El muñeco de nieve (Harry Hole 7) de Nesbo Jo

El muñeco de nieve (Harry Hole 7)

Nesbo Jo

Editorial: Reservoir Books (Roja & Negra)

Ficción, Novela negra

Por Juliano Ortiz

En una entrevista que le hicieron hace poco más de un año, Jo Nesbo afirmaba que el detective Harry Hole, era un ser que no tenía talento para la felicidad. En su séptima aparición, el detective se enfrenta al mal, esta vez en la forma de un asesino en serie, y permite que el lector se pregunte, ¿llevamos la maldad dentro desde que nacemos? ¿Es fruto de lo que vivimos?”.

No solo esas preguntas quedan en el aire de la reflexión luego de leer la excelente novela de Nesbo, también muchas otras, a partir del ambiente que rodea al detective de su invención y a varios de sus personajes secundarios.

El escritor confirma el éxito de las novelas negras modernas, y escandinavas sobre todo, desde un punto de vista realista y nunca ajeno a lo que puede llegar a vivir cada día,  “la novela negra intenta describir situaciones donde las cosas tienen sentido”. Y en ese sentido de la realidad, Nesbo utiliza personajes creíbles, quizás con algunos clichés propios del género, (Harry Hole es alcohólico, solitario, muchas veces desbordado sicológicamente, esperando una redención en forma de algo que él nunca llega a saber), situaciones de lo más escabrosas y macabras, y un estilo narrativo que invita a continuar leyendo y leyendo.

Jo Nesbo no tiene que envidiarle nada a sus colegas literatos. Solvente, eficiente, directo, mostrando los vaivenes de la conducta humana sin caer en lo melodramático ni en esos recursos bajos de impacto moral. Nesbo impacta con una potencia expresiva significativa, llevando el ritmo a límites insospechables y manteniendo el suspenso en cada línea. Nesbo sabe lo que el lector quiere y se lo entrega como un sádico escritor que disfruta morbosamente de lo que no sabe su víctima.

En lo que respecta a la historia en sí, El muñeco de nieve tiene todos los elementos para transformarse en uno de los clásicos de la novela negra de suspenso. Dolor, muerte, deseo, miedo, locura, son solo algunos de los vértices que el autor utiliza con maestría y que se representan en ese terrorífico y glacial muñeco de nieve que aparece cerca de las casas donde habitan las mujeres que son asesinadas. Todo es adictivo. Como una gran marea que cubre la playa y engulle a sus ocasionales moradores, la historia es humana, intensa, inmensamente protagonizada por un detective que parece tan de carne y hueso que por momentos asusta.

Harry Hole, en esta ocasión, tiene como compañera a Katrine, otro personaje altamente logrado y que merecería ser, alguna vez, parte principal de una novela policial. Con estos dos detectives, más una historia inquietante, cruda y compleja Nesbo consigue desplegar una trama oscura y muy consistente atrapando desde la primera página.

“…Jonas pudo percibir a su espalda la sonrisa en la voz de su madre, que hablaba sin aliento desde el umbral, mientras él se apresuraba a poner los cubiertos y los vasos tan rápido como podía.

— ¡Y qué muñeco de nieve tan grande y tan bonito habéis hecho!

Jonas se volvió extrañado hacia su madre, que se había desabrochado el abrigo. Era muy guapa. Tenía la piel y el pelo morenos, igual que él, y era suave, con una suavidad que casi siempre se manifestaba en los ojos. Casi siempre. No estaba tan delgada como en las fotos de cuando ella y su padre se casaron, pero el niño se había dado cuenta de que los hombres la miraban cuando los dos iban al centro a dar un paseo y pasarlo bien.

—No hemos hecho ningún muñeco de nieve —dijo Jonas.

— ¿No?

La madre arrugó la frente mientras se desenrollaba la bufanda grande y rosa que él le había regalado por Navidad.

El padre se acercó a la ventana.

—Habrán sido los chicos del vecino —dijo.

Jonas se subió a una de las sillas de la cocina y miró por la ventana. Y, en efecto, allí, en el césped, había un muñeco de nieve. Era como había dicho su madre: grande. Le habían hecho los ojos y la boca con piedras y la nariz era una zanahoria. El muñeco de nieve no tenía sombrero, ni gorro ni bufanda, y solo un brazo, una ramita delgada que Jonas supuso que procedía del seto. Pero había algo extraño en aquel muñeco. Estaba mal colocado. No sabía por qué, pero debería mirar hacia la calle, hacia el espacio abierto”.

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