Grimsey (2018), de Richard García y Raúl Portero – Crítica

 

Por Jaime Fa de Lucas.

Islandia es tan mágica que uno después de visitarla se siente atraído por todo lo relacionado con ella y más si se trata de un producto audiovisual que tiene la  posibilidad de exprimir sus paisajes. Por desgracia, Islandia le viene grande a esta película amateur de bajo presupuesto que no ofrece absolutamente nada, más allá de cuatro o cinco imágenes decentes con un dron.

La premisa puede resultar interesante –un hombre viaja a Islandia para buscar a su amigo fotógrafo desaparecido–, pero la ejecución es pésima. Desde el principio se nota que la película es de baja calidad. La fotografía es excesivamente descuidada. Los actores parece que están leyendo directamente del guion. Las conversaciones son falsas. Los personajes y sus relaciones apenas están desarrollados. La trama es escasa. Hay muchas partes de relleno con imágenes aleatorias del país y música de fondo. Etc.

Los intentos por desmarcar la propuesta a través del apartado formal –imágenes distorsionadas de los personajes, el recurso de las cascadas que van al revés…– tampoco funcionan, ya que se introducen de manera muy forzada y más bien parecen algo caprichoso que se ha añadido artificialmente para darle un toque “guay” a la propuesta.

Supongo que tampoco se puede pedir que se genere algún tipo de atmósfera inquietante acorde con la desaparición. Además se abusa del recurso del teléfono y de las imágenes de la carretera, hasta el punto de que da la sensación de que Grimsey no es un camino que se convierte en un fin en sí mismo, sino un camino que es tan irrelevante que ni siquiera es un camino en sí mismo.

 

*Grimsey se puede ver en el Atlántida Film Fest a través de Filmin.

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