“Locos de contento”, una comedia negra de Jacobo Langsner en Madrid

Por Horacio Otheguy Riveira

En el teatro rioplatense (uruguayo y argentino) existe una gran tradición tragicómica, a veces más cómica que trágica, con parejas que se aman y detestan a partes iguales. Es un subgénero tal vez único en el mundo. Jacobo Langsner —nacido en Rumania, radicado en Montevideo a los 3 años de edad, hoy con 90 años en Buenos Aires— es un exponente del drama social pasado por el filtro del humor blanco que se va volviendo negro: “Mi teatro casi siempre explora la hipocresía de la clase media, capaz de vender a la madre con tal de salir en una buena foto”. Maestro indiscutible de obras que pertenecen a la historia del teatro hispanoamericano, se presenta ahora con una de sus funciones más representada: Locos de contento, dirigida por un experto, a su vez excelente actor, el español Diego Molero, a quien recientemente aplaudimos en Bang Bang, y somos historia.

A partir del 5 de octubre 2018, segunda temporada en el Teatro de Las Aguas, Madrid.

Una bomba entre los brazos

En el piso a punto de desahucio de un matrimonio argentino en Madrid se espera a cenar a Manolo, un amigo que vendrá acompañado de un senador con el que hay esperanzas de que ubique al dueño de casa en paro, y salve la difícil situación. En el origen, 1991, el autor retrataba una de las feroces crisis propias de Argentina, siempre bajo la presión de su ostentosa clase dirigente, aunque faltaba la peor (que llegaría en  2001 con el célebre “corralito”). Aquí y ahora, con unas pocas variantes españolas, la grotesca situación familiar permanece intacta ante las sucesivas crisis mundiales que nos golpean incesantemente, si bien los gobiernos se llenan la boca con sus éxitos financieros (“el crecimiento de España es notorio en el mercado internacional”), y otros embustes.

En esta función de gran dinamismo, cercana al mundo del cómic visualmente y en la estructura escénica, todo es exagerado, farsesco, uniendo el disparate cómico con el drama social que no deja dormir ni rozar los placeres más íntimos. Es este un ámbito teatral muy difícil, pues una sobreactuación mal encarada (porque son, de base, personajes sobreactuados consigo mismos) podría corromper el buen ritmo de la comedia y alejar al espectador. A todos los efectos esta producción logra una armonía de matices tan interesante que el público ríe a gusto y a su vez participa activamente del drama que se vive, empatiza con personajes estupendamente interpretados por Camila Bertone y Gabriel Tortarolo, quienes hacen honor al origen italiano de sus apellidos, pues de ese país proviene la gran tradición del grotesco en el Río de la Plata.

La pareja de intérpretes bordea los peligros del género con mucho talento, aportando en las transiciones más drásticas la palpable demostración del valor de pasar de lo hilarante a lo dramático en un instante. Un gran trabajo que coincide con el nivel de juego con aire infantil de la puesta en escena y el atrezzo, incluida una cortina de baño tras la cual se produce una inesperada ducha masculina con ayuda de la esposa.

Como broche del texto, la creación de dos personajes ausentes, muy importantes: Luisito, el hijo que juega en el patio y no les hace ni caso, y al que gritan por la ventana y tratan de imponerse desaforadamente, y José, el clásico portero de edificio español, con su inefable “no me toques los cojones”. Un mundo de clase media rota que la Compañía borda en todos sus detalles, y que los personajes de fuera de escena complementan con eficacia, para hacer posible que en el mar de risas y golpes de conflictos cotidianos, surja de pronto una auténtica bomba que anduvo dando vueltas por el salón desde el principio sin que nadie se diera cuenta.

 

 

La prueba de un “juguete” muy peligroso en manos del “nene”: un condón usado que se llevó a la boca. [Fotografía, gentileza de Estrella Savirón (A Golpe de Efecto)].

(…) ROMAN: Vení, Acostate a mi lado.

CLAUDIA:(Enternecida, pero sin moverse). Tesoro.

ROMAN: Necesito sentirte a mi lado. (Ella se le acerca). Suerte que nos tenemos el uno al otro.

CLAUDIA: Y a Luisito. En realidad somos privilegiados.

ROMAN: ¿Qué querés decir?

CLAUDIA: ¿Qué? ¿No somos privilegiados? ¿Cuántos matrimonios se quieren como nos queremos nosotros?¿Cuántos se quieren así, tan profundamente?

ROMAN: Vení, recostate.

CLAUDIA: Me puse crema en la cara.

ROMAN: No importa. (Ella se sienta a su lado y le acaricia el pecho). Recostate.

CLAUDIA: No quiero despeinarme. (Lo besa con cuidado en la boca). ¿Sabés cuánto me cobró el peluquero?

ROMAN: Prefiero no enterarme.

CLAUDIA: Y eso que sólo me lavó y peinó.

ROMAN: ¿Por qué? ¿Te hace otras cosas en otras ocasiones?

CLAUDIA: Mechas y tratamiento hormonal y esas cosas. Pero hoy sólo me lavó y peinó. Y me sacó hasta la piel.

ROMAN: Recostate. Quiero sentirte cerca de mi corazón.

CLAUDIA: ¿Pensás qué no tengo ganas? Me muero de ganas de que me aprietes fuerte contra tu pecho y de que me acaricies.

ROMAN: ¿Entonces? Probemos. A lo mejor lo logro ahora. (Lo intenta)

CLAUDIA: ¿Justo ahora?

