja muy poco margen para la escritura, obviamente.

Estamos intentando reflexionar sobre por qué el cuento no acaba de enganchar nunca a los lectores en general. Tú eres además profesor de Secundaria, por lo que tendrás algo que aportar. En los últimos años se está produciendo una importante incorporación de lectores adolescentes a la poesía. Una poesía sobre cuya calidad se puede discutir pero que se está vendiendo y leyendo. ¿Por qué crees que el relato no logra un público así? ¿Es un problema de lo que ofrecen los escritores, de cómo lo mueven las editoriales, de cultura y educación respecto al género?

Bueno, vamos por partes. En cuanto al relato, yo creo que es una cuestión de falta de riesgo editorial. Tradicionalmente, al menos en España, el relato no ha sido un género de éxito, se ha considerado un espacio de experimentación, que ni algunos escritores (de los más “famosos”) se tomaban realmente en serio, sino más bien como pequeños divertimentos entre novelas, o bien como ejercicios de estilo de aprendiz de escritor. Eso hace muchísimo que cambió, pero la industria editorial, por obvias razones económicas, siempre en la cuerda floja en un país tan poco lector como España, nunca termina de atreverse a dar el paso de publicar libros de relatos y de promocionarlos al mismo nivel que la novela. Es la pescadilla que se muerde la cola. Como las grandes editoriales no se atreven a dar ese paso, los lectores (el lector menos “literario”, menos “profesionalizado”) siguen considerando el género como una rareza, algo menor en importancia. Yo creo que se ha dado un cambio importantísimo en el mundo de la edición independiente, que ahora mismo está teniendo unas cifras de ventas muy buenas (siempre dentro de lo minoritario, claro) con libros de relatos. Ahora falta el paso de la gran industria. Antes o después lo darán, porque el lector disfruta igual de una novela que de un libro de relatos.

Recomiéndanos tres relatos, o tres autores, a los que debería acercarse alguien que está iniciándose en la escritura de este género.

Julio Cortázar es un maestro absoluto del género en su vertiente fantástica, misteriosa. Con la lectura de Cortázar, además, se está asumiendo también a Poe (el gran padre del cuento moderno, de autor, fantástico, y a Horacio Quiroga, un maestro uruguayo quizá menos conocido, directo heredero de Poe)

Jorge Luis Borges es mucho más que un cuentista. Porque nunca escribió novela, y supone el prestigio absoluto del género, la demostración radical de que a través del género se puede crear un mundo personal, universal, complejo e inimitable.

Si nos vamos al norte, en los EEUU hay dos cuentistas que no pueden faltar: Raymond Carver (el maestro de la elipsis, de la contención, de la mirada penetrante sobre lo cotidiano) y David Foster Wallace, que lleva el relato mucho más allá del relato, que abre todas las puertas, que rompe todos los moldes y que es la necesaria superación de esa idea del “relato perfecto”, del “mecanismo de relojería”, que es algo que yo he disfrutado mucho como lector, pero que no me interesa ahora mismo como escritor.

Por último, Diego, ¿nos regalas un cuento para nuestros lectores? ¿Nos lo presentas?

Os voy a “regalar” un cuento que no tiene absolutamente nada que ver con “Nuevas teorías sobre el orgasmo femenino”. Es un relato muy breve, con elementos fantásticos, sobre la escritura, sobre la relación entre el lenguaje y el ser humano, que es algo que siempre me ha fascinado: cómo el hombre está hecho de lenguaje, cómo todo lo que somos está determinado por una lengua que no elegimos, a la que nacemos, que nos abre y nos cierra el mundo a la vez. Todas esas ideas son las que me llevaron a escribir este relato que tuvo la fortuna de ganar el concurso “Rendibú”, de La Verdad.

Muchas gracias, Diego

Los Relatos de Culturamas

Puedes descargar aquí el relato El orden de los logópodos, de Diego Sánchez Aguilar

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