Manuel Morón: “Lo solidario está en desuso”

Una entrevista de Yolanda Moreno

 

Habilitar una sala para fumar, smoking room, como dicen los americanos, es el objetivo de un empleado que decide reunir firmas. En principio todos sus compañeros le van a apoyar, pero una serie de excusas para evitar formar parte de esa lista demuestra  que casi todos tienen algo que ocultar.

La adaptación teatral de la película Smoking Room (2002), de Julio Walovitz y Roger Gual, se estrena el 12 de octubre en el Pavón Teatro Kamikaze de Madrid, donde se representará hasta el 19 de noviembre, para después continuar con una intensa gira en nuestro país, bajo la dirección del propio Roger Gual y un elenco de seis reconocidos actores: Secun de la Rosa, Miki Esparbé, Manuel Morón, Pepe Ocio, Manolo Solo y Edu Soto.

Entrevistamos a Manuel Morón, un rostro habitual del cine español (La noche de los girasolesEl Bola, Celda 211, 7 años), que hace doblete con Smooking Room, tras actuar en la película y ahora también en la obra teatral.

 

El director dice que es una adaptación bastante fiel de la película, pero con personalidad propia. ¿Qué nos vamos a encontrar los que vayamos a ver esta función?

Prácticamente los diálogos son los mismos, aunque se han reducido personajes. Es una adaptación fiel pero del guión original, que no fue precisamente el que se estableció en la película. En ella había más de 15 personajes y aquí en la obra se han reducido a seis. Se mantiene el núcleo y conflicto fundamental que es el detonante que se dispara cuando uno de los empleados de la oficina empieza a hacer algo con lo que en un principio todo el mundo está de acuerdo, pero al final nadie quiere dar la cara. Todo eso se conserva, pero hemos tratado de poner más de manifiesto los comportamientos, lo que ocurre, qué pasa con cada uno de los personajes cuando llega la hora de ser responsables o de dar la cara por algo. En los tiempos que se hizo la película no era tan difícil, pero ahora sí es un poco más complicado este tema. También en el año del largometraje todo el mundo fumaba y ahora nadie fuma. Quedaba un poco obsoleto el asunto de la solidaridad para conseguir una sala para fumar, y se ha puesto más el énfasis en todo el tema del compañerismo, la solidaridad, los valores que hemos ido perdiendo, que aún tenemos pero que ya no ponemos de manifiesto por el miedo: el miedo a que te despidan, a que te dejen de hablar, a que te pongan una mala cara… mucho miedo.

¿Se nota el cambio de la sociedad de hace 15 años a la de ahora?

Sí, se nota que el miedo está haciendo su trabajo en nuestra sociedad. Está claro que es una estrategia de poder, es una cuestión política para asustarnos. Antes teníamos la calle, que era un territorio que habíamos conquistado, y ahora no tanto. La seguimos teniendo pero hay bastante temor. Hoy en día todo se queda en hacer un tweet, pero no para pasar a la acción. La acción se ha sustituido por eso, por una queja en Facebook o por un tweet, y como hay tantos, millones y millones al día, desaparece. Las redes sociales no tienen tanto calado como la calle. La calle sí tiene una protesta más social y multitudinaria, de mayor importancia de cara al poder.

El texto habla de lo difícil que es para la mayoría de los seres humanos llevar a cabo un proyecto en común, ¿qué nos pasa a las personas hoy en día?

Está relacionado con lo que comentaba, con la amenaza o el susto, con el hecho de que te puedas quedar sin trabajo, que te bajen el sueldo, que te pongan en una lista negra… Yo creo que en el fondo tiene que ver con eso, porque la gente sigue teniendo los mismos problemas o más, los sueldos no avanzan sino que  se reducen, y ya no existen las movilizaciones de antes. Lo solidario está en desuso. No me atrevería a decir que mal visto, pero ya no se mira con los mismos ojos porque se trata de tu propia seguridad individual. Y es lógico porque somos humanos y hay un temor muy grande ante lo que el poder ha hecho con la economía para atemorizar.

Smoking Room fue una película que recibió muy buena acogida, ¿condiciona esto de alguna manera ante el estreno de la obra?

No lo sabemos. Tú has leído previamente una novela de la que se ha hecho una película, y de alguna manera tienes cierto impacto y condicionamiento. En este caso puede ser igual. Aunque yo recomiendo que se vaya a ver la obra con ojos nuevos.

En la película hiciste de Rubio y ahora en la obra de teatro interpretas a Armero, ¿qué destacas de él?

Armero es el director de la sucursal. Es un hombre que ya está próximo a la retirada laboral, con mentalidad de funcionario, que ha tenido una trayectoria digna en la empresa, tiene familia… Y de repente se le presenta un negocio, que no es tal, sino una oportunidad de robar muchísimo más dinero que lo que le quedaría con su pensión. Tiene este dilema. Es una ocasión que no se va a presentar más, pero es delicado hacerlo y aprovecha la coyuntura de la recogida de firmas para cargar el desfalco que van a hacer a Ramírez, el empleado que recoge las firmas para habilitar una sala de fumadores. Pero esto es mejor verlo que explicarlo.

