Carismático Ricardo Darín en una comedia sin vuelo

Por Horacio Otheguy Riveira

 

No cabe duda que Ingmar Bergman (1918-2007) fue uno de los creadores más importantes del cine y el teatro europeos (algunas de sus producciones como director teatral las hemos aplaudido en Madrid, como por ejemplo una inolvidable versión de La señorita Julia, de Strindberg). Tampoco cabe duda que Secretos de un matrimonio fue una miniserie de televisión carente de interés, pues el ya veterano volvía torpemente sobre su principal obsesión: las complejas relaciones amorosas entre personas nada convencionales. En esta ocasión sus constantes se volvieron simplonas y previsibles. Pues de esos lodos, este éxito que lleva años representándose en Buenos Aires con el título de Escenas de la vida conyugal. En aquella ciudad la estrenaron en 1992 dos magníficos intérpretes bien conocidos en España: Norma Aleandro y Alfredo Alcón. Después fue Darín el que repuso la misma función con dirección de Aleandro junto a Erica Rivas. Cada tanto, cuando el actor descansa entre película y película, vuelve a representarla. Ya estuvo en los Teatros del Canal con llenos diarios, como ahora mismo sucede, acompañado por otra joven: Andrea Pietra.

La continuidad de momentos de una pareja muy convencional que quiere y no puede aparecer como rompedora creación “de un amor imperfecto” permite una hora y cuarenta minutos con algunas risas y ninguna emoción, tiempo en el que se hilan desganadamente escenas francamente escasas de contenido por dos personajes muy vacíos que a veces están a punto de coger vuelo, pero no, se quedan en el mero carisma de un actor que sin ser extraordinario da el pego no más aparecer en escena, tan bueno es su dominio de la ironía, de las pausas, tan bella su voz y tan suya su manera de moverse… que da la impresión de componer un gran personaje. Sólo al acabar la representación se confirma lo que se veía venir: que por mucho Darín que se le ponga no se consolida una comedia dramática acerca de los altos y bajos de un matrimonio inverosímil aunque los intérpretes se empeñen en parecerse al común de los mortales.

Pero, al fin de cuentas, es un extraño caso teatral que hace tiempo no se ve por estos lares: se trata de un fenómeno, un monstruo no de feria, sino como antiguamente se definía a los actores que antes de aparecer en escena ya tenían conquistado al público, espectadores felices desde el mismo instante en que sacan las entradas. Lamento no compartir tal euforia ni ahora ni antes, cuando en 2003 Darín protagonizó la versión argentina de Arte, de Yasmina Reza, montaje penoso que llenó todas las funciones las dos veces que en sala grande se repuso, con un público enfervorizado ante la simpatía del actor.

Aunque el espectáculo es muy pobre en todos los sentidos, estas Escenas de la vida conyugal sólo se soportan enganchados al estilo del actor. Su compañera se defiende bien, es voluntariosa, pero siempre a su sombra, probablemente demasiado joven para el papel de madre de dos adolescentes, del mismo modo que parece sobrar la escasa escenografía, la pobre iluminación y reiterativa melodía que enlaza los cuadros creando muy larga espera entre uno y otro.

 

 

 

 

 

Teatros del Canal. Sala Roja. Hasta el 22 de octubre 2017.

Agotadas las localidades, sólo quedan dos plazas en España donde poder asistir a este auténtico fenómeno llamado Ricardo Darín:

BARCELONA

Teatro Tívoli – Del 25 al 29 de Octubre (X y J, 20.30 h. V y S, 21.30 h. D, 18.30 h.)

 

BILBAO

Teatro Campos Elíseos – Del 1 al 5 de Noviembre (De X a S, 20 h. D, 19 h)

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