‘Decir no no basta’, de Naomi Klein

Por Ricardo Martínez Llorca

@rimllorca

Decir no no basta

Naomi Klein

Traducción de Ignacio Villaro y Ana Pedrero

Paidós

Barcelona, 2017

312 páginas

 

Por desgracia, tampoco basta con escribirlo. Los lectores de Naomi Klein, apasionados, consecuentes y generosos, reciben en este libro un regalo en forma de eso que se conoce como esperanza. Los últimos capítulos no están dedicados a la denuncia, sino a la propuesta. El estado del planeta ya está colapsando, con lo cual urge la actuación. No se trata de implementar políticas de reducción de consumo y emisiones de gases de efecto invernadero. No. Porque ese no, no basta. La actuación ya no puede ser progresiva ni dedicarse a ralentizar. La actuación debe ser inmediata y a escala global. Si ya están consiguiéndose avances en escala más reducida, en cuerpos políticos más pequeños que los estados, por ejemplo, eso significa que es posible. Ahora bien, la sociedad civil no puede dejar en manos de los políticos, en tanto que estatistas, las mejoras. La sociedad civil se está organizando. Al igual que se ha organizado a gran escala en diversas ocasiones, en diversos países, para la denuncia, ya existen los movimientos que fomentan el comercio de proximidad, una nueva visión de la educación, el regreso a la naturaleza, los hogares eficaces, el salario anual y universal (este todavía en deseo, pero cada vez con una voz más potente), las asambleas públicas, el apoyo a los pueblos indígenas, a la mujer, al niño, al trabajador y a todo lo que sea ecológico. La sociedad civil puede conseguir esto, pero también puede conseguir que se derriben tratados de libre comercio que son sogas al cuello de los países más pobres; que se vigile la inversión de dinero público, ahora destinada mayormente a grandes corporaciones; que el estado invierta en el ciudadano y no en barreras contra inmigrantes, fomentando la aporafobia; el fomento de una economía en la que se considere crecimiento la baja emisión de carbono, expandiendo así sectores ahora marginales, y la instauración de impuestos que graven el sector financiero o la eliminación del gasto militar.

¿Utopía? Sí. Bienvenida sea. Porque lo que ha reflejado Naomi Klein en este libro, escrito con tanta urgencia como sentido común, es la distopía. Un mundo echado a perder, caído en la patraña zombi que vaticinaban las peores películas de ciencia ficción… peores en tanto al futuro del planeta. Un mundo en el que el 1% se retirará a una estación espacial de lujo, como en la película Elysium, mientras la superficie del planeta se transforma en una inmensa favela, en una villa miseria, en el lugar donde esos que viven en lo alto arrojan sus residuos, incluidos los residuos humanos. Esa distopía se ha acelerado a un ritmo vertiginoso con la llegada de Trump a la Casa Blanca. Ese es el detonante de esta obra, tan bien construida y tan bien galvanizada, tan condensada, divulgativa y cimentada sobre información verificada, que Naomi Klein ha escrito en pocos meses. Acostumbrada al trabajo de largo aliento, esta vez provoca que el nuestro se encoja. El descaro con que campa a sus anchas un personaje atroz para los valores humanos, destroza cualquier espíritu. Su único afán, el de acumular poder y riquezas, el del protagonismo burdo, lo consigue rodeándose en su gabinete de los herederos de Milton Friedman y los Chicago Boys, que arrasaron países como Chile o Sudáfrica. En ese sentido, este libro es una coda a La doctrina del shock. Pero una coda sin miramientos, pues esta gente son herederos de fortuna, tipos deshumanizados, sin valores como la solidaridad o el respeto. Incluso mal educados como la misma figura que representa ahora al país con la mayor economía del mundo.

El infortunio de la política climática, el latrocinio al pueblo, el fomento del odio, el populismo barato, la economía en la que impera un único propósito que es, por desgracia, la codicia, el fomento de crisis que les permita implementar sus políticas, todo eso está reflejado en este libro que está escrito con mucho estilo. Donde otros habrían reflejado la aberración como si fuera un vómito, Klein se detiene y espera, se informa y nos relata. Más próximo al activismo político de, por ejemplo, Noam Chomsky que a periodistas de la denuncia, como John Pilger, este es el libro sobre política internacional más urgente. Nadie explica mejor que Klein cómo funciona el mundo. Este es un libro que, a pesar de su apariencia, sirve para sumar optimismo. Ahora sí, ahora tenemos bien claro dónde debemos colocar los ladrillos y trazar los surcos para que crezca la cosecha.

 

Que el dolor no lastre tu vida

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