“Proyecto Edipo”, extraño experimento futurista entre Sófocles y Belmonte

Por Horacio Otheguy Riveira

Gabriel Olivares escribe y dirige —con su Compañía de TeatroLab— un experimento audaz, con intención de abarcar la clásica tragedia griega y un futuro donde el arte taurino está perseguido. Una unión de fenómenos opuestos que se quiere expresar con un latido común, en defensa de la capacidad de elección y la libertad individual. Extraño espectáculo sólo por momentos bien encausado, con algunos hallazgos que permiten llegar al final con cierto interés, aunque no con la emoción acostumbrada ante un equipo de gran talento y largo alcance, que en esta ocasión se ve desbordado por sus propias intenciones.

Sólo recomendable para los amantes de las versiones libres y los experimentos teatrales. 

 

En el programa de mano (que nadie firma pero supongo que es del autor-director) se propone un planteamiento muy interesante de individuos marginados en sociedades estrictas: el mundo de los dioses y las supersticiones de la antigua Grecia y el del fanatismo en una España 2030:

Proyecto Edipo son dos espectáculos en uno: una revisión de la tragedia de Sófocles Edipo Rey y una fábula distópica y futurista en una España sin corridas de toros. El texto inmenso de Sófocles genera infinitas lecturas. Eso ha ocurrido también en el TeatroLab Madrid. El concienzudo trabajo de actores y director con el texto, ha parido dos criaturas que, aunque diferentes, tienen un mismo padre: Edipo. Ambos espectáculos respiran el mismo aliento trágico, aunque plantean preguntas distintas y proponen respuestas escénicas diferentes. Tebas, hace 2500 años. Proyecto Edipo nos lleva hasta un futuro de ruinas, apocalíptico. Tebas aparece envuelta en una atmósfera opresiva, humeante, polvorienta. De pronto, como en los grabados de Piranesi, la huella de un mundo ancestral surge de la ceniza: tiene la forma de un laberinto, o un pasadizo sin fin, o un calabozo. También aparecen los signos de una cultura olvidada, tan antigua como el hombre: la tauromaquia como huella violenta pero también ritualizada del animal sacrificado frente al público.
Como el toro, Edipo es una fuerza de la naturaleza presa del dolor, luchando en vano contra el entorno hostil de una sociedad fracturada, donde la individualidad ya no tiene cabida. Esa es la tragedia del Edipo personaje, el rebelde individual frente al Destino y sus Dioses; la maquinaria imparable que aplasta al hombre libre y lo cubre con la ceniza del tiempo y del olvido.

 

Pasado y futuro en el desarrollo de unas historias que, salpicadas de cierta dosis humorística, no terminan de fluir adecuadamente, pues todo aparece desmembrado, con más ocurrencias que emociones profundas, muy lejos de la literatura apasionante del Edipo de Sófocles como de la poética propia del muy atractivo historial del mundo taurino. Todos los elementos puestos en juego aparecen como objetos sin comunicación profunda con su creador: bosquejos de ideas, tal vez suma de proyectos de un espectáculo que no llega a consolidarse.

La decepción no se hace esperar: a poco de empezar este Proyecto Edipo ya sugiere que la búsqueda será incómoda (los actores portan unos tubos de luz blanca muy molestos visualmente; gritan mucho, como si temieran que en la gran sala no se les escuche). La acción comienza en una España donde se persigue con saña todo atisbo taurino. En la férrea prohibición institucional un grupo de psiquiatras desquiciados dan la pauta de una serie de convencionalismos de los que la producción nunca se separa del todo.

Hay instituciones encargadas de perseguir todo atisbo a favor de la Fiesta, y de corregir las adicciones al respecto con los clásicos métodos antiadicción, es decir, lograr por acciones violentas que el adicto termine asqueado sobre lo que tanto ama. Aquí el mundo de los toros, el torear, por parte de Jacinto hijo de Jacinta. Este ritual es de lo mejor del espectáculo con desnudos integrales de tres actores que hacen de ganado al que se despieza para provocar dolor y repugnancia en quien sigue queriendo ser torero.

