“Música y mal”, terror histórico y belleza eterna en una creación de Lola Blasco

Por Horacio Otheguy Riveira

La envolvente voz de Lola Blasco permite que la actriz, la dramaturga y la directora se unan en torno a un tema del que se  ha escrito bastante, pero nunca representado en un concierto que a su vez tenga dinámica teatral.

Acompañada al piano por Alexis Delgado, se sumerge en el encantamiento de clásicos momentos musicales revividos por los monstruos del nazismo y otras tiranías seudodemocráticas: un fenómeno que encontró, y encuentra, en música excelsa una distinguida compañía para acciones de crueldad y depredación absoluta para dominar el mundo.

 

Fotografía: marcosGpunto

Con un tratamiento ligero, coloquial, desenfadado, Lola blasco se desliza por asuntos muy profundos que se entrometen en el presente y nos perturban con razón y afán de justicia. Una propuesta hipnótica, imprescindible para intentar comprender lo incomprensible: la unión de la belleza y lo terrible.

Un hombre puede leer a Goethe o Rilke por la noche,

puede tocar a Bach o a Schubert,

e ir por la mañana a su trabajo en Auschwitz

En escena el espacio es suyo, como el aire que respira y la complicidad con el músico que la acompaña. No es de extrañar, está acostumbrada a toda clase de escenarios como intérprete, autora, directora, alumna y docente: una mujer de teatro que asume responsabilidades ideológicas que se convierten en políticas. Asume también sus contradicciones, su liviandad de ser humano en el día a día y su lucha por mantenerse en pie, sus placeres y sus temores, y en esas que también se arma de valor para ser esta conferenciante, “esta guía” por un museo fuera de serie, personaje inédito en el teatro español, con vagos antecedentes de actrices cantantes en el café-teatro europeo e hispanoamericano (por ejemplo, Milva, Ute Lemper y Cipe Lincovsky, adalides brechtianas). Pero Lola Blasco no nos trae canciones reivindicativas, por el contrario aporta una mirada nueva desde la ya legendaria tribuna del teatro, en una sala donde su voz y la música que la rodea se expanden diáfanas, con fuerza desoladora y maravillosamente luminosa, pues tras los dolorosos testimonios que narra se establece un pacto ya establecido en otras regiones del mundo al grito de “¡Nunca más!”. ¡Nunca más la barbarie amparada en la cultura! Es este peldaño de una larga escalera invadida de gritos de víctimas y verdugos donde se establece la diferencia, pues el engaño ha sido fructífero, y aún hoy millones de personas son engañadas con el resplandor de lo culto ligado a la “aristocracia del espíritu”, a las “buenas familias”; al honor, la mística de religiones cómplices y el rigor de artistas que aportan su talento a crímenes de guerra.

Todo ello se vivencia en un espectáculo nada discursivo, con el brío y la sencillez de una buena teatralidad exenta de aspavientos. Las manos de un eximio pianista (Alexis Delgado) junto al acariciante encanto de una musa que no se anda con rodeos, y aporta una mirada que fascina y espanta:

 

¿Qué es El clave bien temperado de Bach sino el deseo de establecer un orden a toda costa? Cuando en 1747 Johann Sebastian Bach visita la corte de Federico el Grande no se imagina las consecuencias que van a derivar de este “casual” encuentro. Tenemos en el mismo escenario al padre de la nación alemana, unificador del territorio mediante el reino de Prusia, junto al padre de la música alemana, unificador de las músicas francesas e italianas. Desde entonces, música y nación van de la mano. Bach le entrega a Federico una Ofrenda musical, ofrenda basada en el ideal, y ese ideal que proclama Bach se va a convertir en canon, igual que Federico y el propio Bach se van a convertir en canon para el nazismo, igual que el nazismo va a ser el canon que regirá fascismo y franquismo. Sí, música y nación van de la mano. [1]

Montaje sobre una reproducción de El caminante sobre el mar de nubes, del pintor romántico alemán Caspar David Friedrich, obra creada en 1818.

 

(…) Entre el 3 y el 6 de septiembre de 1850 Wagner publicó El judaísmo en la música, un texto infame en el que Wagner da cuenta de su odio a los judíos y sugiere su autodestrucción para poder purgar Alemania. En realidad lo que le impulsa es la envidia que siente por Meyerbeer y por Mendelsshon. Sobre todo por Meyerbeer, porque en ese momento tiene mucho más éxito que él. En El judaísmo en la música habla de la repugnancia que le produce la sensualidad de la lengua judía, con esa articulación seseante y ese habla en definitiva arrastrada.  Un día deseó que se incendiara un teatro lleno de judíos mientras se representaba Natan el sabio. Sí, Wagner en vez de boca, parece tener un ventilador lleno de mierda. Pero aún va más allá en sus apreciaciones y llega a decir que cuando oímos hablar a un judío, la falta absoluta de expresión humana de su discurso, nos hiere involuntariamente, eso dice. “Tened en cuenta que sólo una cosa os redimirá de la maldición que pesa sobre vosotros” les dice: “El Hundimiento”. 

(Silencio)

Si la ficción influye en la realidad, tanto como la realidad lo hace en la ficción, quizás convendría pedir más responsabilidades a los artistas Sobre todo a los que hacen de su arte un proyecto político… y esto es algo que podría aplicarme.

(Suena el inicio de La Cabalgata de las Valquirias)

Tiene algo de beligerante, ¿no les parece? Suena… Es como si viésemos al caballo de Troya, el caballo de Troya que entra despacio, sigiloso… Y de repente:

¡Salen todos los soldados!

“Cuando escucho a Wagner me entran ganas de invadir Polonia”, que decía Woody Allen, una actitud heroica.

En la guerra del Golfo, en la guerra de Irak, un grupo de soldados estuvo viendo durante tres días la escena de los helicópteros de Apocalypse Now, La de La cabalgata de las Valquirias. Estuvieron tres días viendo esa escena antes de estrellarse contra las casas de los iraquíes.  Tres días. En bucle.

(Sacando la noticia)

El pasado mes de febrero el grupo Wagner, un ejército privado pagado por el gobierno ruso fue bombardeado por los americanos por el control de un yacimiento petrolífero. “Cuando escucho a Wagner me entran ganas de invadir Polonia”, y por lo visto… por lo visto también Irak… O Siria…

 (Suena de nuevo Tristán)

 Hitler escuchaba la muerte de Isolda cuando se pegó un tiro. [2]

[1] y [2], fragmentos del texto original escrito por Lola Blasco para Música y mal.

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Algunos temas que se interpretan en escena:

Johann Sebastian Bach. Ofrenda musical. (Fragmentos)
Carlo Gesualdo. Moro Lasso. 
Richard Strauss. Morgen.
Franz Peter Schubert. La muerte y la doncella. 
Robert Schumann. Escenas infantiles. (Selección)
Claude Debussy. Claro de luna. 
Anton Webern. Variaciones op. 27. (Fragmento)

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MÚSICA Y MAL

Texto e interpretación: Lola Blasco

Piano: Alexis Delgado

Selección musical y arreglos: Manuel Bocos

Diseño de iluminación: Paco Ariza

Vestuario: Ana Rodrigo

Agradecimientos: Rubén Cano, VidAl, Montse Gabriel, Marcela Cantillo y Aída Argüelles

El Pavón Teatro Kamikaze. Sala El Ambigú. Del 23 de mayo al 3 de junio 2018.

 

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