Entusiastas intérpretes dentro y fuera de “La cueva de Salamanca” de Ruiz de Alarcón

Por Horacio Otheguy Riveira

Un juego de teatro en el teatro en un contexto audiovisual del Siglo de Oro. El que fuera audaz invento de Adolfo Marsillach en los inicios de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, ya forma parte del quehacer natural de diversas puestas en escena de los padres de nuestro gran teatro. Pero siempre hay sitio para sorpresas, y esta vez corren por cuenta de Emilio Gutiérrez Caba como director y el productor Salvador Collado, comandantes de una nave cuya tripulación está sólidamente formada por seis intérpretes que se entregan al ida y vuelta de sus personajes y situaciones dramáticas en una entusiasta atmósfera de elegante comedia con su romanticismo y toque sobrenatural.

 

 

La cueva de Salamanca de Ruiz de Alarcón se representa tras pasar por escenas de otras piezas de autores coetáneos al creador de La verdad sospechosa, su obra maestra (montada maravillosamente en 2013 por Helena Pimenta). El encuentro es provechoso, divertido e inquietante, pues el gran actor Emilio Gutiérrez Caba —en este caso dramaturgo que une y adapta todos los textos, y responsable de la puesta en escena— tira de la propia experiencia de los actores en una ficción de ensayos entusiastas, con sus típicos inconvenientes, rumbo a una posible fuente de ingresos, de tal manera que los integrantes de la Compañía han de hacer malabarismos para ocuparse de varios personajes del siglo de oro, representando a su vez a actores que desesperan por entrar o mantenerse en series de televisión y en realidad pillar cualquier trabajo que se precie. Al final se escucha algo así: “Tú al menos tienes una serie, algo seguro”. “¿Seguro? La acaban de quitar por falta de audiencia ¡en el primer capítulo! Estoy en la calle”. “Muchos hace tiempo que estamos así”. La precariedad laboral de los actores en un entorno de comedia mientras asumen la representación de un espectáculo, y todo dentro de una armónica voluntad de disfrute compartido.

Un drama de inconveniencias, dificultades y hambrunas de cómicos del siglo de oro que hoy en día cada vez se asemeja más, como toda la sociedad que marcha atrás en conquistas sociales. Si en sus últimas temporadas a Lope de Vega su mecenas se olvidaba de darle su paga para comer y calentar la casa con carbón, en los teatros la competencia de Calderón de la Barca mataba sus estrenos, y aquí mismo, en este ilustrísimo Teatro de la Comedia de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, hace unos días el fabuloso elenco de El burlador de Sevilla se vio obligado a interrumpir las merecidas ovaciones para leer al público presente un comunicado lamentable acerca de los retrasos en el pago de sus haberes: el pago, sí, es decir, parafraseando a los clásicos: la pecunia, el emolumento, la paga, los haberes, el estipendio…

En este marco ha situado Gutiérrez Caba a sus intérpretes y éstos responden con notable gracia en general, obteniendo un resultado muy estimable que aumenta a medida que avanza la acción con la colaboración siempre extraordinaria del diseño de iluminación de Juanjo Llorens que torna los fabulosos telones (la mayor parte de la escenografía está elaborada en base a telones) y el exquisito vestuario —ambas creaciones bajo firma del muy experimentado Alfonso Barajas, en parte junto a Suso33— en piezas vivas de un engranaje en el que cada situación se desarrolla con gran agilidad y notable sentido del humor, entre mujeres que se hacen pasar por hombres, hombres que le dan muchas vueltas a su deseo de poseer a las mujeres, y monjes con poderes sobrenaturales en el entorno del siglo XVII y la Universidad de Salamanca que este año de 2018 cumple nada menos que 800 años.

La vida alrededor de los estudiantes y los prejuicios de la época son la excusa perfecta para conocer de cerca la imaginación y las carencias de cómicos que lo dan todo cuando llaman a su puerta, lo mismo si son bolos o buenos contratos con los que seguir soñando por unos aplausos que en este caso llegan con justo entusiasmo, ya que al final se queda el público con ganas de que continúe la fiesta con portadores tan brillantes como María Besant, Eva Marciel, Daniel Ortiz y Chema Pizarro, los tres versátiles intérpretes que sacan inmejorable partido a personajes muy brillantes. A su lado, José Manuel Seda es el emblemático galán y Juan Carlos Castillejo oscila entre el acierto de algunos personajes y la dificultad de una voz aguda en largas parrafadas. Con altibajos en el ritmo de las últimas escenas, La cueva de Salamanca, escrita y dirigida por Emilio Gutiérrez Caba, tiene más puntos a favor que en contra, gana por diferencia a su propia temeraria aventura de unir el hoy con el ayer, a los artistas con los personajes, sin perder el contexto que tan bien han comprendido los creadores de toda la realización comandada por un veterano productor como Salvador Collado, responsable de numerosas obras de envergadura como Historia de un caballo, Tirano Banderas, ¡Ay, Carmela!, El cielo que me tienes prometido, La puta enamorada o La voz dormida, entre muchas otras.

Divertido comienzo entre una dama que se empeña en parecer un hombre para llegar a su perdido amor (Eva Marciel) y la amiga que intenta desesperadamente convencerla de que es demasiado hermosa para que la gente se lo crea (María Besant).

 

José Manuel Seda y Eva Marciel en una de las bellas escenas románticas a pie de la misteriosa Cueva.

 

Fotografía actual de la llamada Cueva de Salamanca donde transcurre la acción. Un sitio histórico cargado de apasionantes leyendas, parte de las cuales se representa en la comedia.

 

Basada en el texto homónimo de Juan Ruiz de Alarcón (Taxco, Virreinato de la Nueva España, hoy México, probable 1581-Madrid, 1639), y escenas de La Fénix de Salamanca de Antonio Mira de Amescua (Granada, 1577-1644), y Obligados y ofendidos y Gorrón de Salamanca, de Francisco de Rojas Zorrilla (Toledo, 1607-Madrid, 1660).

Dramaturgia y dirección: Emilio Gutiérrez Caba

Ayudante de dirección: Pilar Valenciano

Intérpretes: Eva Marciel, María Besant, Daniel Ortiz, Juan Carlos Castillejo, Chema Pizarro, José Manuel Seda.

Escenografía: Suso33 y Alfonso Barajas

Vestuario: Alfonso Barajas

Iluminación: Juanjo Llorens

Música: Luis Delgado

Coproducción: Compañía Nacional de Teatro Clásico y VIII Centenario de la Universidad de Salamanca y Compañía de Salvador Collado (Euroscena).

Teatro de la Comedia, del 7 al 17 de junio 2018.

 

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