“Click”: cita a ciegas en el campo mientras cantan los móviles. Casi una comedia.

Por Horacio Otheguy Riveira

Un argumento muy interesante basado en dos que buscan pareja a través de los lances digitales, ya no por ordenador, sino a través del teléfono mágico-portátil que todo lo puede. La novedad estriba en que la “accidental” pareja se forma entre una joven atractiva y un hombre mayor, ostentando calva y agotamiento físico, en lugar del joven musculado que suele presentarse.

La obsesión por los móviles supera todas las posibilidades imaginadas, a tal punto que hay una manía por comunicar ya, en el acto, en cualquier lugar cualquier intimidad en algunos casos a grito pelado, igual en el bus, en el Metro o en la cola de la compra. He llegado a intentar frenar estos abusos insolidarios, pero no siempre con éxito. En el mejor de los casos, la persona se siente avergonzada y baja la voz o se calla; en el peor, la cosa se convierte en una violenta diatriba que sólo se frena con buen humor… En las salas de espectáculos cuando no suena la musiquita, estalla de manera interminable el vibrador o, peor aún, los usuarios no pueden controlarse y lo consultan, logrando deslumbrar a artistas y espectadores. Son muy pocos “los movilistos” que susurran en lugar de consagrarse a su conversación como si estuvieran solos en la cocina de su vivienda.

Un drama que en el cine tiene muchos y variados tratamientos (Cellular, un thriller con Kim Bassinger, y otro Click, comedia con Adam Sandler), que el teatro ha transitado ya varias veces con indudable éxito cuando se trata de un melodrama (Móvil, de Sergi Belbel, representado en catalán y en castellano), y al abordarlo con cierta comicidad en el terreno del divertimento se han jugado diversas funciones más o menos brillantes, pero este Click es la primera pieza teatral que cubre el tema como elemento principal; un argumento muy interesante basado en dos que buscan pareja a través de los lances digitales, ya no por ordenador, sino a través del teléfono mágico-portátil que todo lo puede. La novedad estriba en que la “accidental” pareja se forma entre una joven atractiva y un hombre mayor que ella, ostentando calva y agotamiento físico, en lugar del joven musculado que suele presentarse.

Al hombre en cuestión le cita en el campo en un sitio que ella adora, pues allí enterró las cenizas de sus padres, gente muy maja que adoraba la naturaleza como ella misma, una pasión “natural” que les llevaba a recolectar setas con entusiasmo, hasta que no reconocieron unas venenosas que les llevaron a la tumba. Humor negro y blanco, ligeramente pícaro, que se mueve con diálogos ágiles a lo largo de una hora.

Las situaciones que los personajes viven renuevan su energía a través de su imperiosa necesidad de ser ellos mismos a través de sus móviles, siempre a mano. Estos desenfrenados ansiosos se cuelgan de las redes como tarzanes por la selva, no son ellos mismos si no es pulsando, hablando por escrito, escondiendo su miedo a no ser queridos y a la vez atreviéndose a jugársela por puro afán de que el milagro se produzca, y la chica guapa al fin se lance a los brazos del caballero entrado en años…

Lo más logrado es el momento en que teniéndose al alcance a ellos mismos, prefieren enviarse mensajes de click en click, mezcla de timidez con frenética necesidad de seguir comunicándose con el medio que más y mejor conocen. Patético, moderadamente divertido en una “casi” comedia porque el trasfondo es dramático reflejo de un mal de nuestro tiempo cada vez más agobiante, a tal punto que ya hay muertos por hacer selfies arriesgados (varios casos han sido noticia).

Una aventura escrita y dirigida por Laura Molpeceres, una joven que ama el teatro y a la que seguramente le surgirán nuevas oportunidades para enriquecer sus textos y mejorar su relación con el escenario. Le sobran buenas ideas y deseo de crecer, de manera que aunque este Click no resulta todo lo redondo que merecería su planteamiento (le falta mayor desarrollo y una dirección de actores con mayor variación de registros), cuenta con el aval de las encantadas sonrisas de los espectadores de ambos sexos, todos muy cómodos identificados con los personajes, y felices de que el espectáculo sea suficientemente ágil y breve para encender cuanto antes el artilugio que les lleve a esperar la buena noticia con ahínco, o volver a buscar el gran amor, la más encendida promesa de felicidad… o el golazo inesperado cuando cae la noche.

 

Las fotografías que se ofrecen a los medios de comunicación tienen este ambiente cinematográfico de un realismo divertido, pero muy alejado de la austeridad del escenario con unos pocos elementos de utilería, donde transcurre la acción. Eso sí, con los mismos intérpretes, Esther Rivas y Pedro G. Marzo, dueños de notable simpatía, evidentemente muy felices de haberse conocido.

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También en CULTURAMAS:

La obsesión por los móviles crea el peor anticlímax en los teatros

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texto y dirección 
Laura Molpeceres
reparto 
Pedro G. Marzo, Esther Rivas
voz en off 
Cristina Soria

escenografía
Raquel Rivas
diseño gráfico 
Tomy Llorens
diseño de luces 
Matyssa Pérez
música
The Funny Funerals

producción Chicoproducciones

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