Pequeño gran festival: Black Mountain Bossòst

Parte de los asistentes a la ceremonia de clausura en el Parador Nacional de Vielha.

No es el festival de Sundance, pero podría llegar a serlo por la fama que va adquiriendo y el prestigio de sus invitados. En la pequeña localidad pirenaica de Bossòst, mil doscientas almas a ocho kilómetros de la frontera francesa, bañada por el río Garona que la cruza, impetuoso, sabedor de que luego se va a convertir en una de las corrientes fluviales más importantes del país vecino, tuvo lugar por segundo año consecutivo el festival Black Mountain Bossòst /Montanha Nera Bossòst, aprovechando el puente del 1 de mayo que alargó el evento cinco días frente a los tres del pasado año.

Más de veinte actividades diversas relacionadas con la novela negra, el cine, la poesía. el jazz, el senderismo y la gastronomía tuvieron lugar en la población aranesa de Bossòst, epicentro del festival, pero también en Vielha, la capital de ese pequeño territorio de montaña, y en Toulouse, adonde se desplazaron cuatro de los autores presentes para dar una charla en el Instituto Cervantes de esa población, por lo que por primera vez el festival cruzó la frontera.

Un público numeroso y entregado que participó en los debates.

Cuatrocientas personas, venidas de toda la geografía peninsular y lugareños del propio Valle de Arán, disfrutaron de los debates, conferencias, sesiones cinematográficas, marchas por la montaña y la exquisita gastronomía del lugar. Los casi treinta autores invitados al evento llenaron con sus debates el ayuntamiento de la localidad, el salón de la Hostería Catalana y el cine de Vielha, y el festival tuvo como colofón la entrega solemne de premios en el Parador Nacional de la capital aranesa.

Los asistentes disfrutaron, entre otras cosas, de la conferencia magistral de Vicenç Villatoro sobre la frontera; la charla de Amador Marqués, alcalde de Bossòst, sobre el territorio, cultura e historia del Valle; asistieron a los apasionados debates sobre los nazis con José Luis Caballero, José Ramón Gómez Cabezas, Manuel Sánchez García, que se traía bajo el brazo su recientemente galardonada novela A plomo (premio José María Pereda) y José Luis Muñoz, y sobre los maquis con Juan Madrid, Alfons Cervera y José Luis Caballero, moderados por Mariano Sánchez Soler; debatieron sobre temas tan candentes como la prisión permanente revisable en la mesa de Asesinos solitarios, bandas de asesinos, psicópatas y quinquis, que contó con la presencia del policía autonómico y escritor Rafa Melero, el abogado y arquitecto José Vaccaro, Paco Gómez Escribano, maestro de la literatura quinqui, y el multipremiado  Carlos Augusto Casas. En el apartado de la poesía cruzaron versos de diverso calibre el argentino Carlos Salem, el madrileño Rafael Fuentes, la leridana Albada Albaiges y la alemana Angelique Pfitzner, mientras la argentina Susana Villafañe leía un cuento. Noelia Riaño, editora de Ediciones del Serbal, y Fernando Martínez Laínez, uno de los veteranos de la literatura española, presentaron la novela Ningún lugar de Rafael Fuentes, que obtuvo el premio La Orilla Negra del pasado año y se presentaba este. En la mesa de Delincuentes sin fronteras debatieron sobre el tema de la globalización de la delincuencia veteranos de la talla de Julián Ibáñez o José Luis Caballero, junto a Rafa Melero, que conoce el tema como profesional de la seguridad,  Paco Gómez Escribano, cuyas novelas se centran en la pequeña delincuencia de barrio, el suyo, Canillejas, y Pascal Dessaint, que acaba de publicar en España Morir no es lo peor. La mesa que se dedicó a indagar en las distopías estuvo coordinada por el periodista cultural Marc Muñoz, y Ricardo Bosque, escritor y comisario de Villanoir, el periodista Xavier Borrell y el escritor José Luis Muñoz, comisario del Black Mountain Bossòst, coincidieron en estar viviendo ya en una distopía nacida de las mentes de George Orwell o Philip K. Dick.

