“Otelo a juicio”: vivisección de un mito

Por Ana Riera

 Otelo a juicio, la nueva obra de Ramón Paso, que estos días puede verse en la sala Jardiel Poncela del Centro Cultural de la Villa Fernán Gómez, parte del clásico shakesperiano, tal y como se adivina por su título. Pero el autor, dándole una vuelta de tuerca al mito inmortal, nos presenta una interesante propuesta. La premisa de la que parte es aparentemente sencilla: ¿Qué pasaría si Otelo, tras estrangular a su amada Desdémona empujado por los celos y la inseguridad, acudiera al bufete de una abogada actual para ser juzgado? ¿Podría tener un juicio justo? ¿Conseguiría escapar a temas como el machismo, el racismo o la violencia de género, tan presentes en nuestra sociedad?

En la obra, Otelo, que interpreta con gran acierto Francisco Rojas, acaba atrapado entre tres mujeres y sus decisiones: Desdémona, su esposa, que opta por quererle hasta el final, incluso cuando intuye su fatal destino; Silvia Rodríguez, la abogada a la que acude, que busca el reconocimiento de la sociedad en general y de sus homónimos masculinos en particular; y Cristina, la gris secretaria cuyas nobles convicciones acaban siendo desplazadas por su secreta ambición. Interesante triángulo femenino que irá determinando el curso de los acontecimientos de principio a fin. Tres mujeres con destinos separados que se empeñan en vivir su cruzada en solitario, sin tener en cuenta la experiencia y las vivencias de las otras dos. Tal vez deberían sentarse a hablar sin prisas para poder comprenderse mejor y así salir enriquecidas.

Un diálogo que no está en la función de Ramón Paso, sino en la imaginación de esta cronista, que salió del teatro muy bien acompañada por personajes inolvidables:

–Oye Desde, ¿te importa que te llame así? Es que Desdémona es muy largo.

–No, está bien.

–¿A ti no te habría gustado ser dueña de tu destino?

–¿A qué te refieres…?

–Silvia, Silvia Rodríguez.  Pues a si no te habría gustado poder decidir, saltarse las convenciones y hacer lo que le diera la gana.

–Pero es que eso es justo lo que hice. Decidí casarme con un moro, a pesar de la oposición de mi querido padre. Unir mi destino al de mi amado Otelo, acompañarle en sus batallas. Creo sinceramente que fui bastante osada.

–Ya, sí. Pero yo me refiero a ser independiente, a no depender de ningún hombre ni de sus sentimientos. A no depender ni de su padre ni de Otelo. A ser una mujer realmente libre. Está claro que tenía agallas para ello.

–¿Y qué significa ser una mujer realmente libre? ¿Ser libre no significa poder elegir? Yo elegí, aposté por aquello que realmente quería sin importarme nada más.

–¡Pero acabó muerta! Quiero decir…

–Los humanos no podemos jugar a ser dioses, no somos dueños de nuestro destino. El hombre es vil y envidioso por naturaleza. Eso fue lo que truncó mi camino.

Silvia echa para atrás la cabeza y suspira. No quiere reconocerlo, pero la serenidad que proyectan los ojos de su interlocutora la pone nerviosa. Tiene delante a una mujer hermosa, dulce y gentil, a la que un hombre arrebató la vida. Querría verla irritada, decepcionada. Le entran ganas de zarandearla, para que se rebele ante actitudes tan machistas, ante esa muestra de violencia de género.

–¿Sabes?, es que estoy harta de que los hombres usen su poder para vejarnos, para ser amos de nuestras vidas. Por desgracia sé bien lo que es entregarse a un hombre y que luego te falle. No solo que te falle, sino que además se regodee y te deje claro que él es el que manda y que tu vida está en sus manos. Lo pequeña que te sientes entonces, lo vacía. Lo mucho que puedes llegar a odiarte por haber caído en la trampa.

–No acabo de entender a qué te refieres. Yo jamás he sentido algo así.

–Ya, venimos de realidades muy distintas. Pero aun así… no sé, ¿qué viste en él, Desde? ¿Qué fue eso tan fuerte que te llevó a seguir amándolo incluso cuando te estaba asesinando?

–¡Había vivido tantas aventuras! Yo llevaba una vida regalada y aburrida, y pensar en todos esos mundos, en todas esas experiencias, inflamaba mi pecho y me hacía sentir compasión por él, deseos de cuidarle y de acompañarle. El corazón es caprichoso y el mío decidió unirse a él para siempre.

–¿Pero no te arrepientes ahora que sabes cuál fue tu destino?

–No.

–Pues no lo entiendo.

–Cuando se ama de verdad, en cuerpo y alma, no hay resquicio para la duda. Solo convencimiento absoluto. Prefiero haber muerto joven habiendo vivido ese amor, que morir de vieja sin haberlo experimentado.

Entra Cristina con una bandeja.

–Aquí está su manzanilla. Espero que esté a su gusto. Y café para ti.

–¿Cristina, tú serías capaz de amar a un hombre capaz de matarte por celos?

–¿Yo?

–Sí, tú.

–No. No creo en la violencia de género, no creo en ningún tipo de violencia, en realidad. Nadie tiene derecho a apropiarse de la vida de otro ser humano.

