Al habla con Presina Pereiro y su ‘Crónica del mal amor’

Por Alberto Medina.

Foto. Laura Fernández Pereiro

En una Málaga más mora que cristiana, transcurre la historia de María, una esclava otomana que es vendida a un comerciante de Castilla. “Crónica del mal amor” es la nueva aventura literaria de la malagueña Presina Pereiro. Hablamos con Presina para adentrarnos tanto en su labor investigadora como en otras facetas de su vida.

¿Te podrías presentar para aquellas personas que no te conocen?

Por supuesto. Más allá de los datos biográficos al alcance de cualquiera, tengo poco que añadir. Pertenezco a la generación que asistió al arribo de la democracia y creyó en ella; esa generación que trabajó para cambiar la herencia del franquismo y celebró logros que en la actualidad quizás serían debatibles. Solo eso, mis vivencias son comunes a las de la mayoría de aquellos jóvenes españoles que ahora, en la madurez, se cuestionan si nuestro esfuerzo realmente se materializó en lo que imaginamos.  A destiempo y a contracorriente, superando obstáculos, y, por supuesto no de la misma manera ni con la misma eficacia que Neruda, hoy Confieso que he vivido: he formado una familia, tengo amigos, he conocido de cerca la muerte, he viajado, he militado, he leído y he tratado de conseguir lo único importante: ser persona.

¿Cómo tropiezas con esta historia?

Podría decirte que de una forma casi misteriosa, algo intuitivo, sensible. En la contraportada de la novela he tratado de transmitir todas las sensaciones que he sentido mientras escribía. Inexplicablemente la carta de compraventa de una esclava otomana registrada en uno de los muchos protocolos notariales que he vaciado, me provocó un sentimiento desconocido y extraño, dejé de ser investigadora para pasar a ser la voz de esa mujer cuya esencia me pareció que continuaba atrapada en el papel.

¿De dónde te has inspirado para los personajes? ¿Hay algo en ti de la protagonista?

Me inspiro en lo que hay a mi alrededor. Creo que el objetivo de toda novela debe ser el conocimiento de la condición humana. Por eso observo, entablo conversaciones con desconocidos, soy como una chiflada que charla en los semáforos, en el ascensor o en la sala de espera de la seguridad social. Ahí están, ellos son los personajes que me ofrecen un gesto, una palabra, un ademan… A veces no tengo que salir a la calle, los encuentro muy cerca, en la familia, en los amigos o incluso en un entrevistador. María, la protagonista de “Crónicas del mal amor”, es una mujer normal, con sentimientos normales y con un profundo mundo interior. Quizás compartamos el amor a los libros.

¿Cómo ha sido el trabajo de documentación en el libro? Supongo que habrá sido lo más complejo.

Este es un caso especial, no he necesitado viajar, ni hacer entrevistas, ni mirar fotografías, es obvio. Lo cierto es que el trabajo de documentación estaba hecho de antemano; durante cuatro años me dediqué en exclusiva a investigar este periodo de la historia. Cuatro años a tiempo completo en el Archivo Municipal, en el Archivo Histórico Provincial, en el Diocesano, en el Archivo General de Simancas, en el Histórico Nacional, en el General de Indias…, cuatro años de leer cada estudio, cada aportación, cada libro que se editaba. Tiempo de publicar mis propias conclusiones sobre el caso de Málaga. Más difícil ha resultado adentrarme en la mentalidad de las personas del XVI, fue una época de grandes reformas en el pensamiento.

¿Fue fácil introducir en el libro la sensación oscura de aquel siglo?