Y de la puesta en escena, ¿qué nos puedes adelantar?

Es muy funcional, limpia, al servicio de la actuación, delicada y sutil en cuanto a la iluminación. Son tres mesas de despacho, un par de paneles y luz. Es muy sencillo, las transiciones se van haciendo con luz y en eso ha radicado la adaptación a teatro, porque en el cine es mucho más fácil pasar de una cosa a otra, pero el teatro tiene otro lenguaje.

¿Por qué el espectador debe ir a ver Smoking Room?

Porque se va a encontrar una hora y media de diálogos muy brillantes, que le va a resonar si no a sí mismo, al vecino que tiene al lado, o al compañero de trabajo. Es una obra que tiene mucho humor, bastante ácido, y es muy brillante, con unos diálogos muy chispeantes. Se va a encontrar con una mirada hacia cómo y quiénes somos, y una lectura esperanzadora para abordar el tema de mirarnos los unos a los otros, sin que esté en peligro tu propia integridad.

Ya son muchos los trabajos a tus espaldas. ¿Qué balance haces de tu carrera hasta ahora?

Puedo decir que tengo mucha satisfacción por lo que me ha tocado hacer, por cómo va mi carrera, por los compañeros y directores con los que he trabajado y he aprendido, tanto en cine como en teatro, y en televisión también, aunque en esto último he hecho poquito. No sé qué balance hacer, lo que sí sé es que estoy muy contento. He podido elegir dentro de lo que humildemente me ha llegado. En cierta manera me he sentido un poco privilegiado en esto y no he tenido que hacer cualquier cosa para ganarme la vida, sino que todos los proyectos que me han llegado los he podido elegir, y me siento con un lugar en la profesión y con bastante satisfacción de pertenecer al mundo cinematográfico y al mundo teatral español.

Supongo que es difícil elegir, ¿pero hay algún proyecto que guardes con más cariño?

El cariño casi siempre es con el personaje que tengo entre manos. Pero en la lejanía la verdad es que no tengo una predilección, aunque tenga unos trabajos más destacados o más reconocidos que otros, o unos me hayan gustado más que otros. Analizándolo con el paso del tiempo, de todos tengo un recuerdo estupendo. Si no es por mi trabajo en sí, me he quedado con el trabajo que hice con otros compañeros, con la relación con el director o con el equipo técnico, o con el hecho de haber conocido a gente interesante, con cabezas muy bien puestas. He tenido la suerte de no poder decir “qué horror, este trabajo no lo hago más”.

¿Y algo que aún no hayas interpretado y te gustaría hacer?

Quizás me gustaría hacer más teatro, más textos de Shakespeare, de Chéjov… Un anhelo quizás serían autores como estos. Y luego también en televisión, con nuevas series que se están promoviendo, en las que prima mucho más la calidad, y menos la audiencia y lo familiar o sensiblero. Aunque en esto ya estoy participando, en enero se estrenará La Peste, que es una producción de este tipo, y tengo proyectos también para más adelante.

Fotografía: Sergio Lar.

Otra faceta tuya es la de la docencia, en el Estudio Corazza de Madrid.

Sí, ha sido mi anclaje en la formación. El hecho de participar en la evolución y el talento de Juan Carlos Corazza ha sido un punto muy importante en mi vida artística. Es un hombre con una presencia muy potente en el panorama teatral español, una actuación que ha innovado y que sigue innovando. Para mí ha sido muy revelador e importante participar a su lado. Yo me formé con él, y antes con su maestro, que fue allí donde lo conocí en Buenos Aires ya hace muchos años, Carlos Gandolfo, y cuando Juan Carlos se vino a España ni lo dudé. A mí me encanta la investigación, es lo que más me gusta de mi profesión, lo que nosotros llamamos la cocina. Después servir el plato para el público también me gusta, pero realmente donde me lo paso bien es cocinando. La docencia tiene mucho de esto, de cocinar, de ver dónde te equivocas, cómo atravesar los bloqueos o los atascos, cuándo vienen momentos de inspiración… es realmente apasionante.

Desde tu punto de vista, ¿qué cualidades tiene que tener un actor?

Humanidad, sensibilidad, apertura, flexibilidad, y sobre todo mucha vocación. Mucho coraje y espíritu de sacrificio porque es una profesión que te da muchas satisfacciones, pero claro, esto va ligado también a mucho sacrificio y tesón.

¿Y cómo ves el panorama teatral en la actualidad?

Veo que hay mucha gente de talento, pero también muchísima individualidad y echo de menos algo más global, más común, más entre nosotros. Parece que hay cosas muy buenas, gente muy valiosa, cada vez más, pero echo en falta la fuerza del grupo, la fuerza común. Hay mucho donde elegir. Quizás se trabaja con demasiada prisa, y la calidad se resiste. Pero hay cosas muy buenas, gente de mucho talento.

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