The Party (2017), de Sally Potter

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Por Jaime Fa de Lucas.

The Party es, sin duda, una de las películas más falsas y artificiales que he visto en los últimos años. Excesivamente teatral, con personajes que no sólo son clichés con patas sino que se dedican a ejercitar la excentricidad y la petulancia hasta extremos agotadores, exhibiendo unos comportamientos y unas interacciones tremendamente inverosímiles. Quizá lo más destacado sea la versatilidad de los diálogos, ya que consiguen ser pretenciosos y superficiales al mismo tiempo.

Entre los personajes-cliché tenemos a la mujer fuerte que ha alcanzado un puesto importante pero no por ello descuida las labores del hogar, el marido apagado y taciturno que es un intelectual, el hombre espiritual que le da un enfoque místico a todo, las lesbianas progresistas con éxito laboral, el hombre de negocios despiadado y ambicioso… Por si este puré de estereotipos no fuera suficiente, Sally Potter se encarga de que haya grandes diferencias de edad entre las parejas, algo que no parece estar justificado y que da cierta extrañeza al conjunto.

Es interesante que Sally Potter intente sacar a la luz una serie de cuestiones relativamente sustanciosas, pero lo hace con tan poca profundidad y de una manera tan artificial, que en lugar de dar peso al relato hace que se convierta en algo bochornoso. En todo momento se aprecia que estamos ante un guion escrito que está siendo verbalizado por una serie de actores. La poca química que hay entre los personajes tampoco ayuda. Lo poco que se puede salvar de The Party es la fotografía en blanco y negro de Aleksei Rodionov –correcta, funcional, sin florituras– y la actuación de Kristin Scott Thomas en el papel protagonista. El resto es totalmente desechable.

Observaciones:

– Una de las lesbianas entra en el salón y sin venir a cuento le dice al marido de la protagonista que es un fracaso. Guiño barato a la guerra de sexos.

– El marido renunció a su puesto en Yale para que ella persiguiera su sueño. Inversión evidente de los roles típicos. Otro guiño feminista.

– Lo voy a repetir: no hace falta incluir pistolas para que la trama tenga intensidad.

– Gottfried, el alemán espiritual, suelta perlas como “la medicina occidental es vudú”, “tienes que buscar tu voz interior”, etc. Y por supuesto, al ser alemán, alguno de los de alrededor le tiene que acusar de ser nazi o algo por el estilo. Irrisorio.

– Se está quemando la comida en la cocina y el hombre de negocios justo dice algo como “me estoy quemando por dentro”. Analogía gratuita y estúpida.

– Cuando la mujer descubre que su marido tiene una amante, le pega un par de tortazos, reafirmando así su posición dominante, a pesar de que ésta también tiene un amante. Guiño feminista cuya moralidad es cuestionable.

– A la hora de justificar por qué la amante prefiere al intelectual entrado en años antes que a su propio marido joven, el hombre mayor dice que “ella quiere amor e ideas”. Claro, y eso se ve reflejado en las frases de amor de Virgilio y Catulo que le manda… Este nivel de superficialidad y de estereotipos maneja Sally Potter.

– El hombre de negocios, cuando casi mata al marido dice “voy a poner música que le gusta”. Y justo coincide que la canción es triste, para potenciar el tono sombrío –otro artificio–. Aparte, el hombre se está muriendo y no llaman a la ambulancia.

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Una respuesta a The Party (2017), de Sally Potter

  1. Por fin leo a alguien que opina lo mismo que yo

    Miguel Martin
    21 febrero 2018 at 23:23 pm

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