Colin Niel a propósito de ‘Solo las bestias’, su trabajo más premiado

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«La gente siempre quiere un principio. Imagina que si una historia empieza en un momento dado debe tener un final. Que la tormenta se ha detenido, que pueden regresar a su rutina, que se han salvado».

Colin Niel (Clamart, 1976) es ingeniero especializado en la preservación de la biodiversidad. Dejó la metrópolis para instalarse en la Guayana francesa durante seis años. Estuvo a cargo de la creación del parque nacional del Amazonas, una misión que le marcó profundamente. Más tarde se convirtió en director adjunto del Parque Nacional de Guadalupe. A su regreso de la Guayana, se lanza a escribir novela negra, influido por Indridason, Lehane o Hillerman, y escribe sus novelas policíacas con un fuerte trasfondo social y muy documentadas, inspiradas en una realidad cotidiana de fronteras permeables en la que se mezclan inmigrantes, apátridas y demás forasteros en situación irregular. Con Solo las bestias ha ganado en 2017 el Premio Polar del Quais du Polar, el Premio Polar Landerneau, el Cabri d’Or y el Premio Goutte de Sang d’Encre.

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Solo las bestias.  Colin Niel.  Editorial Principal de los Libros, 2017.  256 páginas.  17,00 €

Évelyne Ducat, una mujer rica y caprichosa, ha desaparecido. La policía encuentra su coche en la carretera a un pueblo rural entre montañas nevadas donde malvive una comunidad de campesinos. Alice y Michel son dos de ellos, sobreviven a la rutina. Cuando ella entabla una relación amorosa con Joseph, otro de los ganaderos de la región, nadie sospecha que la muerte de Évelyne esté relacionada con eso. Pero los hilos que unen a los habitantes del Causse son como los fríos vientos de las cumbres: implacables y destructores. Uno por uno, todos los que conocieron a Évelyne Ducat toman la palabra y desvelan sus secretos, tan peligrosos como la muerte… Pero la historia de la muerte de Évelyne empieza mucho más lejos, en otro continente y entre otros desheredados, en un mundo muy distinto del de los campesinos franceses pero desoladoramente parecido en su pobreza, angustia y lucha por la vida. Todos los que habitan las montañas del Causse llegan allí soñando con una nueva vida, pero en la inmensa isla de macizos que los tiene atrapados no hay espacio suficiente para ocultar sus pasados, anhelos y la miseria que habita en el corazón de los seres humanos.

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¿Por qué se dedicó a la escritura?

Creo que, como mucha gente, siempre he tenido ganas de escribir. De hecho, de joven empecé una novela negra que no llegué a terminar. Me atraía la creación de una historia, de personajes, la construcción de la trama. Tenía un trabajo donde escribía mucho, informes técnicos, documentación diversa, así que estaba cómodo frente a la pantalla, pero no me atrevía a dar el salto a una escritura «literaria», pensaba que ese mundo no era el mío y que había otros que podían contar cosas más interesantes que yo. Es decir, que me llevó bastante tiempo decidirme. Fue mi viaje a la Guayana Francesa lo que me desbloqueó. Volví a Francia después de pasar allí seis años y me dije que había traído de vuelta una cierta «materia» literaria que podía interesar a los lectores. Así fue como empecé.

Usted ha sido actor, mago e ingeniero… ¿Cuál de sus tres antiguas profesiones le ayuda más a la hora de escribir?

Bueno, lo de actor y mago sigo siéndolo porque aunque como amateur, todavía frecuento a pequeña escala el universo de la escena. Es importante para mí, es un pie en otro medio distinto al mío. Pero creo que mi verdadera profesión es la de ingeniero, y es de donde más he aprendido. No me refiero al aspecto técnico del oficio, sino al plano humano. Porque cuando me ocupé de crear un parque nacional en la Guayana francesa, al tratar con los equipos de agentes en el terreno y tener que lidiar con los pasillos de los ministerios, me sumergí en el mundo en toda su complejidad, en el trato entre hombres y mujeres, en la relación con el poder… Y creo que así es como descubrí los resortes que mueven a la sociedad.

¿Cree que los viajes son una manera de formarse de los autores?

No sé si para todos, pero en mi caso sin duda. Estoy convencido de que gran parte de los conflictos humanos proceden de la distancia entre las culturas, y que siempre tenemos la tendencia de subestimar al otro. Viajar es una manera de tomar conciencia de la variedad de culturas que existen, y cuán difícil es tender puentes entre ellas.

¿Cuál es el papel de la novela negra?

La base de todo libro, en primer lugar, es que el lector pase un buen rato. En mi opinión, la fuerza de un buen noir consiste en abordar temas serios sin tomarse demasiado en serio, sin aburrir al lector.

¿Qué le lleva a situar la acción de Solo las bestias en las montañas del Causse?

Es un objetivo literario y un desafío personal: intentar algo diferente, ver si era capaz de salir de mi espacio de comodidad de la Guayana francesa, escribir sobre un territorio menos familiar. Y una razón más emocional: tenía ganas de hablar de esa soledad que todos experimentamos alguna vez en la vida. Y en esas montañas, la soledad es inmensa, es física y social. Era un tema que tenía ganas de abordar, que me resultaba muy cercano.

En su novela juegan un gran papel las mentiras, la falta de comunicación, las malas interpretaciones… ¿Por eso escogió el vehículo de la novela coral, para desorientar al lector?

Así es. Contar la misma historia desde cinco puntos de vista distintos era una experiencia nueva para mí, pero rápidamente me di cuenta de que funcionaba. Quería que cada personaje arrojase una luz distinta sobre la intriga, no solo por lo que sabía de los demás y de lo sucedido, sino por cómo había experimentado los mismos hechos. Porque en mi opinión la incomprensión es la mayor dificultad a la que nos enfrentamos, incluso cuando hablamos el mismo idioma. Es el punto de partida de todos los dramas.

Solo las bestias es una novela negra, pero también es una novela con una fuerte crítica social. ¿Tenía ganas de hablar del mundo rural?

Mi primer objetivo siempre es narrativo: quiero construir una historia atractiva, personajes con los que el lector quiera seguir, atraparlo. Pero en segundo lugar, sí tenía ganas de mostrar un mundo que no es muy conocido, la vida interior de las explotaciones agrícolas, y la angustia de una parte del mundo rural que vive apartado de la globalización y del nervio de las ciudades. Tienen otros problemas: celibato forzoso, depresiones, suicidios, cambios de trabajo, y todo en parte debido a una política agrícola que ha empujado a los ganaderos y granjeros a hacer crecer sus explotaciones más allá de lo que puede gestionar un hombre solo.

¿Se ha inspirado en situaciones cercanas o conocidas, en personajes reales?

Siempre dedico mucho tiempo a documentarme para mis novelas. Leo mucho, busco vídeos y reportajes sobre el tema. Y cuando puedo, me refiero por motivos financieros, trato de viajar al lugar donde transcurre la acción, y conocer a gente que pueda estar cerca del personaje que estoy narrando. Para Solo las bestias, pasé un mes en la región del sur de la Lozère, con ganaderos y granjeros para entender un poco cómo era su día a día.

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