Antonio Campos y José Luis Montón, de Lorca al Lazarillo en un glorioso viaje

Por Horacio Otheguy Riveira

El verano madrileño se llevó a sala llena el ingenio y el talento de dos hombres que traen la historia en los bolsillos de un traje atemporal. Especie de cuento de hadas masculino en el que triunfa el humor negro de la miserable España y la crítica implacable hacia el autoritarismo clerical y la tiranía de cualquier abuso de poder.

Un actor dúctil, flexible, que se transforma a la vista del público sin cambiar de vestuario, y un músico sabio que se integra con cautela o desparpajo en el recitativo tan antiguo como moderno de El lazarillo de Tormes logran una fusión mágica, entrañable, tal y como anduvieron de radiantee en el espectacular homenaje a Lorca de Los amores oscuros, de Manuel Francisco Reina.

Nuevamente juntos, el actor Antonio Campos y el maestro José Luis Montón tienen la fuerza necesaria para imprimir carácter a un escenario despojado de adornos, sólo habitado por la palabra de una historia de autor anónimo, prohibida por la Inquisición durante siglos.

Lázaro, el niño que llega a adulto y con 27 años escribe una carta a una prestigiosa autoridad para contar su vida y seguir adelante “en la cúspide de vender los vinos del Arcipreste de San Salvador”, una letanía, retruécanos, humoradas… en ajustados episodios de violencia brutal de hombres cuyo egocentrismo les lleva a explotar y golpear a un huérfano por decisión materna, de la mujer que entrega a su hijo a un ciego para liberarse de una boca más a la que dar de comer.

En escena, con bien lograda síntesis de poco más de una hora, Antonio Campos hace de su Lazarillo un muestrario de humanas figuras, no por eso menos feroces, como el avaro cura o el ciego siniestro junto a muchos otros en breves pinceladas. Lo dirige Lluís Elías, un hombre forjado en las excelencias de Els Joglars, es decir, de un teatro donde el rigor en las técnicas de interpretación casan de maravilla con la improvisación y la capital importancia de la expresión corporal. Va y viene por el escenario, de un personaje a otro, se burla el actor de sí mismo como el personaje se burla de su sufrimiento montado en el brioso corcel de la inventiva para no morir de hambre ni de sórdida soledad. Y la puesta en escena está al servicio de ese deslizamiento orgánico, ágil pero no atropellado, con las pausas imprescindibles para que la emoción se cuele sin alharaca, y ahí tiene su papel más destacado José Luis Montón, pues aporta el delicado encanto de un lirismo que recorre las aguas del Tormes como la propia espesura del dolor del infante, luego la alegría del niño cuando descubre que de su picaresca fluye una pasión de vivir insólita, más allá del tiempo y el espacio.

No hace mucho, Antonio Campos deslumbró con El buscón, de Quevedo, dirección de Juanma Cifuentes: 36 personajes y un solo actor. Aquello fue un monumental ejercicio de recreación. Esta vez gana la austeridad más absoluta. No se trata de don Francisco de Quevedo, el genial escritor duramente perseguido por la Iglesia, sino de alguien más modesto y desconocido que ha de esconderse para no ser destruido en nombre de un cristianismo que desterró la bondad y el perdón tan caro en sus orígenes. De aquel conmovedor alegato llegan al Lazarillo actual similares renuncias y afrentas, despropósitos inhumanos y humanos lances de aventuras en las que, en definitiva, triunfa la imaginación de unos pocos en un mar de injusticias. Entre los más pobres, “el otro”, el extranjero que hoy exhibe su andrajosa indumentaria del que no tiene derecho a nada. Ayer y hoy entrelazados en el fresco social de un Lazarillo de Tormes que Antonio Campos y José Luis Montón ponen a nuestro alcance con disciplina de artistas creativos, y el sentido del humor propio de hombres que a cada vuelta de esquina encuentran un nuevo rito. Uno nuevo, siempre distinto, para consagrar a la vida como una de las más bellas artes.

 

 

 

Novela de Autor Anónimo del siglo XVI

  • Adaptación y dramaturgia Antonio Campos
  • Música José Luis Montón
  • Dirección Lluís Elías
  • Producción Albacity Corporation
  • Productor ejecutivo Carlos G. Navarro
  • Sonido e iluminación SoundLine
  • Espacio escénico Albacity Corporation
  • Vestuario Taller ‘Abuela Santa Ana’
  • Fotografía David Ruano – Stylex Estudio
  • Diseño Grupo ENUNO
  • Producción Consuelo Beléndez

En Madrid, en El Corral Cervantes de Atocha, hasta el 9 de septiembre 2018.

Comienzo de nueva gira:

13 de octubre, Villanueva de los Infantes, Ciudad Real.

28 de octubre, Teatro Circo de Albacete.

 

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