–Ya veo.

–¿Qué quieres decir con “ya veo”? ¿Acaso tú serías capaz de amar a alguien así?

–Bueno, supongo que dependería del hombre en cuestión, y de lo enamorada que estuviera, y de lo inexperta e inocente que fuera.

–Cualquiera diría que te ha ocurrido.

–En parte entiendo a Desdémona. Ella creía en lo que hacía, estaba convencida. Solo que salió mal porque no era el hombre adecuado.

–Creía que eras feminista.

–Bueno, claro que me parece mal que la matara. Pero creo que el verdadero culpable fue Yago y su sed de venganza. Otelo solo es culpable de ser un ser inseguro e influenciable poco docto en temas amorosos. Pero Yago sabía muy bien lo que hacía desde el primer momento.

–No estoy de acuerdo. Por muy bobo que seas, siempre tienes la posibilidad de escoger.

–Quizás tengas razón. Además, debo confesar que hoy por hoy me parecería mucho más atractivo un hombre como Yago, alguien con las cosas claras y dispuesto a luchar hasta el final por lo que quiere.

–Será que tú también eres así. Capaz de pasar por encima de quien sea con tal de conseguir lo que deseas.

–Mira, bonita, nadie me ha regalado nada, así que no le debo nada a nadie. ¿No será que estás celosa porque yo soy tu jefa?

–No es nada de eso.

–¿Estás segura? ¿Qué opinas, Desde?

–Bueno, está claro que en mis tiempos las cosas eran muy distintas para las mujeres. Me fascina ver que tiene su propio despacho, que ha podido estudiar en la universidad. En fin, que viva sola, sin un hombre.  Pero les oigo hablar y tengo la sensación de que a pesar de todo lo que han ganado, han perdido algunas cosas por el camino.

–¿A qué se refiere?

–No sabría decirlo con exactitud. Es más bien una sensación. No sé, es como si… como si se pareciesen mucho más a ellos, a los hombres, sí, pero no necesariamente para bien.

No sabemos si es esto lo que habrían hablado, así que deberemos conformarnos con lo que nos cuentan en la obra. Desdémona (la dulce Inés Kerzan), tan grácil incluso al morirse; Silvia (la camaleónica Ana Azorín), tan inteligente pero a la vez contenida para sobrevivir en un mundo de hombres; Cristina (una Ángela Peirat mucho más comedida de lo habitual), que camufla su ambición tras sus aparentes ideales; Rodrigo y Brabancio (Felipe Andrés, qué bien cambia al registro de hombre mayor cuando es el padre), ambos incapaces de comprender a una mujer como Desdémona; Casio (Jordi Millán, qué bien se emborracha), demasiado inocente para los ardides de su tiempo; Yago (Jorge Machín, qué atractivo resulta a pesar de su mal corazón), que consigue salirse con la suya pero perdiendo el alma en el camino; y Otelo (Francisco Rojas, qué fuerza le da a su personaje, cómo consigue incluso despertar cierta compasión) que descubre que tampoco en nuestra época podría escapar a su desgracia y decide una vez más ser amo y señor de su destino.

Jorge Machín, Inés Kerzan, Jordi Millán, Ana Azorín, Felipe Andrés, Ángela Peirat, Francisco Rojas, excelentes intérpretes de una obra escrita a partes iguales por William Shakespeare y Ramón Paso.

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También en CULTURAMAS:

Pasado y presente de un hombre que lo pierde todo

William Shakespeare y Ramón Paso se marcan un memorable paso a dos

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Original de Ramón Paso, sobre el texto de William Shakespeare

Traducción de Sandra Pedraz Decker

Dirección: RAMÓN PASO

Otelo                              FRANCISCO ROJAS
Silvia / Emilia              ANA AZORÍN/ALICIA TOMÉ (los días 20, 21, 22 y 28 de septiembre; 5 y 6 de octubre)
Yago                               JORGE MACHÍN
Desdémona                  INÉS KERZAN
Cristina                         ÁNGELA PEIRAT
Rodrigo / Brabancio  FELIPE ANDRÉS (Los días 13 y 14 de septiembre, PEDRO GIRÓN)
Casio / Partidario       JORDI MILLÁN

 

Producción ejecutiva: PASOAZORÍN TEATRO
Iluminación: PILAR VELASCO
Vestuario: INÉS KERZAN, ÁNGELA PEIRAT
Realización de vestuario: SOL CURIEL
Jefa de producción: INÉS KERZAN
Ayudante de producción: SANDRA PEDRAZ DECKER
Maestro de armas: RAMÓN PASO
Jefa de prensa: MARÍA DÍAZ
Diseño gráfico: ANA AZORÍN
Fotografía: LUCÍA LERA
Vídeo: VÍCTOR PEROLIO, RAMÓN PASO
Ayudantes de dirección: BLANCA AZORÍN, DANIEL SAN MIGUEL

Teatro Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa. Del 11 de septiembre al 14 de octubre 2018

Encuentros  con el público (al término de cada función):  27 de septiembre y 11 de octubre.

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Una respuesta a “Otelo a juicio”: vivisección de un mito

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