Diógenes de Sinope el “cínico”: filosofía helenística

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por Kika Sureda

Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes el Cínico o el del tonel, fue un filósofo griego perteneciente a la escuela cínica (ca.412/403-ca. 324/321 a. C.). Nació en Sinope, en el mar Negro y murió en Corinto. No legó ningún escrito, conocemos sus palabras a través de Diógenes Laercio, gran historiador. Le dedicó una amplia sección en su obra Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres. Diógenes Laercio conserva la esencia de la doctrina de este filósofo.

En las tradiciones antiguas se produjo una distorsión general alrededor del cinismo, algunos lo llaman “perrunería”. Éstas se han multiplicado en el caso de Diógenes, el cual provocaba extremos de admiración, antipatía, aversión e incluso invención imaginativa.

Fue exiliado de su ciudad natal, Sinope, acusado junto a su padre que era banquero, de haber falsificado monedas. Pasó el resto de su vida en Atenas y Corinto, donde finalmente falleció. Algunas de las historias que circulan sobre él podrían ser inventadas, unos autores defienden su veracidad y otros su inventiva, como por ejemplo: su captura por los piratas, la consulta del oráculo de Delfos, y su condición de discípulo seguidor de Sócrates y Antístenes. Su forma de vivir era como mínimo peculiar y original. Vivía como un vagabundo en las calles atenienses e hizo de la pobreza una virtud. Los elementos escogidos para su forma de vida, eran principalmente griegos: la creencia de que la sabiduría era cuestión de acción más que de pensamiento; el principio de que se tiene que vivir en consonancia con la naturaleza más que con la ley; la tradición, tal vez más acusada debido al gran desencanto que había en ese momento por la polis, de promulgar conceptos de constituciones ideales y sociedad; una tradición de desvergüenza abanderada por la figura del perro en la literatura y por algunas costumbres de otros pueblos extranjeros; rechazo a lo socrático; la tradición de la mendicidad, representada tanto en la vida como en la literatura; la vida de ascetismo y pobreza; la tradición del hombre sabio o santo que promete a los conversos la salvación y la felicidad, así como las tradiciones humorísticas. Lejos de los lujos de la sociedad estableció su vivienda en una tinaja, más parecida a la vida del hombre primitivo o de un animal. Cubría su cuerpo con un burdo manto, un zurrón y un báculo; y obtenía el sustento de la tierra y de la acción de la mendicidad. Hacía sus necesidades fisiológicas en público y pretendía ser un nómada armonizando con la naturaleza. Rechazaba la vida civilizada y todas las formas de educación y cultura, tachándolas como irrelevantes y perjudiciales para la vida ideal. A partir de sus ideas atacó a todo lo que rodeaba la institución ciudadana, el engranaje social: matrimonio, familia, política, ciudad, etc. Sus grandes dotes retóricas dejaron anécdotas para la historia.

Diógenes estaba siempre rodeado de perros, su comportamiento era como el de un perro y hacía alabanzas a las virtudes de los canes. De ahí proviene la palabra cínico. Los orígenes de los cínicos se remonta en primer lugar a donde su maestro Antístenes, fundó la escuela en el gimnasio y santuario de Cinosargo, palabra que proviene el griego kyon argos (perro ágil). En segundo lugar, puede remontarse al comportamiento de ambos filósofos, parecido al de los perros. Así la gente los llamaba kynikos. Su falta de vergüenza y forma de vivir en libertad con continuos ataques a las tradiciones establecidas socialmente,  la forma impúdica de hablar y de actuar hicieron que se ganaran ese apodo.

Entre sus anécdotas más famosas cuentan que apareció una mañana por las calles de Atenas con un candil: “Busco a un hombre honrado que ni con el candil puedo encontrar”.

Se cuenta que fue con un esclavo a Atenas, Manes se llamaba. Éste lo abandonó y con el humor que le caracterizaba dijo “Si Manes puede vivir sin Diógenes, ¿por qué Diógenes no va a poder vivir sin Manes?”

Alejandro Magno visitó Atenas y allí supo de la existencia y sabiduría de Diógenes. Quiso conocerle. Al acercarse a su tinaja, estaba Diógenes absorto en sus pensamientos tomando el sol. Alejandro Magno se puso frente a él y dijo: “Soy Alejandro”, a lo que respondió Diógenes: “Y yo Diógenes el perro”. Nadie hubiera osado hablar así al rey. Fascinado por el carácter de Diógenes le dijo: “Pídeme lo que quieras”, por lo que, sin inmutarse Diógenes, le contestó: “Quítate de donde estas que me tapas el sol”.

Las reacciones antiguas y modernas a la doctrina de Diógenes van desde el reconocimiento de su ingenio a la admiración por su integridad, la negación de su relevancia filosófica, el rechazo de la desvergüenza, la aversión por la amenaza que suponía para los valores sociales y políticos convencionales, y los vanos intentos de convertirlo en una figura respetable.

Murió en Corinto, según dicen, el mismo día que Alejandro y no estableció ningún sistema de filosofía.

 

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