Sin embargo, en casi dos horas de espectáculo, ninguna de las historias tiene suficiente peso ni volumen dramático: como texto es pobre, sin auténtico crecimiento, despertando un interés muy artificial frente al que nada pueden hacer los estupendos intérpretes abocados al grito o la sobreactuación injustificada. Del amplio reparto, la madre posesiva (Alba Loureiro) y la psicóloga enamorada  (Carol Verano) son los personajes mejor delineados, de manera que las actrices consiguen sacarle muy buen partido, mientras que David DeGea y Asier Iturriaga se esfuerzan con eficacia para dar energía a personajes importantes con un desarrollo muy plano. Luce el psiquiatra de Javier Martín, dentro de unas características arquetípicas, que llega a tener voz y color propios.

Al empezar la función, Edipo Torero practica el arte del capote completamente desnudo en bella imagen con atractivo juego de luces; así lo hacía Belmonte, uno de los grandes que, dicho sea de paso, tiene película de 1995, muy recomendable, una práctica que implicaba al personaje desde muy joven en una trayectoria de libertad ligada a una voluptuosidad que le acompañó siempre hasta la vejez (ver artículo en El día de Córdoba). Por parte de Edipo, hay escenas que recuerdan la versión de Pier Paolo Pasolini, Edipo Rey de 1967.

Es este Proyecto Edipo de Gabriel Olivares un experimento muy elaborado con serias limitaciones. Un espectáculo creado por rigurosos trabajadores del teatro a quienes he aplaudido con entusiasmo en otras obras (Our Tawn, Gros Indecency, Ding Dong), así como al propio Olivares dirigiendo comedias ajenas (Mi primera vez, Una semana nada más, El reencuentro), de manera que el bagaje existe y las promesas de triunfos futuros siguen latentes.

Sólo recomendable para los amantes de las versiones libres y los experimentos teatrales. quienes seguramente disfrutarán con la dedicación plena de los intérpretes. 

 

Espectáculo recomendado para mayores de 14 años

Texto – Gabriel Olivares (Inspirado libremente en Edipo Rey de Sófocles)
Producen – TeatroLab Madrid y El Reló Producciones
Dirección – Gabriel Olivares

Jacinto y Edipo Torero – David DeGea
Jacinta – Carol Verano
Edipo – Asier Iturriaga
Teresa – Alba Loureiro
Sacerdote – Abraham Arenas
Creonte – Guillermo Sanjuán 
Anciano y Doctor Márquez – Javier Martín
Criada – Montse Rangel

Voz en off – David García Palencia

Ayudantes de dirección – Ángel Escalada
Producción – Gaspar Soria
Escenografía y vestuario – Felype de Lima
Iluminación – Carlos Alzueta
Espacio sonoro – Ricardo Rey
Fotografía y diseño gráfico – Javier Biosca Hawork
Asesor Taurino – Chemi Moreno
Asesores de movimiento escénico – Andrés Acevedo
Ayudantes de escenografía y vestuario – Marta Guedán Mario Pinilla
Construcción decorado – Artefacto
Construcción vestuario – Gabriel Besa
Ambientación – María Calderón
Fotos Ensayo y audiovisuales – Nacho Peña
Dirección vocal – Yolanda Ulloa
Distribución – Iñaki Díez

TEATRO FERNÁN GÓMEZ. Del 13 de septiembre al 7 de octubre 2018.

Encuentros  con el público (al término de cada función):  20 de septiembre y 4 de octubre.
Función Matinal 
(incluyen coloquios con artistas). 2 de octubre. 11 horas Reserva previa y Más Info AQUÍ
Talleres de artes escénicas. Laboratorio de Creación de audiencias Impartido por Gabriel Olivares los días 25, 26 de septiembre, 2 y 4 de octubre (De 17 a 19h). MÁS INFO.

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