Los libros de la isla desierta: ‘Los pazos de Ulloa’, de Emilia Pardo Bazán

ÓSCAR HERNÁNDEZ CAMPANO.

La novela decimonónica pasó del Romanticismo al Realismo y al Naturalismo, antes de que el siglo XX nos trajera las Vanguardias, el Simbolismo y la novela comercial como fenómeno de masas. Aquellas historias que detallaban la vida, las costumbres, la cotidianidad -en una palabra- de sus protagonistas, se han convertido con el paso del tiempo, en documentos con un valor que va mucho más allá de sus aciertos literarios. Son reflejos de una sociedad que ya no existe, son ventanas a un pasado extinguido, a unos ambientes desaparecidos que nos permiten, desde nuestro salón del siglo XXI, asomarnos a una forma de vida que se quedó atrás en la estela infinita del tiempo.

Emilia Pardo Bazán es una de las grandes de la literatura en castellano. Una mujer de rompe y rasga que desafió los convencionalismos y las normas morales de la España de la segunda mitad del XIX. Ella viajó por Europa, se empapó de las corrientes literarias de moda allende los Pirineos y vivió su sensualidad y sexualidad sin importarle el qué dirán. Como literata se ganó a pulso su papel en la Historia a pesar de las trabas y los impedimentos que los hombres de su época le pusieron. Sin embargo, su tenacidad, su trabajo y su don para las letras configuraron su leyenda en vida y nos la han traído hasta la actualidad en este flujo imparable que es la Historia, y que se dejó por el camino, relegados a la cuneta del olvido, a no pocos coetáneos de la autora gallega que en aquel tiempo eran más famosos que ella.

Los pazos de Ulloa, la novela que publicó en 1886 y que muchas generaciones conocieron por primera vez en la escuela, retrata esa Galicia rural, ese feudalismo caciquil que a veces aún hoy, parece resistirse a desaparecer. Un joven sacerdote, Julián, es destinado a los pazos (el señorío), a ser el cura personal del marqués de Ulloa, para asistir su alma y su hacienda. Al llegar se encuentra con un señor feudal embrutecido, salvaje, de costumbres medievales y amancebado con una criada, Sabel, con quien tuvo un pequeñuelo, Perucho. El padre de la sirvienta-amante del señor don Pedro Moscoso, ejerce de mayordomo, aunque en realidad es quien gobierna los pazos y por extensión, la comarca. Su nombre, por su manera de ser y actuar, resulta revelador: Primitivo.

El padre Julián, escandalizado, resuelve conseguir que el señor tome esposa decente, se deshaga de todas las sanguijuelas que están dilapidando la fortuna del marquesado y siente la cabeza. Así, lo convence para ir a visitar a su tío en Santiago, y de paso a elegir esposa entre sus primas casaderas. Ahí entra en escena Nucha, débil de cuerpo y carácter, no obstante, angelical. La llegada de la joven noble a los pazos alterará los planes de Primitivo, que urdirá planes al respecto.

Al mismo tiempo, la autora nos relata con sutiles y certeras pinceladas la situación de la España de aquella época, donde las turbulencias políticas eran habituales. Se nos dará noticia de la Revolución de 1868 que destronó a Isabel II, de los avatares de la Primera República, de la Restauración de los Borbones, del ambiente político del sistema Canovista y del Turnismo. Y qué mejor manera de hacerlo que detallarnos las elecciones a Cortes a las que se presenta el marqués de Ulloa. En un relato que recuerda lo narrado por Eça de Queirós en La ilustre casa de Ramires, veremos los tejemanejes de los caciques locales de ambos partidos (Conservador y Liberal, Canovista y de Sagasta) con el fin de “ganar” las elecciones.

Emilia Pardo Bazán, a quien los hombres ilustrados de la época negaron dos veces un sillón en la academia de la Lengua, nos muestra en esta novela el dominio del idioma, hace juegos de manos con una narrativa fluida y rica. El léxico es primoroso y detallista, propio de ese estilo naturalista que cultivo siguiendo la estela de Zola. Se nombran aperos de labranza, piezas de ropa, objetos de todo tipo en una muestra sobresaliente del conocimiento que albergó la autora y que hoy es un tesoro lingüístico, histórico e incluso etnográfico. Además de refranes, galleguismos y todo tipo de expresiones que convierten Los pazos de Ulloa en mucho más que una novela. De hecho, la edición de Austral se completa con un prólogo que da cuenta de la vida de la autora, y de una guía de lectura que, si bien se orienta a estudiantes, recupera y compila la riqueza lingüística del libro.

Nos llevamos la obra de doña Emilia a la isla desierta para releerla y disfrutarla de nuevo.

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