Sexo, exilio y rock and roll Eli Eskandarian

Sexo, exilio y rock and roll
Eli Eskandarian
Malpaso Ediciones
Novela

Por Juliano Ortiz
Alguna vez un periodista se preguntaba por qué nos duelen las muertes de los músicos, aún si no habían sido estrellas famosas. Dentro de un variado cúmulo de posibilidades, llegó a una conclusión que era más una cuestión de pensamiento personal que un razonamiento lógico. Decía que era porque la música es un arte que no está circunscrito a un espacio, ni requiere de toda nuestra atención para disfrutarlo. Conclusiones al margen, en este libro sucede una sensación muy semejante. Eli Eskandarian, a pesar de su vida apegada a todos los peligros y vicios de la juventud, y de no haber sido famoso para el gran público, nos deja un sabor amargo luego de leer su libro.
No solo su muerte (de la que no se habla en el libro por supuesto, ya que es una especie de autobiografía) pero a la que uno llega al averiguar qué pasó con este músico de los márgenes de la vida, de Nueva York, del exilio, sino también su vida en medio de las tristes situaciones de todo exiliado.
Y justamente esa palabra, exilio, justifica y ejemplifica el derrotero seguido por un joven que vivió en la temible y débil franja que antecede al precipicio.
En las críticas, se habla de este libro como la continuación de lo que en su momento fue “En el camino”, la lisérgica y apabullante obra de Kerouac. Existe una probable semejanza, dos “exiliados”, uno el de los años sesenta por cuenta de una sociedad que buscaba ser y no era, y otra, la de Eli, sesgada por la de aquellos que buscan en América lo que sus patrias de nacimiento no les brindan. Para unos y otros el costo es altísimo. Para unos y otros el individuo es la palabra y lo que de ella se origina. Ellos, los Kerouac y los Eskandarian son los que buscan insistir en la afirmación de un sujeto que sólo tiene como lugar de presencia su escritura, de y por la escritura y en el reconocimiento de una disimetría entre un orden de lo real y un orden del discurso. Su discurso salvaje, desordenado, poético es la única certeza que queda y que se radica en el sujeto que escribe afirmándose, pese a todo y contra todo, en el acto de escribir.
Y justamente Eskandarian lo hace bien, muy bien para mostrar su realidad que no es otra que los miles de jóvenes que sin ser músicos son arrastrados por ese maelstrom en el que son llevados los exiliados. Y justamente eso es la segunda lectura que deviene de esta autobiografía. No el sexo, no el rock, tampoco las drogas. Es todo eso junto que resuena como ecos lejanos, en los días insípidos y bucólicos de una vida de la que Eli dice vivir sin el verdadero amor.
“El año anteriordurante el exilio que me había autoimpuesto en Nueva York, sufrí una especie de transformación. Había perdido la integridad y el equilibrio; me había visto en la necesidad de vivir de gorra, de dar sablazos…”
“…¡Ah qué glorioso sería alimentar a miles de personas en medio de esta enorme y maligna ciudad! Detener y desviar el tráfico tal y como siempre hace la policía cuando viene algún político inútil o cuando se inicia un rancio desfile…”
Si tomamos al libro como las divagaciones de un músico atestado por las drogas y ciego por las oportunidades que el gran país del norte no le brinda, estamos muy equivocados. Es una novela escrita por un gran escritor. Por un poeta. Una persona apasionada, carnal, viviendo desnuda en su libertad de pobreza económica y con una sinceridad que brota a pesar suyo.
Editado por Malpaso (no voy a decir que es una edición bellísima, porque me vuelvo repetitivo en cuanto a esta editorial), viene a continuar la serie sobre música y artistas populares que la editorial presenta todos los años.
Ali Eskandarian fue un cantante, compositor y escritor americano de origen iraní. Durante la Revolución en Teherán, la familia Eskandarian consiguió asilo político en Alemania y poco después se trasladaron a Dallas, Texas, donde el joven Ali tuvo la oportunidad de profundizar en la música y el arte. Las canciones de Eskandarian eran una mezcla de folk americano, rock y música tradicional iraní que hablaban de amor, política y soledad. Comparado por la crítica con Bob Dylan y Jeff Bucley, Ali Eskandarian se reveló como una suerte de trovador moderno, poseedor de una de las voces más potentes de nuestro tiempo. Eskandarian fue asesinado junto a dos miembros de la banda The Yellow Dogs el 11 de noviembre de 2013.

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