Ha vuelto (2014), de David Wnendt

 

Por David Blanco.

Hace unos días, el estreno en Netflix de Fe de etarras despertaba cierta polémica por su visión patética y ridícula del terrorismo de ETA. Independientemente de su calidad como producto audiovisual, sí resulta atractiva la capacidad de la cinta de reírse de los terroristas y de encontrar un enfoque optimista sobre la derrota de una lucha tan carente de sentido como casi todas las luchas armadas.

En Ha vuelto (Er ist wieder da), también disponible en Netflix, el humor vuelve a explotarse para burlarse de algo todavía más dramático y doloroso: el nazismo. Y la conclusión en este caso es bastante más preocupante.

Nominada tanto en los Premios del Cine Alemán como en los del Cine Europeo, destaca la extraordinaria interpretación protagonista de Oliver Masucci. No están al mismo nivel ni el resto del reparto ni el montaje, pero sí hay que reconocerle un buen ritmo al guion, basado en la exitosa novela homónima de Timur Vermes. Sin duda, se podría haber explotado más y mejor, pero es innegable que la historia es incluso más actual que cuando se publicó en 2013. Una historia que parte, como Fe de etarras, de una premisa absurdamente divertida:

Adolf Hitler despierta, sin explicación y sin recordar nada desde 1945, en el Berlín contemporáneo. La Alemania que encuentra poco se asemeja a la que él dejó hace 70 años: segways por la calle, Polonia todavía existe, turcos viviendo en Berlín, ordenadores, televisiones, selfies… Sus primeros días y semanas, acompañado por un reportero de televisión recién despedido, transcurren como en tantas otras comedias en las que alguien se enfrenta a una realidad a la que no pertenece. Pero Hitler empieza pronto a comprender la Alemania de 2014 y comienza a articular su mensaje para el renacimiento del nacionalsocialismo. Convertido en estrella mediática tras ser percibido como un humorista que se mete por completo en el papel del dictador, la televisión le ofrece la plataforma propagandística que desea para alcanzar a una audiencia que, aunque le toma a broma, se muestra preocupantemente de acuerdo con gran parte de lo que dice.

Lo que arranca como una desternillante comedia –hace falta, hasta cierto punto, conocer la sociedad germana para entender algunos gags– se va convirtiendo en una auténtica reflexión sobre la posibilidad de que un Hitler moderno pudiera volver a alzarse en el corazón de Europa. No es la primera vez que esta posibilidad es considerada en el cine alemán, pero las conclusiones pocas veces habían sido tan poco esperanzadoras. Y no tanto por la ficción que muestra la película, que no deja de ser eso, ficción, sino porque las reacciones de los ciudadanos alemanes ante el falso Hitler son auténticas, tomadas de personas reales con las que se cruzaba el equipo de rodaje. Y ver a gente en el siglo XXI haciéndose selfies con Hitler, realizando el saludo nazi o comentándole al actor que el mayor problema de Alemania son los inmigrantes, da mucho que pensar. Es cierto que el regreso del nazismo está casi descartado –y afirmar lo contrario es demagógico–, mas el ascenso del populismo podría dar lugar a situaciones que deberían pertenecer al pasado. Y esto, como se defiende en la parte final del film, no solo afecta a los sectores más radicales de la población, sino también a esas personas normales que en los últimos meses han alzado a partidos de cuestionable ideología a posiciones en los que nunca creíamos que volverían a situarse.

Hace unas semanas la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) entraba por primera vez, y como tercera fuerza, en el Parlamento Alemán. Recientemente el Partido de la Libertad Austriaco (FPÖ) se disputaba la segunda plaza en las elecciones legislativas con los socialdemócratas y se colocaba con serias opciones de entrar en el Gobierno de Austria. Las figuras de Geert Wilders en Holanda, de Marine Le Pen en Francia, de Donald Trump en Estados Unidos o de Nigel Farage en Reino Unido también han demostrado recientemente la fuerza que ideas populistas, nacionalistas y radicales pueden tener en países modernos y democráticos.

Puede que la vis cómica del film nos impida reflexionar lo suficiente sobre estos aspectos. Y tampoco podemos olvidar que se trata de una ficción, con escaso valor sociológico y sujeta, como todas las ficciones, a la manipulación del director, David Wnendt, que reconoce haber intentado “no tomarse a Hitler demasiado en serio”. Por suerte esto es así y consigue que Ha vuelto pueda ser vista como una simple bufonada. Por desgracia, también puede ser percibida como algo más complejo y profundo. Porque Hitler no va a volver, pero deberíamos tener cuidado con sus imitadores.

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3 respuestas a Ha vuelto (2014), de David Wnendt

  1. Pues bien que Hitler, o al menos el nazismo, ha vuelto a Cataluña.

    Tanto es así que, si es un catalán quien modera los mensajes, me eliminará éste.

    zaskaburcio
    1 noviembre 2017 at 13:53 pm

  2. Tus comentarios revelan que tu conocimiento histórico de Hitler y del nacionalsocialismo alemán lo has tomado de la historia que le dan a las masas. Mi padre provino de ese Nacionalsocialismo y no tienes ni la más remota idea de lo que fue. Te recomiendo que leas a los revisionistas históricos Ernest Zundel, David Irvin, Joaquín Bochaca, Pedro Varela para que entiendas en toda su dimensión a Adolf Hitler. Ssludos

    Franz Wachauf
    11 noviembre 2017 at 5:37 am

  3. Sr. Franz Wachauf, Perdone mi pregunta, pero ¿estuvo su padre trabajando en un hotel en Ciudad de México DF, y antes de eso en el barco Orinoco de la línea Hamburgo-América y antes de eso desde Komotau – Leipzigerstrasse 27? Si es así, realmente debo hablar contigo. Por favor, deja una forma de contactar. Peter magic_crazybear@volny.cz

    Peter
    6 julio 2018 at 18:06 pm

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