‘Mala yerba’, de Jaim Royo

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Por Ricardo Martínez Llorca

@rimllorca

Mala Yerba

Jaim Royo

Tolstoievsky

Alicante, 2017

378 páginas

 

Al margen de todos los problemas sobre los que se cimienta la obra y los calificativos con que podamos destacarla, queremos hacer un inciso previo: estamos hablando de puro realismo, de ese que trata sobre algo tan elemental como que uno necesita ganar dinero para comprar el pan. De dónde viene ese dinero, el familiar, el del individuo, el de la subsistencia, es parte del problema con el que conviven los personajes de esta novela a tres bandas. Con el aspecto de un conjunto de trilogía, Mala yerba es, en buena medida, una expresión continua. Una expresión fragmentada y en nuestra cultura la fragmentación, la narrativa, la oral, la del pensamiento, se identifica con la demencia. En algún punto de nuestra biografía, todos nos hemos roto. En el caso de los personajes que nos trae Jaim Royo, los vínculos con las relaciones de pareja son evidentes. De hecho, el formato es éste: la condición humana en tanto que relación de amor, con sus diferentes grados, entre un hombre y una mujer. Así expresado, se parece mucho a los temas de Joaquín Sabina, que da la sensación de querer asomar en algún momento.

Los personajes, frikies, desnortados, que conocemos acompañando siempre al hombre, confunden el pasado con lo que son. Aunque se nos relate en orden cronológico, el peso de lo que vivieron, incluido en algún caso la reclusión en un sanatorio mental, late y para que lo reconozcamos Royo recurre a algo que, por utilizar una expresión inglesa, uno llamaría “Close Writting”. Conocemos el Close Reading, la lectura de proximidad, línea a línea, como estrategia de proyecto de algún crítico literario. Del mismo modo, Royo escribe palabra a palabra, frase a frase y da la sensación que sin un plan previo, pero sí con un propósito claro. Royo nos traslada al mundo de la depresión. La depresión no es siempre melancólica, no es siempre triste. La depresión salta cuando el instrumento desafina o el solista toca una canción diferente al resto de la orquesta, y además está borracho. Leemos Mala yerba sin evitar esa impresión de afán aforístico, pero también con unas actuaciones que llevan a la locura: el sexo, el accidente que troncha una pierna, la viudedad, las agendas escondidas, el trastorno obsesivo compulsivo, el maltrato, el empeño en hacer de una relación un problema, la soledad, la crisis de identidad, la borrachera y el contrabando, la ciudad neurótica y, finalmente, la psicosis: “Los psiquiatras dijeron que hilaba acontecimientos de forma delusiva”. ¿Qué es eso de delusiva? Engañar, lo que es engañarse a uno mismo y a los demás, es algo que la gente practica a diario. En el caso de esta gente, es patológico. Ser padre es lo único que les salva, junto con el mar Cantábrico.

Pero Jaim Royo no es solo eso. No podemos dejar de citar en extenso este párrafo, que resume muy bien todo lo que hay que poner en el fiel de la balanza cuando saltan a las noticias las historias de maltrato, porque esto es lo más frecuente: “yo no soy el que te ha abandonado, yo no soy el que te daba de puñetazos, yo no soy el que te rompió la nariz, yo no soy el que te explota, yo no te he dejado tirada, no te he pedido que seas tú los lunes y otra mejor el resto de la semana. Yo no soy el que te engaña, yo no soy el que volvía borracho, yo no soy tu madre, ni tu padre, ni aquel que te hizo un hijo y luego se fue de putas. Yo soy Harry, el que viene a buscarte, el que se sienta a tus pies en el metro, el que abraza tus rodillas, el que te besa mientras desayunas y dirime cada una de tus cuestiones y cada una de las nuestras, yo soy Harry, el que te dice lo poco que sabe, el que se confíe en ti, yo soy el que no duerme mientras trabajas, el que te espera con el corazón en penumbra, el que te escucha, yo soy el que te recibe cuando por fin te levantas, el que está contigo, el que te come a besos y el que se aguanta el hambre de ti, yo soy el que te pide compañía, el que te enseña el presente para borrar el pasado, yo soy el que te da lo que tiene, el que te hace llaves de casa y graba mientras te maquillas, yo soy el que convoca a Sabrina, el que se desnuda en tu presencia, yo soy el que te cuida y te defiende, el que se cansa y acude a tu regazo Yo soy el que te cuenta la verdad por más que la verdad te reviente. Dime, ¿todo eso no sirve de nada? Yo voy a darte la respuesta, princesa: todo eso es mi patrimonio”.

 

Y luz en las grietas

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