Un paseo por la historia de la mano de ‘Invicta’

REDACCIÓN.

Invicta comienza en el idílico paisaje de una Inglaterra de tradición y costumbre a finales del siglo XIX. Ante el lector, una cordillera nevada y en posición relajada, a las faldas de la casa familiar, Victoria, de quince años, que sueña sin medios en un mundo donde los efluvios de la leche de cabra configuran su día a día, en tanto los quesos se venden, pues son la única fuente de ingresos familiar.

Un día, una compañía de teatro llega a la comarca donde vive la protagonista con grandes planes comerciales. Será un encuentro fortuito el que lleve a Victoria hasta el patio de butacas rural donde se llevarán a cabo las representaciones. Allí descubrirá a Dylan y otros personajes relevantes en Invicta, que acompañarán a la protagonista durante su viaje. No es un viaje corto, en absoluto, este es el que da sentido a Invicta. Desde el trabajo en una casa señorial a las órdenes de un amo cuyo placer y disfrute pasa por atormentar de formas peculiares a la chica, seguido de una fuga al más puro estilo de Jane Eyre, a un reencuentro deseado por todos… Viajes, no faltan viajes en esta aventura, de esos que cambian vidas y descubren verdades allí donde somos más vulnerables: cuando estamos lejos de todo lo conocido.

Desengaños. También muchos. Pero… ¿Qué se puede hacer en estos casos? ¿Dejarse hundir? ¿Asumir que una vida de miseria es a la que se está destinado o resistirse a cuanto era de esperar, levantarse del suelo y luchar por ser alguien distinto? Son complicadas cuestiones. Tanto, que toman posesión de una parte significativa de la trama, cuando Victoria ya no es una niña, es una mujer y como tal toma sus propias decisiones.
Por fortuna la suerte no la abandona del todo. No podría encontrar mejor compañía en ese nuevo país al que se vio abocada, que la de grandes artistas de la época que, en sus distintas materias, dejarán huellas imborrables en la invicta protagonista de esta historia.

Al igual que en el teatro clásico, ese circo de risas y lágrimas, cada uno acaba ocupando el lugar que él mismo o las circunstancias le asignan. En Invicta, que a pesar de ser una novela también se trata de un paseo por la historia, un canto a la rebeldía, al inconformismo, lleno de suspiros críticos y feministas; en Invicta, que es un cuento capaz de sumergir al lector en otra época, cada uno de los personajes protagonistas encuentra su final y el lector que acompaña a Victoria en este viaje lleno de sentimiento, reencuentros y rodillas que sangran de cuando en cuando, se encuentra con un retrato donde más de uno, a pesar de los años, a pesar de los siglos, topa de frente consigo mismo.

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