ROMAN: ¿Por qué no?

CLAUDIA: Por que tengo miedo que me despeines.

ROMAN: No te voy a tocar el pelo; te lo prometo.

CLAUDIA: Pero…¿sentís ganas de verdad o es sólo que querés intentar?

ROMAN: ¿Qué diferencia hay?

CLAUDIA: Hay diferencia. Porque si estás caliente de veras, aprovechamos y lo hacemos. Pero si sólo estás tratando de probar…Sabés que cuando prometés y no cumplís yo quedo frustrada y puedo parecer la mujer más histérica del mundo.

ROMAN: ¿Querés que te firme un compromiso? No puedo asegurarte nada. Es sólo que tengo el corazón hambriento de ternura. Estoy mendigando tu calor, Claudia. Te estoy pidiendo auxilio desde lo más profundo de mi ser.

CLAUDIA: ¿Pero no es lo mismo que me mires y me tomes de una mano o que me beses delicadamente, sin necesidad de revolcarme en la cama cinco minutos antes de que lleguen las visitas?

ROMAN: No pensaba revolcarte en la cama y no faltan cinco minutos. Pero ahora, podés sacarte un molde en yeso de ese peinado de mierda.

CLAUDIA: No te pongas desagradable.

ROMAN: ¿Yo me pongo desagradable?. Yo soy tierno. Estoy inundado de ternura y quiero llenarte de ternura. Mucha ternura. Y vos no pensás más que en tu pelo. ¿Sabés que la gente se muere por falta de amor, Claudia?

CLAUDIA: Está bien. ¿Querés despeinarme? Despeiname, Adelante. Mi cabeza es tuya.

ROMAN: Ahora dásela a tu peluquero; a mí me quitaste las ganas.

CLAUDIA: Está bien. Despeiname.

ROMAN: No pienso tocarte. Voy a bañarme. Y ojalá me ahogue. (Va al baño).

 

Camila Bertone y Gabriel Tortarolo, brillantes protagonistas de una historia de conflictos de pareja, marcada a fuego por las dificultades económicas.

 

Jacobo Langsner nació el 23 de julio de 1927, en Rumania, pero sus padres se instalaron en el Uruguay en 1930, cuando él tenía 3 años. Hacia 1950 comenzó a participar en el medio teatral de Montevideo, la capital uruguaya, que entonces sobresalía como uno de los centros de teatro más atractivos de Hispanoamérica. Su debut como autor se realizó en el Círculo del Teatro Independiente. Durante muchos años, Langsner integró la comisión directiva y el comité de lectura del Club de Teatro, grupo independiente fundado en mayo de 1949.
Consagrado en el teatro independiente como dramaturgo, Langsner pronto llegó a formar parte del repertorio oficial de la muy prestigiosa Comedia Nacional Uruguaya.
En 1956 comenzó a trabajar en Buenos Aires, ciudad donde se radicó definitivamente en 1958. Desde entonces, trabaja conectando los escenarios de Buenos Aires y los de Montevideo, por lo que prefiere no llamarse “argentino” ni “uruguayo”, sino “rioplatense”.

Durante los años de la dictadura militar iniciada en 1976 en la argentina, Langsner se exilió en España. Regresó a Buenos Aires a mediados de los 80, cuando ya era un hecho el final del dominio fascista militar.

Es autor de una vasta producción teatral. Entre sus obras más importantes figuran: El hombre incompleto (1951), El juego de Ifigenia (1952), Los ridículos (1953), Los artistas (1954), Un inocente adulterio (1958), Los elegidos (1960), Esperando la carroza (1962 en Uruguay y 1974 en Argentina), El tobogán (1970), La gotera (1973), Pater Noster (1979), La planta (1981), Barbacoa (1986, continuación de Esperando la carroza), Mis amores con Douglas Fairbanks (1990), Locos de contento (1991), Otros paraísos (1996). También escribió comedias musicales.
Langsner es, además, un destacado guionista de televisión. Muchos de sus libretos formaron parte de los ciclos televisivos Alta Comedia, Alguien como usted, Atreverse y Amores, entre otros. También ha realizado una importante labor como guionista de cine en dramas descarnados dentro de un hospital Darse cuenta, o en una comedia negra en torno a una familia Esperando la carroza… Muchas de sus obras se adaptaron al cine y la televisión.

LOCOS DE CONTENTO

Autor: Jacobo Langsner

Intérpretes: Camila Bertone y Gabriel Tortarolo

Puesta en escena: Diego Molero

Asistente de dirección y técnica: Silvina Mañanes

Escenografía: Rocío Barreto García y Martín Gervasoni

Tratamiento cómic en escenografía y vestuario: Gabriel Tortarolo

Asesoramiento cómic: Pablo Buratti

Diseño de iluminación: Jesús Almendro

Diseño de sonido: Rodrigo Mendiola

Diseño Gráfico: Natalia Pulido y Sergio Macchia

Fotos de estudio: Óscar Lafox

Fotos de escena: Ignacio Pared

Prensa: Irene Jiménez

Producción: Carmila Bertone y Filippo Avellino

Teatro de Las Aguas, viernes de abril al 15 de junio 2018 a las 20,30 horas. (Calle de Las Aguas. 8 – 28005 Madrid). REPOSICIÓN, A PARTIR DEL 5 DE OCTUBRE 2018.

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