‘Aquellos miércoles’, de César Mundaca

Aguas mansas, aguas gélidas.

Cloro que baña los cuerpos adolescentes.

Gritos eufóricos, chapuzones por doquier,

competencia tras competencia,

pero no para mí.

Para mí, el pánico,

que paraliza mis pulsaciones.

Para mí, la incomprensión,

expresada en hirientes carcajadas.

Para mí, la crueldad ajena,

que precipita mi ahogo.

No hay lugar para la algarabía,

sino para la melancolía.

No hay lugar para la aventura,

sino para la amargura.

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