‘El arte de morir dos veces’, puro thriller en la América profunda

Por Pilar M. Manzanares.

Reconozco que el título de esta novela llamó mi atención e hice lo que se suele hacer: leer la sinopsis y las primeras páginas. Inmediatamente supe que no me encontraba ante otro de los muchos relatos adocenados e insustanciales que inundan las librerías.

Este es el tercer libro de Alonso Barán y tras leerlo llegué a la conclusión de que es una apasionante propuesta de un autor que entiende la vida de una manera filosófica, y eso dota El arte de morir dos veces de un atractivo especial componiendo un thriller adictivo, dinámico y diferente, con unos personajes extraños e intrigantes, y unos escenarios a veces desoladores, a veces inspiradores, pero que siempre te trasladan a la América profunda, que es donde se desarrolla la historia.

El suspense es impecable, no puedes dejar de leer el libro. Los capítulos no contienen nada de «paja», todos los sucesos son relevantes y se encadenan unos a otros imprimiendo a la narración un ritmo vertiginoso. Cuando crees que nada más puede pasar, la narración da un giro imprevisto que el autor engarza con otro giro, de forma que te resulta imposible abandonar a los personajes a su suerte.

En El arte de morir dos veces Alonso Barán compone un thriller inspirándose en el existencialismo para estructurar la narración: Alex, el protagonista, finge su muerte para escapar de sus deudas, roba una importante suma de dinero a sus jefes, se hace con una nueva identidad y huye a través de los EEUU para que su pasado no le encuentre. Quiere llegar a México para empezar una nueva vida, lo que no sabe es que el dinero que ha robado pertenece a Solomon Schwarz, un ex militar que le persigue sin descanso, una clara alusión a la muerte que va tras todos nosotros nada más que nacemos, o en el caso del protagonista, cuando empieza su nueva vida como Newt Mann: Nuevo Hombre.

Los otros personajes principales, el matrimonio de policías, Becky y Moses Mitchell, no saben que está ocurriendo y avanzan a ciegas tras la estela de Alex y Solomon, desentrañando las pistas y componiendo el puzle de los crímenes que se suceden.

La elección de los EEUU para ambientar la historia desde luego no es fruto del azar ni de un capricho. La desolación de algunos parajes y los turbios habitantes de la América profunda sirven al autor para hablar del lado más oscuro de la naturaleza humana, y las costumbres de perdidas regiones aportan el atrezo perfecto para otorgar la visibilidad que usa para ofrecernos un aspecto revelador sobre el tránsito por la vida engarzándolo de forma magistral en una trama de género thriller. Tornados, caníbales, conspiraciones y un largo etcétera, la intriga está garantizada.

Todo el texto tiene la consistencia y madurez necesarias que lo convierten en un thriller que te mantiene pegado a las páginas. Leí en alguna parte que Alonso Barán es a la literatura lo que los hermanos Cohen al cine, desde luego que lo es.

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