Espectadores cómplices y solidarios frente al “Corazón de las tinieblas”, de Joseph Conrad/Darío Facal

Por Horacio Otheguy Riveira

Un espectáculo insólito que transita por un gran testimonio histórico con afán didáctico, pero que nunca pierde su poética dimensión escénica. Armónica fusión de elementos conjugados con un protagonista ejemplar, Ernesto Arias, un hombre de teatro que ya es, además de gran actor, director de escena felizmente volcado en algunos clásicos (Entremeses de Cervantes, por ejemplo). En esta ocasión intérprete comprometido con la estética y la ideología de una versión teatral de un monumento literario, primero en la historia de la literatura que denuncia un genocidio con más de 10 millones de víctimas. Con la novela El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad como hilo argumental, Darío Facal y su equipo se adentran en la historia de la exploración del continente africano y de la explotación impune de sus recursos naturales desde el brutal colonialismo decimonónico hasta sus consecuencias en la actualidad, donde por distintas vertientes se sigue alimentando al monstruoso abuso de poder de las naciones más fuertes, militar y económicamente.

 

 

La tierra parecía algo no terrenal. Estamos acostumbrados a verla bajo la forma encadenada de un monstruo dominado, pero allí, allí podías ver algo monstruoso y libre. No era terrenal, y los hombres eran… No, no eran inhumanos. Bueno, sabéis, eso era lo peor de todo: esa sospecha de que no fueran inhumanos. Brotaba en uno lentamente. Aullaban y brincaban y daban vueltas y hacían muecas horribles; pero lo que estremecía era pensar en su humanidad -como la de uno mismo-, pensar en el remoto parentesco de uno con ese salvaje y apasionado alboroto. Desagradable. Sí, era francamente desagradable; pero si uno fuera lo bastante hombre, reconocería que había en su interior una ligerísima señal de respuesta a la terrible franqueza de aquel ruido, una oscura sospecha de que había en ello un significado que uno -tan alejado de la noche de los primeros tiempos- podía comprender. ¿Y por qué no? La mente del hombre es capaz de cualquier cosa, porque está todo en ella, tanto el pasado como el futuro. ¿Qué había allí, después de todo? Júbilo, temor, pesar, devoción, valor, ira -¿cómo saberlo?-, pero había una verdad, la verdad despojada de su manto del tiempo. Que el necio se asombre y se estremezca; el hombre sabe y puede mirar sin parpadear. [Fragmento de El corazón de las tinieblas. Edición: Jorge Luis Marzo. Traducción: Sergio Pitol (Lumen)]

 

 

Ernesto Arias, alter ego de Joseph Conrad (1857-1924), es el maestro de ceremonias: narrador, presentador y protagonista, en un tono calibrado en el que se funden la distancia de quien informa fríamente y la contenida emoción de un testimonio de primera mano, ya que el gran escritor polaco nacionalizado británico, conoció el Congo de la colonización belga antes de escribir este libro. En El corazón de las tinieblas (1899-1902), “el horror, el horror” del que habla su autor ante la barbarie de la ocupación dirigida por el rey Leopoldo II, surge de una experiencia de hombre de mar curtido en mil batallas. Al volver de aquel viaje en 1891, necesitó seis meses para restablecer su salud: “Descendió sobre mi una gran melancolía cuando me di cuenta de que las realidades idealizadas de mi juventud habían sido desplazadas y embrutecidas por las actividades del Estado Libre del Congo y por el desagradable conocimiento del más vil de los saqueos en la historia de la exploración geográfica y de la conciencia humana”.

La novela narra el viaje de Marlow a través del río Congo en un viaje que se desplaza en múltiples direcciones para adentrarse en las terroríficas paradojas del capitalismo occidental, ya que tras el objetivo sumamente generoso de enseñar la prosperidad a los salvajes africanos, se sembró terrible crueldad en tortura y muerte con el objetivo de apropiarse de la explotación del marfil y del caucho.

La pieza es un ensayo escénico, una reflexión poética sobre las formas del mal, una invitación a mirar e intentar comprender nuestra propia oscuridad. (Darío Facal)

La conciencia de ser cómplices en la bárbara explotación del continente africano, al servirnos de la tecnología (ordenadores, móviles…) y otros confortables adelantos, nos permite transformar nuestra impotencia en seres solidarios con esfuerzos personales y colectivos, integrando ONGs de comprobada capacidad, así como entregar el voto a los políticos capaces de mover esta montaña… y cuanto esté a nuestro alcance para promover la verdad histórica. Ya no podemos ser indiferentes, ciegos, sordos, mudos aprovechando las consecuencias del carácter depredador de nuestros países, directa o indirectamente España, que —lo mismo que sus “civilizados” aliados— suele desplegar multimillonarios compromisos con dictaduras o seudodemocracias como la de Arabia Saudí (en los últimos cuatro años se ha multiplicado la venta de armas) o Israel (Aznar hablaba por teléfono con Arafat, prisionero en propia tierra, mientras vendía armas a su verdugo, Israel)… Ayer lejano y hoy muy presente: la bestia nunca duerme, aunque se ha ido debilitando más de lo que deseaba…

Espectadores cómplices por pasiva o por activa, que tras ser informados suficientemente no pueden mantenerse indiferentes. Este es uno de los objetivos que El corazón de las tinieblas, según texto y dirección de Darío Facal (Amistades peligrosas, El burlador de Sevilla, Sueño de una noche de verano), transmite con claridad meridiana y emociones encontradas en un entorno de notable interés escénico y gran belleza cromática.

 

El capitán Marlow atraviesa un infierno para encontrar a Kurtz, un importante agente comercial. Halla a un hombre enloquecido, rodeado de nativos sumisos y maltratados; gravemente enfermo, acaba muriendo. Cuando regresa a Londres, Marlow visita a la prometida de Kurtz, una joven burguesa fascinada con “todos ustedes, hombres valientes que enseñan a vivir bien a los nativos, que les llevan la civilización corriendo muchos peligros”. Marlow la escucha pacientemente, y calla. Incapaz de herir el ensueño de la joven, asiente con monosílabos. Ernesto Arias y Ana Vide logran un formidable encuentro que expresa con precisión el contraste entre la verdad y el engaño con que es manipulada la opinión pública. Cuando Marlow miente a la ingenua señorita, es también lo que las instituciones inglesas y los medios de comunicación hacían mientras Conrad escribía la historia: mentir.

 

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

Dramaturgia y dirección: Darío Facal  
Intérpretes: Ernesto Arias, Ana Vide, KC Harmsen, Rafa Delgado
Jose Luis Franco (Pianista)
Ass Sabar (Percusión)

Diseño de iluminación: Manolo Ramírez

Espacio Sonoro: Room 603

Diseño de Vestuario: Ana López

Espacio Escénico: María de Prado

Diseño de Audiovisuales: Javier L. Patiño

Asistente de Audiovisuales: Mario Alonso

Regiduría: Cristina Otero

Fotografía de cartel: Álvaro Serrano

Fotografía: Patricia Fuertes

Prensa: Marian Gómez Campoy (MGC&CO.)

Distribución: Salbi Senante

Producción: Metatarso Producciones y Teatros del Canal

Jefe Técnico: Álvaro Delgado

Ayudante de Dirección: Javier L. Patiño

Dirección de Producción: Cristina Otero

Teatros del Canal. Sala Verde. Del 26 de abril al 13 de mayo 2018

 

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