‘Me acuerdo y otros autorretratos’, de Joe Brainard

PEDRO PUJANTE.

A diferencia de los libros de ficción, los libros de memorias o autobiográficos tratan de presentar una serie de hechos ciñéndose a una verdad más o menos objetiva. Son libros que fundan la historia de un sujeto desde el yo, atrapando instantáneas, recuerdos y momentos que han de configurar una vida. En ese sentido Me acuerdo de Joe Brainard es quizá uno de los textos autobiográficos más honestos que he leído. Creo que es honesto y coherente porque la memoria no es otra cosa que un sinfín de fragmentos deslavazados que solo tienen en común un yo que los almacena. Es un libro que ha inspirado a otros autores como Perec quien en su Me acuerdo retoma la fórmula de Brainard para reconstruir su propia memoria personal y a la vez social de una Francia entrevista desde la intimidad de los hechos cotidianos.

Conformado por cientos de breves fragmentos, todos ellos encabezados con la fórmula de “Me acuerdo”, Brainard hace un repaso de su vida, de sus más personales afectos, desafectos y efectos personales para trasmutar lo íntimo en materia literaria, en hilo vital de la memoria. El me acuerdo es, como señala Paul Auster en el prólogo, el hallazgo, el descubrimiento de una máquina de crear recuerdos. Un libro que recorre aspectos banales, melancólicos, de infancia y familiares, sueños, contemplaciones, el arte y la misma vida desde la óptica del narrador inserto en su propio devenir memorístico. También la sexualidad y lo corporal están muy presentes en la memoria del autor. Me acuerdo, como fórmula de escritura, funciona a la perfección, es el motor que sirve para activar el juego arbitrario de la memoria y presentarlo en series de retazos que, puestos uno junto a otro, conforman estas peculiares memorias. Memorias heterogéneas y originales, que a modo de caleidoscopio, nos muestran a un hombre, a Joe Brainard en perspectiva,  tan genial como cotidiano. Narración fragmentaria que hace de este inusual libro un ejemplo de estilo y sencillez y sobre todo, un artefacto caracterizado por una honestidad brutal y una sensibilidad estremecedora.

El resto de textos, algunos autobiográficos, dibujos y otros escritos heterogéneos complementan este autorretrato de un artista irreverente, lúcido y genial.

Quince años antes de su muerte, Brainard efectúo un gesto bartlebiano y detuvo su actividad artística y literaria.

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