“El ascensor”, triángulo de amor y muerte cantado en escena

Por Horacio Otheguy Riveira

Cantan más que hablan, mienten más que aman, aman a su modo para dar lugar a una alta tensión erótica basada en besos y abrazos muy vestidos, ni un hombro desnudo, pero por su piel anda muy a gusto la imaginación de los espectadores que han convertido en un largo éxito (lleva ya tiempo de sala en sala, tras el estreno en febrero de 2017) que perpetúa su originalidad de pasión amorosa que entrelaza con un asunto criminal que no debe advertirse al espectador.

A la vieja usanza, deberían recomendar al terminar la función: “Por favor no cuenten el final”. Sin embargo, al mismo tiempo que se ha convertido en un fenómeno mundial este tipo de espectáculos musicales, por lo escuchado en la larga fila antes de entrar a la sala, poco y nada importa al público cómo termina, les interesa el evento per se: buenas voces con una emotividad entre romántica y oscura, tres intérpretes con eficaz energía y un pianista activo casi toda la función que se desenvuelven en equipo con notable profesionalidad en un espacio escénico reducido, muy modesto. Todos españoles, también el autor, aunque la cosa transcurre en New York entre Emma, Mark y John. Pero, he aquí, que no se trata de una americanada al uso, sino un juego ligeramente humorístico por parte del autor-director, ya que una vez comenzada la obra, de humor nada, un drama de intriga psicológica emparentado, estilísticamente, con Casi normales, este sí, un operístico musical estrenado en Estados Unidos con muy pocos medios, y que alcanzó un éxito mundial sin precedentes.

El estilo musical está lleno de dificultades que los intérpretes resuelven con eficacia, asumiendo un esfuerzo muy grande, dado el despojado ambiente en que se desenvuelven sus personajes con una estructura teatral no lineal, sorprendente. Cantan muy bien los tres, hacen piña, y lógicamente son ellos quienes rinden tributo a la mujer por la que suspiran de diferente manera…

 

El joven Mark se dirige a una entrevista de trabajo. Al subir a la oficina, por casualidad se queda encerrado junto a Emma en el ascensor de la empresa. El matrimonio de Emma y John ha empezado a resquebrajarse tras una intensa discusión. Obligados a intimar, ella y Mark van tirando del hilo que les une sin saberlo, casi pegados el uno al otro. Suspense, tensión y pasión se enlazan bajo una atmósfera inquietante.

Las telarañas del pasado se asoman entre sueños e ilusiones configurando una trama no lineal cargada de sorpresas. Al igual que a sus protagonistas, la escenografía encierra al espectador dentro del ascensor: oscuro e incierto punto de encuentro de pasado, presente y futuro. Retazos de cine en blanco y negro envuelven sus metálicas paredes. Los Luchana reestrenan el thriller romántico ganador del Talent Madrid 2016 como Mejor Espectáculo Musical, y Premio del Público de los Teatros del Canal.

 

 

Los intérpretes en una presentación fuera de escena, con el marco del  patrocinio de ascensores FAIN. Algo inusual en las artes escénicas españolas. Más aún al tratarse de una empresa con sede en Francia desde 2013. Con 46 años de experiencia, gestiona la instalación y mantenimiento de numerosos edificios emblemáticos españoles, como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el Hotel Hilton, las Torres Porta Fira, entre otros muchos edificios. En total, 45.000 ascensores en conservación, usados todos los días por millones de personas.

 

 

Dirección y dramaturgia: José Masegosa

Reparto: Daniel Garod, Desiree Moreno y César Casado

Arreglos musicales: José Masegosa y Borja Arias

Pianista en escena: Berto Inarejo

Escenografía: Antonio Camaño y Alberto Rubio

Luces: Tirso Izuzquiza

Diseño de cartel y tipografía: Yolanda Iturriaga

Fotografía: Carmina Prieto

Teatros Luchana. Sábados 20,30. Domingos 19 horas.

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