Heartstone, corazones de piedra (2016), de Gudmundur Arnar Gudmundsson – Crítica

 
Por Jaime Fa de Lucas.
Gudmundur Arnar Gudmundsson debuta en el largometraje con esta Heartstone, corazones de piedra que se centra en la peculiar amistad de dos chicos en una región del norte de Islandia. Lo que empieza siendo una historia convencional de amistad acaba transformándose en –inevitable spoiler– una situación complicada en la que uno de ellos, Christian, desarrolla sentimientos por el otro, Thor, aunque este último tiene otras preferencias más convencionales.
Es un relato lleno de crudeza y brutalidad, algo que ya desde el principio queda patente con esa escena en la que los niños tratan de forma despiadada a unos peces o cuando los dos chavales protagonistas empiezan a destrozar coches abandonados. Esa crueldad se manifiesta a lo largo de la película a través de las interacciones entre personajes y de un clima hostil en el que apenas se ve el sol. Respecto a la escena inicial con los peces, cabe destacar que Christian quiere devolver al pez piedra al agua mientras que Thor –como si de la figura mitológica se tratara– decide matarlo a golpes. Esto está relacionado con la escena final, algo que mencionaré en el apartado de observaciones.
La primera mitad de Heartstone, corazones de piedra presenta un enfoque que no es del todo acertado, pues creo que está excesivamente sexualizado. Sí que es cierto que Gudmundsson intenta mostrar los inicios de la sexualidad de estos personajes, pero el primer acercamiento es puramente sexual y apenas toca lo sentimental o lo identitario. Esto, por suerte, se suaviza en la segunda mitad y empieza a recibir un tratamiento más sutil. De hecho, la película coge más interés cuando presta más atención al sufrimiento y la frustración de Christian, algo que a su vez pone en duda la decisión del director de centrarse más en Thor, un personaje cuya evolución es mucho más plana.
Aunque he dividido la película en dos partes, más bien habría que dividirla en tres; la tercera parte sería la última media hora, de la que se podría haber prescindido totalmente, pues lo único que hace es extender la duración e intentar aumentar la intensidad de la tragedia con un giro un tanto efectista. Esa última media hora añadida impide que la película sea más compacta y genera algunos momentos pesados que se limitan a remarcar lo evidente.
Lo mejor de Heartstone, corazones de piedra son las actuaciones de los chavales, totalmente convincentes y muy auténticas. La fotografía de Sturla Brandth Grovlen tampoco se queda atrás, transmitiendo realismo pero sin sacrificar el entorno, sacando el máximo partido a los espectaculares paisajes de Islandia, tan bellos como desoladores. También habría que destacar el buen hacer del guion a la hora de desarrollar la evolución silenciosa de los sentimientos de Christian.
Observaciones:
– Una de las metáforas más sugerentes de la película es la del pez piedra –relacionada con el título de la película–: un pez tan repugnante e inútil que al inicio de la película es machacado hasta morir. Sin embargo, al final de la película, y bajo la atenta mirada de Thor, el pez es devuelto al agua por otro niño. Así, Gudmundsson nos muestra el aprendizaje de Thor y cómo éste ha ganado en tolerancia y ha entendido ese “dejar vivir a lo diferente”.
– Si bien esta metáfora del pez piedra es interesante, hay un pequeño problema y es que el pez piedra, según las webs que he visitado, sólo se puede encontrar en aguas del Índico y del Pacífico. Además, es uno de los peces más venenosos del mundo y dudo mucho que los niños puedan cogerlo y tocarlo tan a la ligera sin pincharse y poner en riesgo su vida.

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