La oscuridad, tanto como la luz, son sensaciones que pueden reflejarse con facilidad y espero haberlo logrado. Si te refieres a la oscuridad en que la literatura envuelve el reinado de Felipe II, yo creo exagera, que es fruto de la Leyenda negra que suscitó su política. En mi opinión no todo era oscuro. Fue un período complejo pero no tenebroso. No olvidemos que fue el siglo de Cervantes, de Teresa de Jesús, del Escorial, de la colonización de América, de la preciosa música del renacimiento que Maria, solía interpretar en su clavecín, ella tocaba las partituras de Antonio Cabezón y leía a Petrarca y a Garcilaso, no, no todo era lóbrego. Más que oscuro, negro, era el Santo Oficio pero no privativo del siglo. El rey vestía de luto, la moda de la corte era sobria, las epidemias sembraban el color negro en las ropas y las calles Málaga en el atardecer, sin luminarias eran sombrías; sombrías e inquietantes, puesto que no dejaba de ser una ciudad portuaria, una ciudad de embarque de soldados y galeotes, de tabernas y prostitutas. Una ciudad vieja y sin embargo con población de escaso raigambre dada las características de su incorporación a la Corona de Castilla. Pero las fiestas eran un estallido de color… como ahora. Y hay varias durante estos años.

¿Una historia donde se trata también el amor ¿puede ser un reto a los lectores más conservadores en novela histórica?

No hay retos sino ofertas. La relación de María y Andrés es amor, eso es evidente, pero amor sometido a las circunstancias. Un amor que sirve de vehículo para profundizar en la mentalidad del periodo. No obstante, en cualquier caso, no es una novela histórica que retrate un personaje o un hecho sino que está más cerca del carácter de El Hereje de Delibes o de El Medico y El último judío de Noah Gordon.

No hemos leído todavía tu novela (desafortunadamente). Pero aparte del amor y la historia ¿Existe lugar para la aventura?

Para la aventura y para la intriga ¿Hay más aventura que ser apresada en Lepanto?, He tratado de englobar todos los aspectos de la vida en la España del XVI, por tanto en el argumento hay cabida para la aventura, las revueltas antimonárquicas, la religión, el erotismo, el sexo, la sororidad, la resiliencia…

¿Y siguen existiendo esclavos en occidente? ¿La mujer esclava es una metáfora a la situación de la mujer en la actualidad?

Este verano, un periódico nacional, informaba de que siguen organizándose subastas de esclavos en Libia, donde por 400 $ USA es posible adquirir un joven. Es un horror, algo inconcebible y que desconozco. Pero la esclavitud de la que trata la novela no es solo la de cadenas y de propiedad registrada. La libertad, que es el eje central del argumento, es entendida como la facultad de actuar según el propio criterio, a María se lo impedía un contrato, a determinados hombres y mujeres actuales las coacciones del entorno, y a la mujer, especialmente, su propia condición. Sí, de alguna manera, la esclavitud es una metáfora de la situación de algunas mujeres.

¿Te han influenciado otros escritores de ficción histórica?

Supongo que sí, pero no sabría concretar ninguno en especial. Mi acercamiento a la novela histórica no ha sido exactamente a través de la ficción.

¿Seguirás profundizando en la novela histórica o buscarás otras inspiraciones?

Tengo tres novelas esperando en el cajón de mi escritorio. Una de ellas es del género negro, creo que muy novedosa literariamente, las otras dos bien podrían definirse como novelas con marco histórico potente, casi históricas, pero no puedo escribir una novela sin que mi atención se centre en la conducta humana, y en la conciencia colectiva.

Foto: Jorge Pereiro.

Hablamos sobre tu libro en una fecha tan importante en el calendario como el 25 de noviembre, día contra las violencias machistas ¿Cómo conseguimos que haya más mujeres escritoras en un mundo dominado por hombres? ¿Se exige más a una escritora que a un escritor?

Me uno al dolor de las víctimas, me uno a las protestas sociales pero, entiendo, que la violencia no es machista, es simplemente violencia que a veces se ejerce sobre la mujer y que casi siempre lo hace sobre el más débil. La violencia, machista o no, es una lacra social, un asunto complejo que, de alguna manera, atañe a parte de la propia naturaleza humana y que solo la educación podrá erradicar. Respecto a si se exige más a una escritora, podría decirte que sí, quedaría bien, pero opino que actualmente la literatura comienza a no distinguir en función de sexo sino de calidad. Supongo que las editoriales discriminan más por mercado que por género. En cualquier caso, sí es cierto, que el juicio sobre el trabajo de una mujer siempre es más exigente.

