El fin del mundo

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El fin del mundo

Ismael Orcero Marín

Boria

Desde unos caníbales modernos a un juicio final orquestado por la naturaleza, pasando por robots domésticos, juicios a brujas, falsos milagros en la Huerta Murciana o epidemias demoledoras en un país inventado. Como en la vida real, gracias a los invisibles mecanismos de la existencia, los personajes de El fin del mundo están relacionados entre sí sin saberlo, mostrándole al lector que también él, al ser un actor más de lo cotidiano, puede estar sin darse cuenta viviendo una historia similar donde lo fantástico se encuentra oculto a sus ojos.

Sirviéndose de elementos propios del realismo mágico y del humor negro, Ismael Orcero Marín reflexiona en estas narraciones sobre temas universales como la soledad, el amor, la amistad o el miedo a lo desconocido.

Presentación de “El fin del mundo” de Ismael Orcero, La Montaña Mágica Librería

Sofía respiró hondo y cerró los ojos cuando salió del coche a rastras, después de que hubiera dado varias vueltas de campana. Maite, Gerardo y Luis se quedaron mirando el cadáver del chófer. Sofía, sin embargo, tras unos minutos valorando la situación, tal y como había aprendido en los manuales de resolución de conflictos de su empresa, tomó la palabra:

—Habrá que darle sepultura a este hombre, ¿no?

El realismo mágico muestra lo irreal, lo extraño, como algo cotidiano y común. Ismael Orcero Marín, tomando buena nota de esta premisa, nos adentra en una versión de nuestra realidad (no es otro mundo, es el nuestro) donde elementos que el lector pudiera considerar fantásticos o irracionales son percibidos y tratados con toda normalidad, al menos por parte del elenco, pues se reserva el autor un as en la manga para que determinados personajes miren esa realidad con los mismos ojos que el lector, y que esa disyuntiva entre actores derive en historias, independientes unas, encadenadas otras, cuyos finales podrán ser inverosímiles o asumibles, según a los ojos de quien se muestren.

De igual manera que Sofía reacciona al accidente en el que pierde la vida uno de sus compañeros con el pragmatismo suficiente para no retrasar innecesariamente su inevitable entierro, veremos desfilares a seres solitarios que serán visitados por las almas en pena que vagan por sus lugares de residencia, poetas del inframundo, poblados de interior anclados en otro siglo, epidemias, gnomos, santeros y dos posibles comienzos del apocalipsis, uno de los cuales contará con el reino animal como leal aliado.

Los personajes de El fin del mundo aceptan la realidad distorsionada que les ha tocado vivir de diversas maneras, pero sin abandonar esa suerte de vicios que les hacen humanos, a saber: jerarquías, burocracias, un sexto sentido para percibir más allá de lo tangible, y un séptimo (los sentimientos) para nublar la razón cuando más la necesitan. De este modo se ven abocados a copular al borde del precipicio, justificar su soledad, poner a prueba su fe, mentirse a sí mismos ante la incapacidad de superar el duelo y luchar contra el holocausto, cuando no provocarlo.

Ismael Orcero es la mano que agita esta coctelera de Lovecraft, Bradbury, Moyano, García Márquez y Quiroga para brindarnos una colección de cuentos con aroma clásico en un marco actual, urbanos la mayoría, aunque con acercamientos a la huerta de Murcia y una aldea gallega olvidada de la mano de Dios.

Suena paradójico, lo sabemos, pero hágannos caso y siéntense a disfrutar del fin del mundo

A favor de la luz

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