Las mesas de debate tuvieron lugar en el ayuntamiento de Bossòst y en La Hostería Catalana.

 

A una hora tardía, un club de veteranos de las letras formado por Juan Madrid, Alfons Cervera, Fernando Martínez Laínez, Mariano Sánchez Soler, Julián Ibáñez y José Luis Muñoz, debatió sobre sus procesos creativos moderados por Manuel Quinto.  Si Alfons Cervera afirmaba que sólo necesitaba un título y su nombre debajo para dar arranque a una novela que no tuviera más de 200 páginas nunca, José Luis Muñoz daba fe de la magia existente en el proceso creativo que le arrastraba como escritor, mientras Mariano Sánchez Soler se mostraba más disciplinado a la hora de escribir. Fue Manuel Quinto, escritor y crítico de La Vanguardia, junto al también crítico Joan Salvany, quienes introdujeron a los espectadores en la obra de Jean Pierre Melville a los asistentes de este ciclo de tres películas de un noir tan impactante como estilizado formado por Hasta el último aliento, El silencio de un hombre y Círculo Rojo, en las proyecciones que tuvieron lugar en el cine de Vielha.

El paseo por los bosques de la Val d’Aran fue uno de los momentos que más agradecieron los asistentes al Black Mountain Bossòst.

El 1 de mayo por la tarde, tras la excursión del día anterior a las mugas guiados por Sara Díaz, ingeniera de montes y guía de montaña, que descubrió a los asistentes el paisaje espectacular del Valle de Arán, sus bosques infinitos y sus cumbres nevadas, fue el momento de desvelar el premio a la mejor novela negra publicada en castellano en 2017 que se llevó La mala hierba de Agustín Martínez;  el de La Orilla Negra a la mejor novela negra inédita presentada a concurso que ganaron, ex aequo, José María García Sánchez y José Ramón Gómez Cabezas por sus novelas Tráfico y Ojos que no ven; y el emotivo premio a toda una trayectoria dentro de la novela negra a Juan Madrid por el conjunto de su obra y su importancia capital dentro del género negro. El creador de Tony Romano, el gitano Flores de Brigada Central y de Días contados, glosado por Alfons Cervera y José Luis Muñoz, que le hizo entrega del premio, una escultura personalizada de Ángels Freixenet, agradeció esa distinción en un discurso en el que se remontó a Miguel de Cervantes y al Quijote, para hablar del hecho literario, y terminó confesando que, tras un largo período de bloqueo, había empezado a escribir una nueva novela en Bossòst, que el paisaje del Valle le había liberado y había sido balsámico. Por otra parte el alumno del Valle de Arán Dani Marín se llevó el premio Montanha Nera Bossòst con El asesinato de Susan.

El escritor Juan Madrid recibió de manos del comisario del evento José Luis Muñoz el premio Black Mountain Bossòst a toda una trayectoria literaria.

El 2 de mayo tres autores españoles, Fernando Martínez Laínez, Julián Ibáñez y José Luis Muñoz,  y un francés, Pascal Dessaint, cruzaron la frontera para dar una charla sobre ficción y realidad en la novela negra en el Instituto Cervantes de Toulouse, colofón de un festival que este año ha durado, de forma excepcional, cinco días, y que ha cosechado éxito de asistencia y multiplicado por dos sus actividades. Un festival que es posible gracias a la implicación en él del Ayuntamiento de Bossòst, y especialmente de su alcalde Amador Marqués, el ayuntamiento de Vielha, la Hostería Catalana, el restaurante Zurbaran y su chef Martín Inurritegui, que lo ha abierto para la ocasión, el Parador Nacional de Vielha y el Instituto Cervantes. Un evento cultural muy singular, entrañable y familiar, una oferta turística novedosa, imbricada en un paisaje extraordinario, que ya calienta motores para una tercera edición en 2019 cuyo reto es superar la de 2018.

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