El saqueo bancario y “la obediencia debida” de sus cómplices

Por Horacio Otheguy Riveira

Con el tema central de las preferentes, se desarrolla una obra en la que sus dos intérpretes dan vida al sórdido berenjenal en que se mueven los intereses bancarios, absolutamente deshumanizados. En De tiburones y otras rémoras no aparece ningún gerifalte del mundo financiero, sólo ejecutivos, empleados y víctimas de sus voraces trucos para atrapar al ingenuo cliente que entra en el juego con su vulnerable corazón, como si llegara a la casa de la abuela que todo lo comprende, ignorante de la ferocidad real tras la sonrisa del empleado.

El recurso de “la obediencia debida” salvó a muchos militares de la prisión a la que habían sido sentenciados tras la última dictadura argentina, hasta que, años más tarde, se replanteó el asunto y volvieron a estar entre rejas, aunque no todos. Del mismo país llega esta función escrita por Sergio Villanueva con una vocación de mensaje universal, pues detrás de todo está el poder absoluto del sistema financiero internacional cuyos brazos desconocen límite alguno, más aún ahora que no hay presiones sindicales, eliminada la guerra fría y el terror rojo, aquella amenaza que hacía temblar a los poderosos caballeros, obligándoles a pactar con sus trabajadores. Desaparecido todo conflicto, piedra libre capitalista en un estercolero con apariencia muy educada, amparados en reglamentaciones que nunca les hace caer de su confortable latrocinio.

De tiburones y otras rémoras plantea el conflicto de los personajes de ambos lados con clara decisión de cuestionar la moralidad del empleado que para defender su sueldo asume los intereses de sus amos, para lo cual ejerce —como un actor muy disciplinado— toda clase de artilugios cínicos, riendo de los ancianos o discapacitados cuya confianza les torna ideales para entrar en la jaula de los leones, confiados de que son peluches.

 

Iván Steinhardt y Romina Pinto, excelentes intérpretes de muchos hombres y mujeres que, ante el afán de supervivencia, optan por una sumisa complicidad con el poder establecido. También personifican algunas de sus contradicciones, en un brillante juego de espejos deformantes.

El equipo que erige este drama virulento cuenta con amplia experiencia teatral, de manera que logran entrar y salir de situaciones límite con la aparente facilidad que aportan los rigurosos conocimientos técnicos del arte de la interpretación. Mientras el texto propala mucha información más o menos estándar, los personajes se exhiben grotescos, escatológicos, tan hirientes y desagradables como en el fondo son: cómplices de un crimen social en el que el abuso de poder a través de auténticos lacayos adquiere la profundidad de una tragedia de alcance universal.

La directora Marina Wainer (también autora y actriz en otras producciones) tiene una amplia trayectoria desde muy joven, heredera de la obra de su padre Alberto Wainer, ambos inquietos indagadores en el lenguaje escénico ligado a los conflictos sociales, sin descuidar los psicológicos. Muchas obras les unen y hay en este De tiburones y otras rémoras un perfecto ensamble del realismo con el grotesco, género con notable tradición en el teatro argentino, muy próximo al grotesco italiano y al esperpento español.

 

Sala Mirador, Madrid. Días 19, 20 y 21 de enero 2018

Barcelona: Sala Porta 4, 26 y 27 de enero 2018

Tenerife: Sala Aguere, 2 de febrero 2018.

Mallorca: Mar I Terra, 8 de febrero 2018.

Valencia: Sala Russafa, 16 de febrero 2018.

Italia. Roma: Sala Centro Culturale Artemia, 23, 24 y 25 de febrero 2018.

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