Paul Auster atraviesa ‘La ciudad de cristal’

Por Conchi Sirvent.

Leer a Paul Auster es lo que tiene: que compartes lo que te inspira, lo que te sugiere o lo que te impacta. No conozco a ningún lector de Auster que pase indiferente por sus libros y ¡ojo! deben existir –para gustos los colores- pero no los conozco. Y aquí estoy compartiendo mis sensaciones.

Cuando a principios de verano me llegó el tuit de Navona Editorial anunciando que editaban la novela gráfica de La ciudad de cristal, no me resistí a sus encantos y lo verbalicé en un mensaje casi, casi, como una oración desesperada: Yo quiero ese libro… y aquí lo tengo.

No soy una gran lectora de Paul Auster, se me han pasado varias novelas sin leer, pero cuando leo alguna de ellas las imagino como una sucesión de pantallazos en mi mente: para mi Auster es un autor plástico, describe las escenas de modo tan ordinario –lo cual es extraordinario- que es muy fácil meterse en el texto… otra cosa es bucear en él. Un autor que convierte lo más cotidiano en novela, en narrativa, en arte. ¿No os ha pasado con Smoke, El cuento de Navidad de Auggie Wren y con la Ciudad de Cristal?

Al ver la novela gráfica publicada en español me hizo pensar ¿y si fuera igual que lo que imaginé cuando la leí en narrativa? Y puedo decir que ha sido sorprendente el descubrimiento de la edición de Navona editorial. Pere Sureda y su equipo hacen un trabajo magistral, artesanal, minucioso en todo lo que publican: más que nada, se nota el oficio.

Si hay que destacar algo del todo, destacaría el trabajo en equipo de Paul Auster, Paul Karsik y David Mazzucchelli reunidos gracias a Art Spiegelman como bien explica este último en la introducción. Hubiera pagado por ver a todos en esa reunión aportando su granito de arena a semejante libro que es como un “doble” de la novela de Auster. Es como atravesar el “espejo de Alicia” pasas a una realidad que parece la misma pero es pura apariencia porque aquí hay una “realidad” misma. La obra de Paul Auster atraviesa el espejo con maestría, con su personalidad, de una forma natural –que implica mucho trabajo de síntesis, y de comprensión de la  obra narrativa. Puede que hayas leído el libro, cientos de veces, que lo hayas comprado, que te lo hayas descargado pero esta edición es especial. Es otro mundo posible en el mundo de Paul Auster. Sigue teniendo peso, profundidad, alcance, altura. Y  es un trabajo brutal condensado en unas páginas que llegan al público ahora gracias a Navona Editorial.

Cada viñeta es sugerente, te lleva como de la mano de una a otra, pero es insuperable el arte y el esfuerzo por sintetizar el texto original en los bocadillos de la adaptación a la obra gráfica. ¿Suerte? ¿Casualidad? ¿Oficio? No paséis de leer la introducción de Spiegelman antes  de disfrutar del texto y las viñetas ya que se trata de un imprescindible conductor de la novela gráfica La ciudad de cristal. No es baladí su contenido, al contrario, te hace apreciar el conjunto de la obra.

¿El mejor libro del verano? para mí sí, sin duda, y espero que para  los lectores también sea el suyo de otoño.

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