Y hablando de asuntos técnicas ¿sigues alguna rutina o manía a la hora de escribir? ¿Cómo nos enfrentamos al miedo de la hoja en blanco?

No, eso creo, aunque lo cierto es que necesito la soledad. Lo único que necesito es mi mesa, mi pluma, mis papeles revueltos, mis notas y el silencio, separarme de todo lo que no sea el silencio y mis personajes. Escribir me absorbe. Soy metódica, me levanto casi de madrugada para aprovechar ese silencio tan inspirador, y no, nunca he sentido miedo ante un folio en blanco, escribo, escribo lo que me bulle en la imaginación, desordenado o no, espontáneo, a veces lo desecho o lo rehago.

¿Desde cuando escribes?

Siempre lo he hecho, desde niña, sin pretensiones, solo para mí. La Historia con mayúsculas ocupó gran parte de mí tiempo y mi esfuerzo y eso se plasmó en libros, colaboraciones en revistas y ponencias siempre dentro de la más estricta investigación histórica.

¿Y cómo traspasaste la frontera hacia la ficción?

Soy lectora. Quizás desordenada, sin guía ni criterio selectivo, pero capaz de consumir toda la literatura que cae en mis manos. Contaba con ese bagaje y, cuando la casualidad me alejó de la Historia y me dejó varada, me até a la pluma e imaginé vidas. En realidad retomé algo que solía hacer, lo cierto es que yo era una niña traviesa que mientras pasaba largos ratos de “cara a la pared” buscaba ficciones entre los resaltes del gotelet.

¿Y cuáles son tus lecturas favoritas?

Supongo que mi novela favorita es Anna Karenina, la he leído varias veces y pienso seguir haciéndolo. Hay muchos autores que para mí han sido maestros, Camus, Hemingway, Neruda, Benedetti, Borges… qué sé yo, muchos autores y muchos libros.

¿Ha sido un reto cambiar de registro respecto a tu primera novela publicada “No dejes de buscarme”? ¿Cómo eliges el tema de tus novelas?

No podría escribir siempre sobre el mismo tema, ni sobre la misma época, ni sobre el mismo argumento. Solo la persona permanece como centro de todo lo que escribo. Y ese cambio no es un reto sino una exigencia íntima; aprendo con cada novela, me enriquezco. Supongo que el tema es el que me elige. Cada vez que he decidido escribir sobre algo ha sido como repuesta a mi propia inquietud, a la necesidad de acercarme a un periodo determinado y bucear en los motivos por los que ciertos acontecimientos ocurren.

Dos novelas publicadas en un único año. Enhorabuena ¿cómo lo consigues? ¿Tienes muchos libros por publicar?

Gracias. Trabajo, trabajo y trabajo, creo más en el esfuerzo que en la inspiración; no concibo al escritor como un mago sino como un profesional de la imaginación y la palabra. Tengo tres novelas terminadas y sigo escribiendo otra.

Tu novela trata de una esclava otomana, alguien que tuvo que dejar sus raíces ¿qué significa para ti la palabra “hogar”?

Mucho más que un lugar, más que una casa. El hogar es el refugio al que queremos regresar cada noche. El de María está en su interior, en sus libros, en su memoria y en un leve atisbo de esperanza. Lo demás son ilusiones.

¿Seguirás presentando el libro en otros puntos de Andalucía? ¿Dónde poder comprar tu libro?

De momento estoy muy contenta con la acogida de los malagueños y espero presentarlo en otras ciudades. Es fácil, está en Prometeo, Luces, Ancora, La Casa del Libro, Rayuela, Mapas y compañía y FNAC.

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