Handke y España

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Peter Handke y España

Cecilia Dreymüller (autor/a)

ALIANZA EDITORIAL

En la obra de Peter Handke los paisajes y la literatura de España tienen una presencia como en ningún otro escritor de rango universal. Handke refleja una España (real e imaginada) contemporánea y atemporal, donde la historia palpita en el paisaje de sus tierras y ciudades, y donde el visitante que explora sus espacios en largas caminatas encuentra, lejos de idealizaciones y tópicos, “una vida terrenal indevastable”. Esta España se presenta en una selección de pasajes de los libros del autor austriaco que se completa con una serie de entrevistas a Handke y su traductor Eustaquio Barjau. Al mismo tiempo se pretende dar una primera idea del eco intelectual que ha causado la obra de Handke en España, mediante textos de Enrique Vila-Matas, Juan Villoro, Ray Loriga, José Luis Pardo, Miguel Morey, Ignacio Vidal-Folch y Félix Romeo. La presente antología se publica a raíz del otorgamiento del “Doctor honoris causa” a Peter Handke en mayo de 2017 por la Universidad de Alcalá de Henares que distingue los “servicios eminentes prestados a la cultura pública”

Bajo la supervisión y el criterio de Cecilia Dreymüller, el libro ‘Handke y España’ (Alianza Editorial) presenta una selección de fragmentos de los títulos en los que el autor austriaco ha plasmado su visión del país español —como en “Ensayo sobre el jukebox” o “Los hermosos días de Aranjuez” (obra teatral), por citar algunos aquí—, que se completan con entrevistas a Handkey a su traductor Eustaquio Barjau. Al mismo tiempo se pretende dar una idea del eco intelectual que ha causado la obra de Handke en España, a través de textos de Enrique Vila-Matas, Juan Villoro, Ray Loriga, José Luis Pardo, Miguel Morey, Ignacio Vidal-Folch y Félix Romeo.

La fascinación por España:

“Es porque el paisaje es tan vacío. Allí uno se puede imaginar historias. Hay una energía, no sé, erótica. Es un país con espacios enormes donde no hay nada, donde piensas: si alguien viniera por aquí, pasaría algo, estaríamos abiertos el uno al otro. Tal vez es esto. Luego también porque soy un lector de San Juan de la Cruz y Teresa de Ávila, que he leído palabra por palabra en castellano, y de fray Luis de León, el sucesor de Horacio.”

La España actual:

“Los españoles ahora son europeos, casi demasiado. Puede sonar cínico, pero opino que ciertas fronteras entre los países no están mal. Para que no se vuelva todo igual, para que uno no pueda estar en todas partes como si nada. Las ciudades españolas, sobre todo las pequeñas, siguen conservando su singularidad.”

La mirada interior:

“Mi problema es que soy una persona orientada más bien hacia dentro. De ahí que quisiera sacar las energías hacia fuera, que, por supuesto, primero tienen que estar dentro. Solo lo que anida en lo hondo puede salir fuera: las imágenes que uno saca de lo más profundo provocan el ritmo más hermoso.”

El viaje:

“Siempre hay cosas que contemplar si uno viaja con los ojos bien abiertos, nunca se siente solo. Lo que hay de música, de cuadros, de literatura en los países extranjeros y que toca descifrar –si uno sabe hacerlo– permite estar constantemente en diálogo.”

La intervención occidental contra Serbia en la Guerra de Yugoslavia:

“Se inicia una guerra para deshacerse de un supuesto dictador y entonces se asesina a más de mil personas y se dice que son daños colaterales. Lo más abyecto que oí es que se decía que una de las metas de la guerra era sencillamente desmoralizar a la gente, no destruir, no vencer, sino desmoralizar al pueblo. Lo consiguieron, desde luego.”

El escritor:

Me parece horrorosa la manera en que se comportan hoy los escritores. Todos se han vuelto tan oficiales, se comportan como dignatarios, como cardenales. Eso nunca le debe pasar a un escritor. Constantemente dan entrevistas, ahora están en Irak, después en Sarajevo o en Perú. Están en todas partes y por doquier tienen que escribir artículos para los periódicos. Ya no tengo ninguna confianza en esa gente. El escritor debe vivir secretamente. Aunque yo también he tenido una época, cuando tenía alrededor de los cuarenta, en la que los amigos me llamaron irónicamente ‘el escritor nacional austriaco’. Había una lista de unos treinta escritores de todo el mundo, entre ellos varios permios Nobel, a los que se dirigieron invariablemente todas las peticiones para que firmasen o levantasen su voz a favor de Cuba o se pronunciasen sobre Irak, y esto va cada vez de mal en peor. No puede ser. El escritor debe ser un niño, un ser confuso, un buscador.”

Fuente:  Librújula

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